“Londres es la ciudad a la que va la gente a fin de regresar de ella más triste y más sabia”. No creo que sea Londres especialmente. Uno va a la ciudad a eso, y si vive en una gran ciudad casi siempre muestra directa o indirectamente -y con breves momentos excepcionales, que confirman la regla- una especie de tristeza que da el toque de saber estar o saber ser o saber saber.

Y eso es así tal vez porque las ciudades están realmente vacías, sólo llenas de imaginarios, de una especie de incultura social que pasa por ser cultura. El campo si que es culto, lo es porque es culto-sabio-y-práctico, todo al mismo tiempo. Y es complejo, y nos asusta, precisamente por eso, por su complejidad. La ciudad en cambio es simple, como si sólo tuviese una cara, y la gente que la habita son especialistas de medio pelo, que sólo hemos llegado a eso, porque no servíamos para comprender, para saber hacer, para hacer sabiendo, para vivir la complejidad y el caos de la vida.

Las ciudades, y cuando más grandes, más, son unas grandes simplificaciones. A la gente le parece extraordinario saber conducir, pero todo el mundo aprende fácilmente a conducir, y al final, se hace casi sin pensar, es un mero automatismo. Las ciudades no tienen cosmos, no pueden mirar la complejidad del universo, no pueden sentir la inquietud de lo complejo, no quieren ni verlo: se han parado a pensar lo poco que saben los de la ciudad de las estrellas y de las galaxias? Como no haya salido recientemente un programa en la televisión, no tienen ni idea. Les dices: triángulo del verano o hexágono del invierno, y se quedan pasmarotes: ?mande? !que dices, chalao, de que hablas!. Desde luego, no les preguntes por Sirius o por la elíptica. Las ciudades tapan la complejidad. Lo más complejo que viven son los socavones y el tráfico, aglomeraciones idiotas, que las hay más cuando hay menos coches ….. es curioso -eso al menos ocurre en Madrid, donde se les ocurre poner la ciudad patas arriba todos los veranos- …. La gente de la ciudad, y más de la gran ciudad, añora no tener raíces, no sentirlas. Cuanto más grande es la ciudad menos referencias tiene, como mucho las de su barrio, y el barrio no es la ciudad, sólo es una parte, una parte minúscula, por muy significativo que sea ese barrio en esa ciudad. Tampoco han desarrollado costumbres, ni saben conservarlas y perfeccionarlas. Son lugares que parecen apropiados para dormir, y poco más.

Los niños no pueden jugar libremente, tienen que ir a unos parques que se repiten sin cesar, todos iguales, o casi. Los niños no pueden jugar al futbol, ni darle patadas a un balón en la calle, sino que han de ponerse camisetas del equipo del que normalmente sea el padre, engalanarse con mil y una chorradas, y luego, no dan ni una, porque no pueden vivir, pobres, tendrían que ser genios para destacar cuando tienen tan poco espacio.

Los adultos creen tener muchas cosas a su alrededor, pero al final solo van a algunas o a bien pocas, es cuando son turistas cuando van a los espectáculos de la que no es su ciudad. Pasados los veinticinco años, la mayoría no sale del ámbito de su familia o de sus amigos, y bastante tienen con eso. Excepcionalmente, van a un cine o al teatro. ?Leer? tampoco es una costumbre demasiado arraigada, no hay tiempo, todo es prisa, y se lee corriendo, como queriendo conocer el resultado sin haber sentido los pasos o los procesos. Y …. como dice Amis, van para regresar más tristes y supuestamente más sabios. En realidad, la ciudad es para los que no son sus habitantes, sino sus visitantes, aunque lo cierto es que cada vez más las ciudades son un calco unas de otras, al menos en el aspecto comercial, donde son los mismos monopolios, sin siquiera otras caras. Y en realidad, ?se puede hacer algo más importante en una ciudad que ir de compras para decir que has estado en ……?

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Un comentario en «Londres»

  1. Tengo que aclarar que Londres ha sido para mí un gran descubrimiento y creo que he llegado a conocerla bastante bien. Siempre tiene algo para llevarte, para recordar, para imitar. Es cierto que te hace algo sabio y de vez en cuando añoras regresar. Es difícil que no te sorprenda.

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