Me gusta hablar de ….. lo poco conocido

Encuentro mucho más motivación en escribir sobre lo poco conocido, o lo tergiversadamente -en mi opinión- conocido. La cultura es un todo, y cualquiera podría preguntarme porqué no escribo sobre las culturas clásicas europeas o sobre los ricos mundos latinos o de nuestros ascendientes africanos o del mundo árabe. La respuesta es sencilla: son mejor conocidos. No es que no se pueda seguir hablando, pero está al alcance de cualquiera que quiera entender y leer. Aún así, y para que no se me acuse de «polarizado» y «estrambótico», diré algo sobre el mundo clásico.

Fui a Grecia por primera vez, y con gran ilusión, ya hace unos buenos años. Iba a navegar, me parece que eran unos diez días o así, y los últimos los dedicábamos a Atenas y también tuvimos ocasión de ver el maravilloso anfiteatro de Epidauro, asi como el recinto amurallado de la ciudad de Monemvassia, al sur del Peloponeso. Del aeropuerto fuimos directamente al puerto de embarque, no recuerdo su nombre. Y embarcamos, compramos víveres, empezamos a conocer a nuestros compañeros de viaje, otras seis personas, que parecían emparejadas. Dos de ellas eran pareja, pero había otros dos jóvenes y dos chicas, de unas edades entre 27-28 y 36 años o así. Iban sin emparejar, aunque venían juntos chicos y chicas. Todos procedían de Aragón o Catalunya, y creo recordar que todos vivían en Barcelona, menos un chico que vivía en Madrid y me parece que trabajaba en algo relacionado con el transporte o los viajes. Total, cuatro catalanes, una aragonesa, dos madrileños y un gallego, que era yo. Lo cuento porque me gustaría acordarme de sus nombres, porque fue uno de los viajes más agradables, alegres y simpáticos que recuerdo. El capitán era un auténtico capitán, con una buena barba, con autoritas, y un buen mozo, un griego de los que uno espera encontrar después de lo que ha leído sobre Grecia. Recuerdo que estaba casado con una chica más joven. La mayoría de las veces nos comunicábamos en inglés, porque por supuesto no conocía ni castellano ni catalán ni gallego que eran los idiomas representados en el barco. El barco era un doce metros magnífico. Había cuatro camarotes y nos tocó, por sorteo el de proa, el más aproado, lo cual también fue una suerte. Era la primera vez, menos para uno y el capitán, que embarcábamos para hacer una larga travesía por las costas del Peloponeso. Pero a lo que iba, y que es lo que me interesa recordar, mis impresiones sobre Grecia.

Grecia se me presentó desde el primer momento como un mar, como una humanidad de hombres de mar, buenos marineros, buenos capitanes, conocedores de los mares, o al menos, de sus mares. Recuerdo las cartas de navegación de allí. Había, por aquél tiempo, manejado algunas en España para sacar adelante el título de patrón de yate, y había viajado alrededor de Ibiza, y nunca había visto cartas con los detalles que había en aquellas. No es que yo entendiera griego, pero si sabía ver las imágenes, y las imágenes mostraban cosas que yo nunca había visto, como por ejemplo, paisajes que significaban tormentas o borrascas o bonanza: una nube de un cierto tipo en torno a una montaña significaba ………. (no me acuerdo, pero es lo mismo, estaban en las cartas marinas, y eso significaba que los que te llevaban conocían bien el terreno que navegaban y los colindantes, como para advertir de peligros o de precauciones que había que tomar a partir de los paisajes dominantes). Le preguntaba cosas al capitán y sabía enseñarme lo que significaba todo aquello. Me pareció, como diría mi compatriota Manquinha, «muy profesional». Es decir, mi primera impresión fue el mar. Todo sonaba, olía o gustaba a mar.

La segunda gran impresión era navegar por aquellos parajes, llenos de historia, de islas, de montañas, ……. El Peloponeso es especial, es un gran macizo montañoso, donde habitaban, entre otros, el pueblo espartano, y desde que ví sus montañas adentradas en el mar, pensé que claro, los habitantes no podían ser muy diferentes de lo que nos ha llegado de los espartanos. Difícil vivir en esos parajes, con valles acentuados, profundos y con poca tierra cultivable, con montañas que acaban casi excavando en la mar, y con una baja accesibilidad al mismo. Me imaginaba el interior del Peloponeso como una sucesión de pequeños valles entre altas montañas, todas mirando hacia el sudeste y clavándose en los mares. Una región dura de pelar, que haría «duros» a sus seres, y que permitía más desarrollar ganadería que agricultura.

