Titulares – Innovación

Se ha abierto la veda del catastrofismo. Las noticias sobre la depresión económica fluyen y, parece que venden, que la gente las compra, o al menos, se las traga sin digerir. De pronto, hemos descubierto que todo va mal, todo. No está mal como repaso de aquello que hay que mejorar, pero no es la mejor fórmula para mejorar. “No por mucho madrugar, amanece más temprano”. Y nosotros hemos sido perezosos a la hora de querer conocer lo que nos pasaba.

Hace más de un año que se vislumbra lo que ahora se manifiesta hasta con excesiva rotundidad. Pero hace más de un año, nadie quería ver lo que se avecinaba, y por tanto, nadie se preparó para el entuerto. Hasta Zapatero se llevó de calle las elecciones con el cheque de 400 euros y otras propuestas sociales que buscaban “utilizar” el superavit presupuestario. No se pensó en términos de futuro, sino de coyuntura y de presente inmediato, un corto plazo para anteayer. Ningún regalo es finalmente bueno, entre otras cosas porque casi nunca nos gusta lo que nos regalan, y aún encima produce como cierta modorra, cansancio, como si algo terminara. En cualquier caso, en menos de unos meses “nos comimos” las reservas, el superavit, y ya estamos otra vez en periodo de endeudamiento, que será mayor del que ahora pensamos, porque estamos realmente mal acostumbrados.

Las cifras catastróficas se acumulan: reducciones importantísimas en las ventas de coches -¡qué bien para la salud ambiental!-, en las hipotecas y en las ventas de casas; aumentos muy significativos del paro; amplísimos y seguro que mal contabilizados, aumentos de precios, sobre todo de productos de primera necesidad; perspectivas nada favorables para los salarios reales; etc. Y cada vez que uno lee una nueva noticia, acentúa lo que ya sabía, lo hace peor. Mientras, el mundo del capital hace su agosto en países emergentes europeos o asiáticos o latinoamericanos, con los que parece que la crisis todavía no va, y que además, ya sabemos que cuando le va mal al mundo más desarrollado, los procesos de sustitución de importaciones y de autonomía de las economías emergentes tienden a acentuarse y por tanto, sus economías van “como la seda”, nunca mejor dicho. En la UE Rumanía tiene un ritmo de crecimiento superior al 8%, Eslovaquía por ahí, Polonia, Eslovenia y Lituania en torno al 6%. Estos crecimientos vienen muy apoyados por un boom de la construcción y de las infraestructuras basadas en los fondos europeos, donde empresas de la Europa “deprimida” hacen su agosto.

¿Qué vamos a hacer? Esa no es la pregunta. Primero hay que saber bien donde estamos, y ahí saldrán las claves de lo que se puede hacer y de las oportunidades de lo que tenemos. Pensemos, si puede ser junto con otros, analicemos lo que pasa y por qué, comprendamos, aprehendamos lo que ocurre. Ese es el punto de partida de la nueva situación, que no será buena, pero eso, digo yo, es positivo. Tendremos que esforzarnos más, preocuparnos más, focalizarnos más, dar valor a lo que lo tiene y no a cualquier chorrada, y saber conciliarnos con la naturaleza, con sus ritmos, y con nosotros mismos.

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