21 comentarios en «Inglés»

  1. MULATA…

    Ya yo em enteré, mulata,
    mulata, ya sé que dise
    que yo tengo la narise
    como nudo de cobbata.

    Y fíjate bien que tú
    no ere tan adelantá,
    poqque tu boca é bien grande,
    y tu pasa, colorá.

    Tanto tren con tu cueppo,
    tanto tren;
    tanto tren con tu boca,
    tanto tren;
    tanto tren con tu sojo,
    tanto tren.

    Si tú supiera, mulata,
    la veddá:
    que yo con mi negra tengo,
    y no te quiero pa ná!

  2. Me contó una vez un amigo, que una señora del sur de andalucía, que era parienta suya, decía: “un inglé que era francé”. De lo que se desprende la interrelación entre idiomas y culturas. Me lo ha recordado el son de Nicolás Guillén.

  3. Siempre que tengo ocasión recomiendo a mis alumnos y jóvenes en general que se apliquen en el inglés ….. ahora también y pensando en el futuro, habría que ir pensando en estudiar chino mandarín. Pero tal vez eso sea importante en la próxima generación.

    Llevo tiempo pensando que no aprenden inglés “los que no ven a los otros”. Lo que es evidente es que hay que cuidar la propia lengua, pero saber qué se necesita para andar por el mundo, y el mundo también somos nosotros. Y el inglés, por haber sido el último imperio y luego proseguido por la dominación USamericana, es el idioma, el idioma universal, igual que el dolar es el referente de los intercambios, aunque existan otras monedas, pero al final las cosas se venden y compran en dólares.

  4. Nicolás Guillén es uno de los referentes de la Cuba renovada: ha predicho la revolución y la ha acompañado en su vida. Es reconocido, y lo fué también en vida, llegando a ser presidente de la asociación de artistas cubanos. Hay poema que todos los años leo a mis alumnos, y que siempre me hace reflexionar: “Cuando yo vine a este mundo”. Ahí va:

    Cuando yo vine a este mundo,
    nadie me estaba esperando;
    así mi dolor profundo
    se me alivia caminando,
    pues cuando vine a este mundo,
    te digo,
    nadie me estaba esperando.

    Miro a los hombres nacer,
    miro a los hombres pasar;
    hay que andar,
    hay que mirar para ver,
    hay que andar.

    Otros lloran, yo me río,
    porque la risa es salud:
    Lanza de mi poderío,
    coraza de mi virtud.
    Otros lloran, yo me río,
    porque la risa es salud.

    Camino sobre mis pies,
    sin muletas ni bastón,
    y mi voz entera es
    la voz entera del son.
    Camino sobre mis pies,
    sin muletas ni bastón.

    Con el alma en carne viva,
    abajo, sueño y trabajo;
    ya estará el de abajo arriba
    cuando el de arriba esté abajo.
    Con el alma en carne viva,
    abajo, sueño y trabajo.

    Hay gentes que no me quieren,
    porque muy humilde soy;
    ya verán cómo se mueren
    y que hasta a su entierro voy,
    con eso y que no me quieren
    porque muy humilde soy.

    Miro a los hombres nacer,
    miro a los hombres pasar;
    hay que andar,
    hay que vivir para ver,
    hay que andar.

    Cuando yo vine a este mundo,
    te digo,
    nadie me estaba esperando;
    así mi dolor profundo,
    te digo,
    se me alivia caminando,
    te digo,
    pues cuando vine a este mundo,
    te digo,
    ¡nadie me estaba esperando!

    Nicolás Guillén, 1947

  5. Hay muchas razones por las que me identifico con el poema de Guillén, y puedo sentir el son según lo voy recitando en mi interior. Y no es que yo haya sido precisamente un huérfano, sino porque finalmente esa es una sensación que todos tendríamos, tal vez, de vivir para darnos cuenta “de lo que vale un peine”, de lo que es la vida para muchos que no han tenido la misma suerte que nosotros.

    Y eso otro de “así mi dolor profundo se me alivia caminando” … porque hay que seguir, “hay que andar, hay que mirar para ver ….”.

  6. Y aquél otro son: “La vida empieza a correr”, que dice:

    La vida empieza a correr…
    La vida empieza a correr
    de un manantial, como un río;
    a veces, el cauce sube,
    a veces, el cauce sube,
    y otras se queda vacío.

    Del manantial que brotó
    para darte vida a ti,
    ay, ni una gota quedó
    para mí:
    la tierra se lo bebió.