La tercera impresión que saqué fue el gran tránsito marítimo, y de grandes buques, inmensos cargueros y petroleros, que se cruzaban con nosotros y que «provocaban» con el desplazamiento de sus cargas, grandes olas de las que teníamos que estar alerta, pues teníamos que abordarlas de frente. Recuerdo que perdí una gorra que llevaba para protegerme del sol. Se fue al mar en una de esas alertas. Había muchos muchos barcos, muchísimos. Era un país lleno de vida marítima. Poco a poco fuí descubriendo que muchos de los buques eran cargueros o de pasajeros que rondaban entre las islas del Egeo y hasta Creta y otras islas griegas, pero cercanas a la costa turca. Los que más me impresionaron eran los que llevaban agua a las islas, en grandes cisternas. Los barcos iban casi totalmente hundidos por la carga, y desplazaban una gran cantidad de agua, en forma de olas, a grandes distancias.

La cuarta impresión fue la comida, ¡qué rica!, y dentro de ella, los estofados, ¡qué estofados!. Singulares. Luego me dijeron que era una tradición que habían traído los siglos de dominación turca, y cuando tuve ocasión de ir a Estambul me dí cuenta de que tenían razón los que me informaron, al menos la tenían de que los estofados turcos eran también o más maravillosos, si cabe. Y esa característica tan mediterranea, como la sardana, de comer todos con muchos platos en la mesa, y metiendo el tenedor en cada uno de ellos. Los pequeños platos de entrada eran además, excelentes. Además, pronto fuimos descubriendo pequeños puertecitos, donde no había mucho más que uno o dos restaurantes, con buena comida todos, y que sabían recibirte y cobrarte una cantidad razonable, siempre con una sonrisa en los labios.

La quinta impresión fue el idioma. El idioma era más ronco, más grave todavía que el castellano, y por tanto, daba una sensación muy masculina, hasta de enfado -lo mismo que dicen muchos latinoamericanos de nosotros cuando hablamos, que creen que estamos enfadados, cuando es así como hablamos-, pero al tiempo, muy autoritaria. Recuerdo la primera vez que atracamos, cerca de Epidauro, creo que era Paleas, nuestro capitán se dió cuenta de que no había sitios de atraque directos, sino que tenía que abarloarse a otro barco. Los «intercambios» verbales entre nuestro capitán y el del barco abarloado, nos dieron a todos la impresión de que estaban discutiendo. Sin embargo, no era así, pues momentos después de hacer la maniobra, el capitán nos pidió dos cervezas, una para él y otra para el capitán del otro barco, que compartieron con brindis.
Y para terminar un poco, una sexta impresión -habría otras muchas, pero tampoco es para escribir una novela-: la sensación de que el arte helénico estaba como descuidado, no porque los monumentos estuvieran en gran parte deteriorados o destruidos parcialmente por el tiempo, sino por lo que podíamos llamar la invasión de la nueva sociedad. Una iglesia ortodoxa de mil años aislada en medio de edificaciones feas y modernas, rodeada totalmente, …… Yo esperaba más de Grecia, más historia, pero por desgracia, entiendo que también para los griegos, les queda poco, poco. Cuando tuve ocasión de rondar por Sicilia, comprobé con gran satisfacción que Sicilia si que era un lugar para admirar el arte helénico. Me resultó curioso que Atenas no tuviese más allá de dos días de visita, y de hecho fuese obligatorio entrar o salir por allí y hasta dormir, pero la gente no tenía gran interés en quedarse más tiempo. Cosas de nuestras simplonas civilizaciones. Esta misma impresión también la he tenido varias veces en Santiago, sobre todo, cuando mi hotel está fuera del casco viejo. También éste está como aislado, como rodeado de simples y horribles edificaciones. La sensación de Grecia es que «no era mi Grecia», sino que habían pasado varias apisonadoras por el territorio, todos los ignorantes que la habían destrozado y mi idea y mi esperanza quedó en gran parte hecha añicos, por la cruda realidad.

