El sistema capitalista está construido sobre la necesidad de seguir creciendo. De ninguna forma, puede dejar de hacerlo. Si lo hace, perece. Todo el tinglado de deudas privadas y públicas está sustentado en que en el futuro se vivirá mejor que ahora, que se tendrá un mejor trabajo o que se ganará más. Si eso no se cumple, sólo queda una salida, la morosidad, y la morosidad es la negación del sistema de crédito imprescindible para que el sistema adelante los ingresos y todos acaben viviendo muy por encima de sus posibilidades reales. Eso no se puede parar. Si se para, como ha ocurrido estos meses, las cosas se ponen pero que muy feas. Sólo queda como última salida la inflación, que lo que acaba significando es la expropiación de los ahorros de los que no han gastado o se han endeudado, sino que han dejado de gastar inmediatamente y pensando en un futuro más tranquilo, pero que ahora verán como sus ahorros desaparecen. Y por supuesto, la capacidad de compra de sus rentas también baja considerablemente. La inflación casi siempre tiene que ver con el exceso en el uso de la “máquina de hacer billetes”, cosa que el sistema financiero tiene centralizado prácticamente en un organismo cartel como es la Reserva Federal usamericana, un organismo privado con pinta y presencia de avales públicos, que es la que finalmente emite dinero para cubrir los deficits del Estado, de la balanza de pagos y de lo que sea.

En los últimos tiempos se han ido poniendo de moda distintas teorías sobre el decrecimiento. Sin duda, son muy loables, aunque probablemente poco prácticas …… aunque sí lo serían para anular el sistema actual, pero no creo que ese 1% de la población que detenta más del 30% de rentas y riqueza, o ese 20% que “se lleva” el 80%, no creo que estuvieran muy de acuerdo.

Porque finalmente hay que decir que crecimiento en el sistema capitalista significa peor distribución de la renta y de la riqueza, porque el crecimiento favorece al rico y empobrece aún más al pobre, a través de diversos mecanismos de redistribución. Y no sabemos hasta donde es posible aumentar el coeficiente de Gini en la distribución de la renta. El modelo neoliberal ha ampliado substancialmente esos valores.

¿Y si no crecemos? Pues si no crecemos, todavía empeoraremos más ….. auténticamente paradójico y terrible.

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9 comentarios en «Crecimiento»

  1. “Todo cambia” como dice Heráclito no significa que todo crece, sino que cambia, que la vida está en continuo cambio, que las cosas que son hoy ya no serán probablemente otra vez iguales, sino que cambiarán, fluirán, se transformarán, y nosotros no podemos quedarnos quietos, ni tampoco sorprendidos, ni mucho menos preocupados, por los cambios, sino sencillamente saber estar en ellos, como dice el viejo Hopi.

  2. Por desgracia, muchos de los cambios no son queridos, vienen a resultar producto de una especie de darwinismo social, llamado mercado y capitalismo. Son como son, y solo conocemos, después de años, sus leyes, y sabemos que no es un buen sistema. Probablemente no hayamos sido capaces de experimentar y desarrollar uno mejor, pero no es bueno, no, no es bueno. Es un sistema desigual, es un sistema antihumano, es un sistema explotador, es un sistema destructor, es un sistema que parece un sistema bárbaro, propio de los bárbaros, de aquellos pueblos que decimos asolaron Europa en el primer milenio. Es un sistema que no puede evitar ser como es, que produce un cambio no deseado, como decía Marx, un cambio que se mueve sin la intervención nuestra, pero producto de nuestros movimientos hacia el desarrollo de las fuerzas productivas y tecnológicas. Y éstas, a su vez, crean las condiciones de cambiar nuestras relaciones sociales, pero sin pensarlas, solo porque han de adaptarse a esos cambios inducidos …. básicamente por la ambición, por el hambre de beneficios, por el egoismo más feroz.

  3. Mi maestro en esto, Jose Luis Sampedro, distinguía entre crecimiento y desarrollo, siendo desarrollo, crecimiento más cambios estructurales….. Hoy eso ya no sirve. Servía cuando el crecimiento no era el toro desbocado que es hoy, y su globalización su consecuencia más perversa. No vale con que digamos que no queremos crecimiento, sino desarrollo, sino que el desarrollo en sí mismo no tiene que ser crecimiento. Prosperar no significa necesariamente ser más grandes, sino ser mejores, y ese término es casi desconocido por el sistema que nos tiene enganchados en esta rueda del infortunio.

  4. No tiene la culpa Darwin del mercado capitalista, sólo es una buena forma de denominarlo. Darwin hablaba del mundo vivo, pero no del hombre, pero el hombre se ha comportado sin inteligencia, como el mundo que consideramos poco o nada inteligente, dejando en manos del mercado una fórmula darwinista de transformación, una evolución independiente de nuestra voluntad, y si acaso, y muy mínimamente, de la voluntad de los que tienen el 35-80% de la renta y la riqueza, que les beneficiaba que no hubiera y no haya una dirección marcada por nosotros mismos, pensada para ser llevada a cabo, porque que sigan las cosas igual les va a beneficiar indudablemente, como indica la ley capitalista de la distribución, siempre ampliamente favorable para los que ya tienen, y que acumularán todavía más y más, a cuenta de los que no tienen, que se empobrecerán más y más.

  5. Y la cuestión es si nos vamos a dejar dominar por los instrumentos del poder establecido, o vamos a empezar a construir otro mundo, un mundo que podamos habitar nosotros y nuestros hijos y descendientes.

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