    Aunque tú digas que no,
    el mundo sabe que sí,
    que ni una gota quedó
    del manantial que brotó
    para darte vida a ti.

  7. O aquél otro (“La tarde pidiendo amor”):

    La tarde pidiendo amor.
    Aire frío, cielo gris.
    Muerto sol.
    La tarde pidiendo amor.

    Pienso en sus ojos cerrados,
    la tarde pidiendo amor,
    y en sus rodillas sin sangre,
    la tarde pidiendo amor,
    y en sus manos de uñas verdes,
    y en su frente sin color,
    y en su garganta sellada. . .
    La tarde pidiendo amor,
    la tarde pidiendo amor,
    la tarde pidiendo amor.

  8. O ya por último y para no cansar, aquél otro tal vez más triste o tal vez más intenso y vital, según se mire: “Iba yo por un camino”

    Iba yo por un camino,
    cuando con la Muerte di.
    “¡Amigo!”, gritó la Muerte,
    pero no le respondí;
    miré no más a la Muerte,
    pero no le respondí.

    Llevaba yo un lirio blanco,
    cuando con la Muerte di.
    Me pidió el lirio la Muerte,
    pero no le respondí,
    pero no le respondí;
    miré no más a la Muerte,
    pero no le respondí.

    Ay, Muerte,
    si otra vez volviera a verte,
    iba a platicar contigo
    como un amigo:
    mi lirio, sobre tu pecho,
    como un amigo;
    mi beso, sobre tu mano,
    como un amigo;
    yo, detenido y sonriente,
    como un amigo.

  9. Aunque había declarado que sería el último, no me puedo resistir a reproducir “El negro mar”:

    La noche morada sueña
    sobre el mar;
    la voz de los pescadores
    mojada en el mar;
    sale la luna chorreando
    del mar.

    El negro mar.

    Por entre la noche un son
    desemboca en la bahía;
    por entre la noche un son.
    Los barcos lo ven pasar,
    por entre la noche un son,
    encendiendo el agua fría.
    Por entre la noche un son,
    por entre la noche un son,
    por entre la noche un son. . .

    El negro mar.

    -Ay, mi mulata de oro fino,
    ay, mi mulata
    de oro y plata,
    con su amapola y su azahar,
    al pie del mar hambriento y masculino,
    al pie del mar.

  10. Y esto, ¿que tiene que ver con la innovación? Pues en mi opinión y en el fondo, mucho. Sobre todo, el ritmo, el ritmo, la música bien compuesta que dice Confucio como placer beneficioso, el ritmo, lo que nos falta es ritmo, y cuando decimos ritmo no queremos decir correr, ni atropellarse (“teño presa de ter presa”), sino conocer el ritmo, saber marcarlo, jugar con el ritmo y con el movimiento, saber a que momento corresponde cada ritmo. El son es un ritmo candencioso, “suavón”, pero la salsa o la cumbia o el merengue pueden ser hasta extremadamente acelerados. He observado en los últimos tiempos que se ponen de moda en estos ritmos formas más aceleradas. Supongo que están en consonancia con la sociedad en la que vivimos, en que la música no puede ser lo que tiene que ser, ritmo y serena. Yo prefiero un ritmo menor, pero más en correspondencia con nuestra realidad interior y de las relaciones.

  11. La innovación pide ritmos según los momentos. Al principio, el ritmo tiene que ser más pausado, para poco a poco ir acelerándose, pero no demasiado. Es como si empezásemos con un “ma non troppo” y hiciéramos posteriormente un largo con cierta cadencia; más tarde, tenemos que evitar que la exponencialidad que va exigiendo espontáneamente la realidad se haga práctica, tendremos que saber como retenerla para que no se exceda y cuando las cosas se desacerelen, buscar ritmos que no acaben con la música nunca, y mucho menos que escapemos hacia la locura tecnológica o hacia el regreso al pasado.

  12. Los ciclos están en nosotros, y convienen a nuestro ser. De vez en cuando hay que saber descansar, sin sufrir demasiado por el descanso. El capitalismo exige unos ritmos excesivos, acelerados, apresurados, plenamente psicóticos, que destrozan nuestras vidas. Por eso, en el fondo, se vive tan bien cuando se para, cuando está en depresión ….. sólo queda la angustia de si podremos seguir, pero seguiremos …. y por lo menos no tenemos que sentirnos obligados a llevar un ritmo que no nos conviene.

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