“La virtud de conocerse a sí mismo es la potencia de todas las demás virtudes” afirma Ranciére luego de reproducir a Jaquotot sobre la facultad de comunicar como esencial, placer y pena, esperanza y temor, conmoción recíproca:

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“Si los hombres no tuvieran esta facultad, una facultad igual en todos, de conmoverse, de enternecerse recíprocamente, se convertirían muy rápido en extraños unos respecto de otros; se dispersarían al azar por el planeta y las sociedades se disolverían ….. El ejercicio de esa potencia es a la vez el más dulce yde todos nuestros placeres y la más imperiosa de todas nuestras necesidades”

Ser hombre es buscar continuamente, es sentir en uno y en los otros, es reencontrarse y volver a buscarse, es orientarse a un conocimiento de sí mismo, principio para conocer un poco al otro, y saber situarnos en su lugar ….. Ser hombre es también ser inteligente y compartir una actitud respecto a una inteligencia igual y que “nos lleva a ayudarnos mutuamente y a amarnos los unos a los otros”

Estoy leyendo un libro que me regaló María José González Cainzos, de Tucumán, ahora cuando estuve en su tierra, un libro muy interesante, de un autor que al principio no reconocía, pero luego lo reencontré en mi historia …. habla sobre Joseph Jaquotot y se titula: “El maestro ignorante”. Estoy disfrutando con su lectura ….. tal vez porque también me siento así …. como un maestro ignorante ….. que hace que fluyan y se desarrollen las ideas en mi entorno, sin saber demasiado o casi nada sobre lo que brota en esos espacios de conocimiento e innovación.

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