Esto último me ha hecho pensar en su momento y ahora otra vez, que las grandes civilizaciones siempre son las más perjudicadas por la dominación y la explotación de las civilizaciones menos avanzadas y bárbaras. Estaba pensando ahora en Irak, ubicación geográfica de los pueblos mesopotámicos que tanto han aportado a la civilización y hasta se considera «cuna de la humanidad y de las civilizaciones», ahora en gran medida arrasada -una vez más- por el «nuevo rico», por el imperio dominante actual, pero antes fueron otros. Hititas, persas, semitas, macedónicos, ….. y otros muchos, destruyeron una buena parte del patrimonio extraordinario que contenía su «entre ríos». Envidia, ignorancia, ambición, y otros muchos «pecados» mueven a los pueblos más atrasados humanamente a destruir lo construido poco a poco y con gran esfuerzo por pueblos que son nuestros referentes. El caso de Grecia también parece singular.

En todo caso, lo que quería contar es como me motiva lo poco conocido, y como me gusta resaltarlo, tal vez porque yo soy el primer sorprendido por esas cuestiones, sobre todo, si estás significan un referente para seguir, para avanzar, para continuar nuestra ruta escabrosa hacia la libertad, a partir de compartir nuestras experiencias. Por eso, he escrito o sencillamente reproducido aspectos de culturas menos conocidas en nuestros lares y no me he parado tanto en las clásicas, porque para decir malamente lo que ya podemos saber por otras fuentes más eruditas, no vale la pena. Además, esas fuentes ya construidas y organizadas aportan en sí mismas una referencia patrimonial clara, por lo que la gran mayoría no las pone en duda. Sin embargo, cuando encontramos «apoyos» en situaciones menos conocidas producen un mayor impacto en los oyentes o participantes y una mayor necesidad de dudar de lo establecido o de reconstruir su pensamiento.

Para que tenga certeza de que se me ha comprendido, pongo un ejemplo, Portugal. España «no ve» a Portugal, tal vez como ocurre con nuestros vecinos franceses con nosotros. El «no ve» lleva a un ostracismo y una negación de un vecino que está ahí y que cuando lo pongo como ejemplo en mis clases de algunas cosas que hacen muy bien -que son muchas-, o al menos, mejor que nosotros, la gente se sorprende, se impacta, siente que tiene que revisarse, porque eso «no es lo que esperaban oir». Y sin embargo, Portugal es un buen ejemplo de muchas cosas. De cómo ha cuidado sus tradiciones, entre ellas su artesanía. De cómo están de organizados en tantas cosas, haciendo de la burocracia no sólo algo inútil y costoso, sino a veces viéndose la utilidad de lo que se hace y propone, del tremendo respeto por sus bosques -que poco a poco y con grandes dificultades vamos consiguiendo nosotros-, de su percepción de los mares, de su carácter comercial y de intercambio, ….. en fin, habría muchas cosas en Portugal, aparte de Porto y Lisboa, en que fijarse, en qué quedarse para comprender la riqueza y diferenciación de sus formas culturales en relación con las dominantes en nosotros. Portugal es un buen ejemplo del tipo de cosas que me gusta hablar, de lo poco conocido, de lo desconocido, de lo que no se quiere ver, de lo que no se quiere compartir ………

Total, que disfruto hablando o escribiendo sobre lo que nos es menos presente y conocido.

