Por lo que entiendo de la frase que sigue, los celtas ya practicaron el surf hace muchos siglos, milenios.

Ahí va la frase:
“Para nosotros, los celtas, la vida significaba movimiento y dinamismo y por ello no había alternativa posible: descartada la opción de quedarse quieto, so pena de ser destruido por el incesante oleaje de la existencia, lo único que quedaba por hacer era cabalgar sobre éste”. La he encontrado, claro, en internet. Sin internet, me la hubiera perdido, como tantas cosas.

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Es broma, pero que sea también un homenaje a un pueblo con el que me identifico, y que sobrevivió al exterminio de aquellos que habían llegado más tarde a la civilización y eran más fuertes y por tanto, más agresivos. Tuvieron que “refugiarse” en las esquinas de Europa (Finisterre, Bretaña, Gales, Escocia, Eyre), y ahí, pegados al mar, se cruzaron una y mil veces, utilizaron las armas (sic) de la lírica y lo mágico, y tal vez alguna poción igualmente mágica, para profundizar sobre sus raíces, y por tanto, su agricultura, sus formas productivas ya sedentarias, que les dieron alas y demografía y sobre todo, una cultura que evitó básicamente el enfrentamiento y encontró en formas sutiles y altamente eficaces, como la retranca gallega, su plataforma de supervivencia. Sinceramente, hasta ahora no me había dado cuenta de que también habían inventado el surf y quizás el windsurf.

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Todo esto me lleva a un pensamiento: la importancia que tienen las formas productivas en el desarrollo de las sociedades, como ya decía acertadamente Carlos Marx. “Llegar” a la agricultura, sobre todo a la intensiva, es un reto que por desgracia todavía pocos pueblos han conseguido. Y esos pueblos “sin tierra” (sic) siguen siendo poderosos y dominantes, y sin duda, no han sabido “domesticar” su agresividad, y sobre todo, hacer posible espacios humanos más equilibrados y al tiempo dinámicos, y donde las discriminaciones por sexo, por raza o por religión sean excepciones que persigue la ley y sobre todo, la cultura y la costumbre sociales. La agricultura “da mucho juego”, y confiere una dinamicidad menos obligada a la dominación y la guerra. Estoy bastante seguro, no del todo, claro. No digo más. Prefiero que otros me complementen o me discutan.

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