Me gusta hablar de lo poco conocido, o al menos, de lo menos reconocido. Tiene sus ventajas: lo diferente nos ayuda a comprender mejor lo que todavía nos queda por mejorar. Sin embargo, lo conocido si es conocido es porque “ya refuerza” nuestra forma de ver las cosas, porque nos fijamos en aquello que nos es familiar, y cuando viajamos y nos encontramos con alguien que habla nuestro idioma, inmediatamente nos sentimos como en casa, pero disfrutamos menos de la multiculturalidad de una gran metrópolí porque “no queremos entenderla” por diferente. Y sin dudar, se aprende de lo diferente, y del respeto a lo diferente.

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