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Más ….. más …… y más …..Para desarrollar un espacio de innovación SE NECESITA MÁS:- más DIVERSIDAD (pensar globalmente, culturalmente, holísticamente ….. y menos “pensamiento único” o teoría para todo y para todos)Para pensar en diversidad es preciso generar unas condiciones favorables de interrelación entre los actores. Se tienen que romper muchas barreras, muchas de ellas invisibles y/o inconscientes que nos acompañan en lo cotidiano y a las que nos hemos acostumbrado tanto, que hasta cuando parece que podemos liberarnos de esas barreras, ponemos pegas y hasta nos enfadamos cuando nos conducen por esos arrabales. No hay barrera que se caiga sola, es preciso ayudarla actitudinal y físicamente. En este caso, existen unas costumbres o modus operandi, por lo que a la gran mayoría nos han metido en unos rediles donde la uniformidad –igual que la verdad o hasta la jerarquía, se dan por leyes globales y nos acompañan en nuestro quehacer-. Menos mal que el tiempo de aprender casi siempre coincide con la juventud y en ella hay algo que nos lleva a mostrarnos o ser distintos de nuestros mayores, porque si no contásemos con esa cuestión a favor, sería más difícil aún entrar en la diversidad. Pero como todo, las murallas se han de ir deteriorando, pero no eliminándolas del todo, porque si así fuese pudiera ser que no pudiéramos resistir el cambio. La diversidad se acepta mejor para otros o para animales o para cosas inanimadas, y la apreciamos, pero no es tan fácil aceptar la diversidad en la verdad, la inestabilidad de lo que sabemos, su provisionalidad, la riqueza de las opciones o de los acercamientos a cada fenómeno, la no-linealidad en lugar de cualquier semejanza con lo mecánico y/o seguro-automático. Abordar a diversidad surge del intercambio, del conocimiento de lo otro, de la superación de las verdades y dogmas, de la relativización de todo o casi todo. Caminar en la diversidad es caminar en la libertad. Para llegar a ese camino, se hace preciso conocer, pero sobre todo conocer al otro, conocer al diferente, al diverso, y comprenderlo, no sólo verlo, sino vivir con el/ellos/ellas, y por tanto, comprender con otros, rompiendo con el juego solitario y aislado del que busca la notoriedad aprendiendo solo, en su camino hacia la heroicidad. Si caminamos con otros, las cosas se ven diferentes, a no ser que aquellos con los que caminemos sean tan tan parecidos a nosotros que eviten de igual forma ver lo diferente. El grupo prepara el camino de la diversidad, siempre que el grupo no sea algo aglutinado y homogéneo, sino un todo interdependiente y diferente, o al menos, mínimamente diferente, tanto en cuanto sus objetivos como en sus medios, recursos y conocimientos. La búsqueda no se hace pensando en la diversidad, sino pensando y trabajando-investigando en conocer, en aprender, en investigar, en vivir. La vida no sólo es rica en consideraciones, sino que apreciándola llegamos a ver sus matices, su diversidad, su variedad, y alguien y siempre encontrará algo que nos sorprenderá y lo incorporaremos en el bagaje intelectual compartido en dónde llegaremos a movernos. Por otra parte, la diversidad y la identidad en los pueblos están muy cercanas. Precisamente la supuesta identidad nacionalista conduce a la dificultad de percibir la diversidad o verla siempre como maligna, como perseguible, y es una buena causa de conflictos y guerras. El etnocentrismo aparece de esta forma como la antítesis de la diversidad, y busca la homogeneidad y lo único, “lo verdadero”.Casi en cualquier caso, el conocimiento nos permite ir rompiendo las barreras de las formas únicas, verdaderas, etnocéntricas y homogéneas. Y especialmente el conocimiento que se forja a partir de un grupo, de ellos mismos. – más PRACTICIDAD-aplicabilidad (pensar para cambiar, no pensar sólo para saber, aunque nadie encuentre el sentido práctico de lo que “se sabe”)Construir o seguir ideologías es no sólo fácil e irreal, sino que puede y normalmente maneja a las masas y les evita pensar, sustituyendo su libertad y alienando socialmente. – más LIBERTAD, más autonomía, más autoaprendizaje, y menos institución (las instituciones en el mejor de los casos llevan de diez a veinte años de retraso sobre lo que es y lo que se sabe, en el sentido anterior)- más COMUNICACIÓN, en todos los sentidos, de abajo a arriba, de arriba a abajo, en horizontal -tal vez la más necesaria y menos utilizada-. Para ello se precisa más ESCUCHA, y mayor sentimiento de que el otro puede “siempre salvarnos”.- Más ACCIÓN, más pruebas, más experimentaciones, más espacios de acción, todos ellos interrelacionados (y menos darle vueltas a las cosas y seguir dándoles vueltas). Esto se aplica a la educación como a la empresa o a la sociedad.