Inmersos en el siglo XXI y ante la rapidez de los cambios (desarrollo tecnológico, globalización, avances en los mercados de capitales), el factor humano se ha convertido en una clara ventaja competitiva a desarrollar en toda organización. Es el factor activo que determina el éxito en el negocio.

Estamos ante una época de cambios vertiginosos y esto conlleva que la sociedad cambie cada vez más rápido. Por ello, se necesitan personas que sean capaces, no sólo de gestionar el sistema existente, sino que además puedan cambiarlo.

Los signos de una crisis de liderazgo a nivel político, social, económico e incluso religioso, son cada vez más alarmantes. No hay nada más que ver que tipo de noticias acaparan los medios de comunicación. La demagogia y la corrupción en nuestros líderes son la tónica dominante. Esto ha llevado a una falta de confianza en los mismos, no nos creemos lo que nos dicen. A esta situación se ha añadido la preparación más amplia y democrática de las personas, el liderazgo se distribuye, está al alcance de más personas, todos de forma proactiva podemos ejercer el liderazgo. Además, los conocimientos sobre la operatividad del grupo de trabajo nos permiten asociar y desarrollar la calidad de la intercomunicación como antesala del desarrollo de espacios de innovación y mayor competencia y conocimiento aplicados (Vease Roberto Carballo: “Innovación: Estructura, Método y Valores”).

El líder no nace, se hace. Frente a anteriores teorías sobre el liderazgo, actualmente se descarta la concepción del “líder natural”. El liderazgo carismático ya no tiene sentido (capítulos primero y quinto de R.Carballo: “Innovando en la Empresa”. Gestión 2000, 1999).

A partir de una definición del liderazgo como “la capacidad de influenciar en las personas que constituyen un sistema humano, para que se empeñen voluntariamente en el logro de una visión amplia y compartida”, el líder es producto de un proceso continuo de aprendizaje teniendo siempre presentes las siguientes capacidades:

– Visión de futuro. Los líderes son quienes saben hacia donde quieren ir y conocen el camino a seguir. Planifica que va a necesitar para conseguir su objetivo y conoce los obstáculos para llegar. Esta seguridad y confianza que tiene en el logro de sus objetivos, la transmite a las personas que le rodean. El común denominador en las empresas exitosas es un gran liderazgo con una visión bien definida.

– Saber motivar. La motivación no se consigue únicamente mediante un ingreso mensual en nuestras cuentas bancarias. El líder lo sabe y potencia a su gente. ¿Cómo? Les hace sentir bien acogidos, practica la escucha activa incentivando la iniciativa de sus colaboradores o les anima en su trabajo diario estando a su plena disposición. Actúa recompensando esfuerzos y resultados, fomentando el desarrollo profesional y personal. Además, reconoce expresamente el trabajo bien hecho, lo que motiva y a la vez da seguridad.

– Flexibilidad. El entorno es cambiante y debe saber adaptarse al mismo para poder reaccionar ante situaciones nuevas. Esto se consigue mediante un análisis sistemático del entorno. Se plantea cuestiones tales como ¿qué está sucediendo?, ¿cómo puede afectar esto a ni organización?, ¿cómo afecta a los que me rodean?

– Saber delegar. El líder no tiene que estar en todo ni saber de todo, los superhombres no existen. Debe saber delegar, sólo así generará confianza entre sus seguidores y un aumento del compromiso y la responsabilidad de los mismos. Siempre, claro está, con formación y disposición adecuada por parte de los colaboradores y el líder ejerciendo tareas de seguimiento y coordinación, esto no implica perder capacidad de mando. Confíe en su gente, ellos le recompensarán con el trabajo bien hecho, dejando el mando en manos de su gente es como se avanza.

– Saber trabajar en equipo. Más allá del “ordeno y mando”. El líder ha de saber gestionar equipos. Los subordinados necesitan implicarse en los proyectos y decisiones de la empresa, por lo que sus superiores deben hacerles partícipes, así como fomentar sus iniciativas. El trabajo en equipo es la prioridad, consigue seguidores voluntarios. Las empresas se plantean la necesidad de equipos para asegurar la consecución de sus resultados. La organización espera aumentar la productividad, disminuir costes o mejorar la calidad gracias a los equipos.

Otras muchas caracterizaciones se pueden hacer de los líderes, y en general, hay un consenso general en que un líder lo es en la medida en que logra conocerse a si mismo (hace años J.A.R.Piedrabuena publicó una serie de artículos en Capital Humano en que resaltaba precisamente este aspecto y lo ponía en primer término de las preocupaciones de cara a ser desarrolladas por un directivo). La consciencia de si mismo nos impulsa hacia el desarrollo de nuestra identidad, y esa integración es el fundamento de la proyección hacia la interdependencia con los demás (el modelo de Covey “Los 7 hábitos de la gente altamente eficiente” operativiza esta línea de pensamiento).

Los nuevos líderes tienen que personalizar la gestión del factor humano en la empresa y deben saber cubrir las necesidades de cada uno de sus colaboradores, flexibilizando la actividad ante los cambios que se producen en las organizaciones.

Un líder no necesita ser jefe, los líderes no siempre son las personas con mayor jerarquía dentro de las organizaciones.
Los altos mandos directivos deben fomentar sus cualidades de líderes. Entendemos que un buen directivo ha de ser líder porque su trabajo es liderar -dirigir- personas.

El directivo, además de gestor, ha de ser líder; y el trabajador ha de hacer su trabajo asumiendo mayor responsabilidad y siendo capaz de liderar no sólo su propia área de responsabilidad, sino compartiendo y promoviendo nuevas líneas de trabajo. Desarrollar su capacidad de liderazgo les servirá para obtener de sus colaboradores, el esfuerzo más intenso, el desarrollo de sus capacidades, la liberación de su creatividad y, en particular, la obtención de los resultados esperados.

El entorno cambiante en que vivimos hace necesario un líder que mantenga la calma, que nos guíe en el continuo cambio. El líder da sentido a nuestros esfuerzos, establece sinergias y nos permite sentirnos contribuyentes a la empresa.
Liderar es, en suma, conducir al destino deseado para la empresa, con satisfacción de los seguidores. El éxito del líder radica en el éxito de sus colaboradores.

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