En la primavera de 1992 me propuse materializar un libro sobre innovación y dirección. Llevaba ya casi diez años investigando y poniendo en práctica proyectos relacionados con la mejora del estilo directivo, había podido estudiar muchas de las interrelaciones que se planteaban y creía que podía ser un momento adecuado. En ese año, le dí un gran impulso y a finales de 1993 disponía de los cuatro primeros capítulos, pero me “evaporé” cuando llegué al quinto, que además, era el conclusivo, casi el principal, pues trataba de los estilos directivos. Mientras pude escribir sobre el estado de las cosas, sobre Calidad, sobre Proyecto, sobre Calidad y sobre Comunicación, las cosas fueron rodadas, estaba hablando de innovación organizativa y eso lo conocía bien y no tenía grandes dudas, pero cuando llegué a la gestión, a la gestión directiva empecé a dudar. Tenía muchos materiales escritos, había dado varias conferencias, había impartido muchas clases sobre el tema, pero no era lo que yo quería.

Se trataba de relacionar Innovación con Dirección, es decir, encontrar la “salida” a la innovación, allí donde normalmente encontraba las mayores trabas a su desarrollo: la dirección, como estructura de poder jerarquizado y filtrante, cuello de botella de la innovación en la empresa española, y quizás en otros sitios por lo que leía. Necesitaba mostrar la “pobreza” de la dirección, pero sobre todo, como superarla, como transformarla en comportamientos más acordes con la sociedad que se nos venía encima –y nunca más acertada la frase-.

Y tardé más de cinco años en resolver y atreverme yo mismo a ser innovador. Contemplé varias opciones, y todas eran excesivamente conservadoras o sencillamente críticas y sin salidas. Encontré una salida en 1998 y consistió en un capítulo dedicado a los “males reales” de los estilos directivos, a través de una investigación ya realizada, en el que se mostraban las formas de abordar cada mal y el conjunto. Y un epílogo me permitió mostrar el camino que era preciso andar para avanzar en un tema tan manido y al tiempo tan desconocido, como son los estilos directivos. Quedó bien, el libro pudo ser entregado en la imprenta, el editor “estropeó” el nombre y en vez de Innovación y Dirección, acabó imponiendo un gerundio inadmisible, pero que es el que ha visto la luz: “Innovando en la empresa” (Ediciones 2000, Barcelona, 1999).

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