“La idea básica es el inconformismo con las formas más tradicionales de docencia. El marco legal universitario no favorece especialmente la calidad de la docencia; ésta es poco valorada para el curriculum del profesor. Así como existen estímulos para la investigación, parece que la docencia es un “mal necesario”, algo que hay que hacer. A esta falta de valoración suficiente de la función docente se une la masificación en el aula , que lleva a una actitud bastante generalizada de conformismo y de insatisfacción: “no hay nada que hacer” es una forma de justificación defensiva ante la mejora en la calidad de la enseñanza que realmente puede ser considerada como una justificación sólida.

Un fenómeno análogo se manifiesta en el alumno que se va “aburriendo” de una cotidianeidad reiterada y ciertamente pasiva, al representar un rol que le exige “tomar apuntes y escuchar” y cada x meses tensionarse en forma de exámenes parciales o finales y ya está.

A estas cuestiones es preciso añadir algo que está en el trasfondo de todo esto -en mi humilde opinión- y es la poca importancia que se confiere en la enseñanza universitaria a la explicación consciente y la aplicación del método científico en el aula. Parece como sí el “cómo se hacen las cosas, cómo se investiga”, fuese algo mágico que parece que hay que ocultar a los iniciados, que aquí serían los alumnos .

Y, en último término, la cultura individualista y poco grupal en la que vivimos no favorece el desarrollo de redes de interconexión y de comunicación, “aislando” los conocimientos especializados, como si no tuviesen mucho que ver con los demás, como si el sistema científico no tuviese unas reglas y dinámicas comunes.

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Masificación, insatisfacción, poca evaluación, conformismo, justificaciones defensivas, método no suficientemente consciente, disociación docente-discente e individualismo son algunos de los puntos débiles de la enseñanza universitaria. Todas ellas aisladamente son razones suficientes para el cambio, o por lo menos para moverse en la dirección de un cambio en la enseñanza que reduzca la incidencia de esas variables”

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Un comentario en «Razones para un cambio»

  1. Inconformismo, casi diríamos, indignación, porque es preciso indignarse y parece que pocos están dispuestos a hacerlo. Es conveniente indignarse, porque la indignación es el principio del cambio, pero ……. es tan difícil hacerlo cuando es tan cómodo “que me quede como estoy”. Pues si, muchas veces es indignante porque parece imposible que personas que se les supone altamente responsables de su tarea, en gran medida vocacional, sean incapaces de ver aquello que es más elemental, aquello que nos llevaría a homologarnos con el mundo, pero …… todos son inconvenientes. Yo he llegado a pensar que los inconvenientes y límites que se ponen devienen de la vaguería que nos atribuía con gran tino Lucas Mallada, ¿seguirá siendo cierto? Somos un país pasivo, un país sin participación, porque la participación o “dar un paso al frente” es peligroso, porque todos están esperando para criticar lo que hacemos y en cuanto te desvías un poquito o eres mínimamente “incoherente”, cosa que es realmente fácil, se nos echan encima, y los que nunca habían aportado nada o casi nada, y que sólo disfrutan de privilegios no bien ganados, son los que más nos pueden destrozar a aquellos que nos arriesgamos a hacer cosas y tirar para adelante, porque alguien tiene que hacerlo, y porque además, nos gusta, nos gusta sobre todo porque nos permite sentirnos personas indignadas y proponer medios para reducir nuestra indignación patente y la de otros no tan patente.

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