- Más INTERCOMUNICACIÓN, mayor interrelación, más ramales de lo mismo, y por tanto, más profundidad y menos superficialidad en todo, en las relaciones, en la interacción de los objetos, en todo. Es preciso cuidar asimismo los espacios físicos, porque condicionan de forma importante las relaciones entre personas. No es lo mismo un espacio enfrentado, como es el propio de los colegios y escuelas, a un espacio redondo, donde todos nos veamos las caras.- Más INVESTIGACIÓN, más búsqueda, más inquietud, más iniciativa, como contraposición a quedarnos sentados viendo o leyendo lo que otros hacen o encuentran.- Más amplitud e interrelación SOCIAL. Empresas, Estado o Educación se muestran demasiado encerrados en sí mismos y no en un espacio social y socializador más amplio. Abrir las aulas, extenderlas al exterior de los edificios, hacia la naturaleza, hacia nuestra vida y nuestra historia …. pasear, admirar lo nuestro, ver lo ajeno y también admirarlo. Integrarlo todo en un espacio complejo.- Más PASIÓN, más sentimiento, más enamoramiento de lo que podemos saber y lo que ya sabemos- Más INDUCIR, INVITAR, MOTIVAR A APRENDER y menos obligar a aprender. Tenemos que sentir el amor a aprender, y a aplicar, y que aplicando analizar lo que aprendemos y nos sirve de referencia para mejorar al paso siguiente.- Más PROYECTOS, más iniciativas, más emprendimientos, más riesgos y menos repetir lo mismo, hacer lo del año pasado. Nada es perfecto, sólo viene a serlo la necesidad de mejorar lo que ya se conoce.- más VARIEDAD en lo que se hace o lo que se aprende: ¡hay tantas cosas de las que podemos disfrutar!- más EXPERIENCIA, más vida, más sentirlo tú mismo, que vivir la vida que otros ya han experimentado y vivido. Cosas vivas para vivir.- Más MOTIVACIÓN-INTERÉS, y menos controles (y si los controles son “inevitables”, devolverlos corregidos y mostrando lo que no se ha aprendido bien o se puede mejorar). El control sólo amedrenta, pero ¿enseña? Vincularlo con “más libertad-autonomía”.- Más FLEXIBILIDAD y al tiempo, más PLANIFICACIÓN (flexible, por supuesto: la planificación si no se cumple ya ha cumplido su papel: dignificarnos como personas que quieren ir hacia allí y no hacia otro lado: saber adónde se quiere ir)Todo esto y más es lo que se puede conseguir en espacios de innovación, basados precisamente en aprender metodologías que conllevan el cambio hacia la libertad, la diversidad y transversalidad de conocimientos y personas, la intercomunicación y otros Para ello es preciso enfatizar en las potencialidades y competencias de los profesores, de los directores, de los coordinadores …… Pocas veces, todas o alguna de estas cuestiones no son debilidades estructurales y formativas de los mismos. Y casi siempre pueden mejorar mucho las cosas que hacen y cómo las hacen. Por tanto, todo lo escrito constituyen TENDENCIAS NECESARIAS PARA ENFOCAR, ORIENTAR Y ORGANIZAR LA INNOVACIÓN SOCIAL, la INNOVACIÓN ORGANIZATIVA, LA INNOVACIÓN EDUCATIVA Y TODO TIPO DE INNOVACIÓN. Hay otras, pero ya he hablado de muchas. En todo caso, si queréis ayudarme …. estaría encantado.De las Debilidades Estructurales y cómo convertirlas en ÁREAS DE MEJORA ESTRUCTURAL y OportunidadesDe cualquier forma, en mi criterio, son cuatro los puntos “débiles” o de mejora en que se podía aglutinar todo el problema:Más participación y consiguientemente, más grupo. Se precisa formarse en grupos y en su metodología para generar espacios de participación. No se aprende por “ciencia infusa”, sino trabajando intensamente, formándose en aquello que es la clave para participar, saber cooperar y trabajar en grupo. Hemos conseguido reformular una metodología grupal que permite a un profesor o a un director o a un coordinador en nueve pasos, nueve reuniones y un espacio virtual entre ellas, buscando la aplicabilidad, y con un apoyo asesor a sus proyectos docentes, empresariales o cooperativos, pueda ser un buen líder grupal y generar un espacio abierto de cooperación y participación en el aula, en los grupos, en la empresa o en las organizaciones del tercer sector. Por tanto, más participación implica más grupo y, consecuentemente, uno tiene que conocer en profundidad cómo puede facilitar la construcción de grupos, su desenvolvimiento y su materialización en aprendizajes o proyectos innovadores. Más acción, fomentar la acción y la practicidad de lo que se hace, el sentido real, de las cosas experimentadas. El aula suele estar muerta y mirándose al ombligo, encerrada en sí misma. Y lo mismo, la empresa o la organización comunitaria. Les falta acción. Claro que la acción siempre comporta mayor riesgo, sobre todo, de errores (“el que tiene boca, se equivoca”, el que hace y va a la realidad de la vida, aprende equivocándose, pero difícilmente no se equivoca, aunque luego lo sepa aprovechar para hacerlo mejor). La acción debe correr en paralelo, pero una milésima de segundo adelantada sobre la investigación: action-research es el mejor método para acercarnos a una acción que nos beneficie con su aprendizaje continuo, basado en gran medida en el error (que suele ser el buen aprendizaje), y a la vez nos permita saber que ocurre para que las cosas vayan como van, y en cierta medida, replantear continuamente la planificación de la acción y el problema saber verlo desde varias perspectivas. La acción es una asignatura pendiente de las aulas, y de las organizaciones empresariales o sociales y no digamos de la administración pública. Más internet, más virtual, menos tiempo de aula y más trabajo en la casa o donde sea, con sus compañeros o sólo, pero utilizando software y plataformas que realmente mejoren y amplíen las posibilidades y oportunidades del aprendizaje aportados por el mundo virtual. Para ello, se precisa mucha orientación, porque ni en la institución enseñanza, ni en la organización, se plasma más que los conocimientos de los individuos que en espacios de aprendizajes compartidos horizontalmente. El gap-hándicap de profesores y generalmente coordinadores respecto a sus alumnos o a sus colaboradores en el plano internet suele ser muy amplio, y eso les lleva a utilizar peor esos instrumentos y en términos relativos, y a tender a “encerrarse” en su poder, evitando el avance de su organización, sea la que sea. Para que obtengamos de internet lo que es posible, y es mucho, es preciso que experiencias y conocimientos de “los de abajo” sean las que lideren las aulas o las organizaciones, y siempre sabiendo que en la mayoría de los casos, internet o el mundo del software nos aportan un complemento extraordinario de lo que ya sabemos hacer, lo que permitirá aumentar nuestras posibilidades y mejorar ostensiblemente lo que aportamos. Más planificación, previsión, saber lo que queremos hacer y con qué ritmos. Nuestras plataformas docentes u organizativas han de estar planificadas, no para acertar –que también-, sino para saber en cada momento lo que hacemos y por qué lo hacemos. La cuestión de los ritmos es muy importante. Y los ritmos demasiado estresados fragmentan las posibilidades y hacen menos positivo el esfuerzo. Saber pensar en términos de ciclos, de ciclos de innovación, donde la presencia se sigue de la “ausencia” virtual, forjándose así una continuidad en el proceso; o que todo se organiza según las máximas de la metodología científica, sabiendo que no podemos esperar que todo tenga el mismo ritmo, sino que hay cosas que se pueden plantear en términos diarios o semanales o mensuales o trimestrales o anuales. Y eso, refinarlo. Los ritmos son como los latidos, importantísimos para que el organismo funcione mejor y con menos disfunciones. En estos tres meses ….¿Qué he aprendido estos 3 meses?Ya han pasado tres meses desde el inicio de curso. A lo largo del mismo tenemos distintos profesores con distintas maneras de impartir sus clases: unos centrados en la teoría, otros centrados en las prácticas y otros centrados en reflexiones y en la dinámica. ¿Cuál es la mejor manera de aprender?Los estudiantes no queremos estudiar, no queremos estar tardes y tardes estudiando teorías de memoria para que en cuanto pasemos el examen se nos olvide todo. Porque eso es lo que pasa, las cosas que se estudian mal y sin ganas se terminan olvidando con el tiempo. Tampoco queremos hacer trabajos interminables en los que no tienes tiempo para otras asignaturas. Entonces, ¿qué es lo que los estudiantes queremos? Queremos aprender, no memorizar.¿Cuál es la mejor manera de aprender? Participar y escuchar a otros. Cuáles son sus opiniones y discutir sobre ello. Descubrir por nosotros mismos, porque el maestro no es sino una herramienta para el aprendizaje, un guía que nos ayuda a seguir hacia delante, que nos da pautas. El verdadero poder de aprender reside en nosotros mismos.Una buena manera de aprender es mediante grupos. Gracias al trabajo en grupo podemos aprender no sólo sobre el tema que decidimos tratar, sino que aprendemos a escuchar al resto de los integrantes, aprendemos a organizarnos, a expresarnos, a conocer distintos puntos de vista, a llevar a cabo trabajos en conjunto, a trabajar con gente que tiene distintos objetivos y opiniones, a solucionar posibles problemas que surjan… Aprendemos a ver más allá de lo que pensamos, y eso en nuestra carrera considero que es muy importante. Publicado por sandrel

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