En mi libro: “Innovación y Gestión del Conocimiento” escribía en el capítulo primero:

Todo empieza por lo que llamo un “modelo de progreso” o de innovación. El fundamento último y primero de la innovación está en el binomio escasez-necesidad, pero no solamente, porque sino siempre y cuando hubiese necesidad y/o escasez ya habría condiciones para el progreso -y eso no tiene que ser necesariamente cierto-. Esta tesis también se puede formular en negativo diciendo que hay que evitar la abundancia.

La abundancia, el éxito, no acompaña la dinámica innovadora, aunque es una de sus posibles consecuencias. El tío Gilito -¿recuerdan el personaje del pato Donald?- está preocupado por conservar y cuidar su “capital” y hacer más, pero sin riesgo. Sólo invertirá si le ofrecen lo “suficiente” -normalmente, bastante-: “dinero llama a dinero”. El éxito nos hace conservadores, si es que no lo éramos antes -puede ser que el éxito lo hayan tenido nuestros ancestros y no nosotros-.

Volvamos al comienzo: la escasez favorece la superación; la escasez y la necesidad pueden ser retos para la búsqueda y para la acción reparadora, aunque la mayoría de las veces sólo son factores que deprimen a los que los padecen. Pueden ser, pero no siempre son: no nos confundamos. La necesidad actúa como un acicate para salvar los obstáculos. La extrema necesidad, normalmente deprime y descalifica; la necesidad amplia puede ser un estímulo para superarse o un pozo sin salida, dependerá de nosotros mismos.
Por otra parte, la escasez es lo que caracteriza el entorno en que vivimos: casi podíamos decir que es lo natural, es lo socialmente aceptado: se tiende a la escasez hasta por razones de termodinámica. Todo es escaso o lo hacemos escaso: somos insaciables en nuestras necesidades, y más si actuamos como colectividad, como masa. Parece que nadie puede poner coto a nuestras necesidades. La escasez es un reto continuo del ser humano. Malthus pensaba algo similar hace casi doscientos años. El problema es hoy más acentuado, aunque muchos no nos queramos enterar. La entropía, la tercera ley de la termodinámica: ¿por qué teníamos que ser distintos los seres humanos?.

La escasez está en la esencia de nuestras vidas y quizás esto nos obliga a que siempre queramos y tengamos que crecer, que busquemos insaciablemente aumentar el PIB, que necesitemos acumular sin descanso, que necesitemos consumir más y más, que nuestro ser nunca esté realmente contento, y lo está menos, paradójicamente, según disponemos de más. Probablemente, la escasez es un estímulo, sin duda, primitivo, poco desarrollado, casi compulsivo, pero induce muchas fuerzas internas y nos da impulso para enfrentarnos a la necesidad. En cualquier caso, es una palanca potente para proyectarse, aunque no siempre se consiga hacerlo. La posición de escasez significa en el mercado que las empresas tienen competencia; es decir, no tienen asegurado el mercado, sino que tienen que seguir ganándoselo todos los días y no sólo defenderlo.

La competencia es un estímulo para la superación a partir de la escasez que conlleva. Casi lo contrario sería la abundancia de un monopolio de cara al mercado: su idea básica preconsciente será conservar…… “su poder” y/o “explotar” su poder, normalmente conserva y explota. En lo esencial, un monopolio no innova o no busca innovación: la pregunta sería para qué … la necesita. Es probable que fomente publicidad, imagen y diseño, pero más difícilmente la innovación. Lo superficial predominará sobre lo significativo, en lo que hace referencias a posibles cambios.

Si es posible que el monopolio de “algo” pueda invertir y hacer innovación o hasta apoyarla en otros algos, pero en el original sólo se mantendrá al día, sin muchos mayores esfuerzos, y defenderá su posición, con uñas y dientes, ante los intrusos. La escasez, la posición de competencia, es muy destructiva8, pero es potencialmente innovadora. A la abundancia aspiramos todos, pero cuando se produce nos consolida, aumenta nuestros miedos y reduce nuestro potencial de aventura y de riesgo.

En abundancia tendemos a “tíos Gilitos”. Siempre me acaba sorprendiendo la extracción social de los empresarios9: en primera generación, es realmente baja. La escasez les ha incentivado; entre los muchos posibles, sólo algunos han llegado. El empresario de primera generación es básicamente productivo o comercial; el de segunda generación es organizativo o financiero; al final, todos son poder y finanzas, si subsisten a la tercera generación, que no es probable.

