Innovación médica (vivencia urbana)

Hoy he estado de médicos. Por esta época siempre necesito una revisión como los coches, porque con el calor todo empieza a parecer que funciona peor. Este año además me he echado encima un par de kilitos y por otra parte, desde hace algo más de un año tengo un ruido continuo en mi cabeza -igual son las ideas que suenan, pero creo que no, se le llaman acúfenos- y hay momentos en que me parece que aumentan. En fin, endocrino y oftalmólogo. Dos modelos profesionales.

(Innovación)

Al primero, como era la primera vez que iba, le intentaba contar mis hipótesis al respecto de mi aumento de kilos, y siempre era replicado en antítesis por el galeno. Si decía blanco, me devolvía negro, y si decía gris, era de otra coloración su contestación. Me iba sintiendo no una persona responsable y madura, sino un mequetrefe que no sabía nada, que no tenía ninguna importancia, y que por supuesto, era un absoluto ignorante de lo que me pasaba. Yo creo que no quería ni saber los síntomas que tenía. Tenía las ideas muy claras, o creía tenerlas y no aceptaba más que la teoría ya aceptada ….. por él.

El segundo por el contrario, aparte el recibimiento afable, me fue re-explicando muchas de las cosas que sabía y otras que me había olvidado y otras nuevas de lo que me pasaba, y aunque el saber sobre los acúfenos es hipotético y con muchas posibles explicaciones, tuvo la amabilidad de irme explicando dichas hipótesis con cierto detalle, lo cual me daba un cierto confort en la relación con el galeno. Parecía que entre los dos podíamos encontrar una ruta de explicación, primero, y de solución después.

Dos formas de ser, dos médicos, dos maneras de tratar y relacionarse. Pero no sólo es eso: son la forma dominante y la emergente. La dominante, todavía, es: ya lo sabemos todo, y ud. que nos va a decir. Además, para qué voy a explicárselo, si no va a entender nada; la emergente es compartir lo que se sabe e intentar hacer al sufrido “enfermo” menos, al menos sabiendo lo que puede pasarle, pero sin exagerar.

El primero dijo que tener unos kilos de más “era una enfermedad”, ¿una enfermedad? Me recordó a aquél filósofo, cuyo primer libro me gustó tanto, que ganó el favor del público porque después de que psicólogos, médicos y psicoanalistas nos trataran como enfermos, que ellos tenían que curar, vino y dijo que en realidad teníamos problemas como también los habían tenido todo el mundo y entre ellos, los grandes filósofos y nos explicaba como esos grandes hombres habían intentado resolverlos. Marinoff, un tipo simpático, y seguro que con mucha clientela.

Aunque sea un formato dominante, no están los tiempos para que nos digan o nos oculten las verdades, sino para explicarnos las cosas, compartirlas y para intentar entre todos solventarlas, porque seguro, seguro, que una medicina no resuelve los problemas, sino nosotros mismos, cuando queremos o cuando tenemos ganas de hacerlo, que a veces, no vale la pena hacer el esfuerzo y es mejor dejarse querer, porque en el fondo, parece que los que nos quieren, nos quieren más cuando estamos enfermitos o podemos estarlo. No es una mala oportunidad, para dejarse querer.

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