El empresario auténtico alcanza muy pronto una madurez fundamentada en el sentido común: esto le induce a “ver” lo que otros no ven, a buscar donde otros no lo hacen, y sobre todo, a tener unos “sentidos” muy acuciados por la necesidad y la escasez. Esto les hace estar más “listo” y más concentrado en lograr lo que se propone: evitar a toda costa el regreso. Y hasta aquí la primera aproximación a la variable escasez-necesidad. A partir de aquí hablaremos del sentido común o del sentido en general (estratégico, visión global, ….).

Porque ahí es donde delimito el segundo motor del progreso: el sentido, el proyecto, el sentirse parte de un todo, … aquello que te da pertenencia a una idea o que te compromete o que te impulsa (véase cuadro 1). Yo, siguiendo sólo formalmente a Winnicott, le llamo “holding”: espacio de pertenencia donde uno se encuentra a gusto y puede potenciar su acción y multiplicarla.

La escasez no es más que la condición necesaria para la innovación; sólo si es acompañada de una “idea”, de un sentido, del sentido común, de un proyecto, de una estrategia, … pero ha de ser algo que realmente contribuya a que uno sienta que está buscando un horizonte determinado y que le ayude a orientar sus esfuerzos. En los extremos, puede ser la ambición de “salir del hoyo” o puede ser la necesidad de hacer el bien por los demás. Este referente que nos da pertenencia no siempre es el mismo a lo largo de nuestra existencia, pero existen parámetros comunes, como si fuera lenguajes comunes que lo construyen, sobre pautas relativamente coherentes. Muchas veces, el sentido es preconsciente o inconsciente, pero a través del discurso y de los hechos se puede inferir. En el fondo, el horizonte o sentido de las cosas para las personas también lo son para las empresas o instituciones, aunque aquí son grupos y colectivos donde antes había individuos.

La escasez, por un lado, que hace posible la superación y el riesgo; y el sentido, por otro, crean las condiciones de un desarrollo armónico, de un desarrollo integrado, del ser humano o de las empresas e instituciones. Y ese desarrollo da lugar a procesos y fórmulas innovadoras, porque hay tanto que mejorar que nos indignamos constantemente de algunas de las cosas y formas de cómo vivimos.

Y la indignación ante la injusticia también es un resorte.

Y ya tenemos las dos grandes matrices de la innovación: escasez-necesidad y sentido. Si no los hubiera, habría que inventarlos. Es decir, tenemos que aprender a generar espacios de innovación1, espacios que contengan escasez-necesidad y sentido-proyecto, pero para ello hemos de comprender más profundamente las raíces de la innovación. No es fácil representar en un gráfico lo que hemos dicho, pero yo hace años que utilizo uno muy simplificado, que es el que les voy a presentar a continuación.

Me entenderán si les digo que esto es un modelo y que nos tiene que servir para orientar nuestros propósitos, y no para aprenderlo y aplicarlo como si fuese un estribillo de una canción. Es preciso pensar y aplicar flexiblemente lo que aquí se está diciendo y está claro que tiene una multitud de variaciones2, algunas todavía no descubiertas.

Puede ser una especie de guía para cuando me pierdo. Si reflexionase sobre lo que me está faltando: ¿Sé adónde quiero ir? ¿Qué es lo que me impulsa? ¿Huyo de la realidad? ¿los problemas se me hacen rascacielos insalvables o …. no tengo problemas? ¿Estoy preocupado sólo por ganar dinero? ¿Me interesa lo que hago? son preguntas que espontáneamente se me han ocurrido, pero uds. pueden hacerse otras muchas y sobre todo, reflexionar, hacer consciente, lo que están haciendo.

Esto se puede aplicar a una persona, a una empresa, a una institución, a una asociación, al estado o a sus organismos, ….. .

¿Tienen un proyecto que motive y que integre y confiera pertenencia a su gente? o

¿Explotan al cliente y a su gente?. ¿Les importan los otros, los clientes, realmente? ¿Trabajan para ganar dinero o para haciendo bien las cosas obtener una recompensa merecida?

¿Analizan lo que necesitan sus clientes, sus proveedores y sus empleados o sólo lo que quieren los accionistas? ¿Qué horizonte quieren o desean para los suyos o para su empresa? ? ¿Son horizontes coherentes entre sí? ¿Por quién hacen las cosas y para qué?

¿Les gusta lo que están haciendo, se sienten vinculados a su producto, o saben de sus defectos y prefieren seguir porque su posición es ya ventajosa? ¿Tienen interés en mejorar, en cambiar, en buscar nuevas alternativas?

Muchas son las preguntas, pero sinceramente tendría que encontrarme en su lugar, para hacer en este momento, la pregunta adecuada. Sólo son propuestas abiertas o al menos eso pretendo.

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