Hoy por la mañana me encontraba revolucionario, y me puse el disfraz de reformador, recordé eso de “vísteme despacio que tenga prisa” y le dí vueltas a algo que siempre me ha rondado en la cabeza cada vez que he visto, sobre todo en grandes empresas, la facilidad para “de pronto” intentar cambiarlo todo.

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Estaba pensando sobre la dirección y llegaron a mí las Nobles verdades de Buda. Dice Marinoff en un libro que nos ha hecho felices, también a veces releyéndolo que “el budismo defiende la igualdad moral de las personas, pero aboga por la responsabilidad individual, asi como por la compasión hacia el prójimo”. No es una curiosidad, es mucho más, es maestría la que se destila en esas palabras, que como las grandes palabras, fueron “traducidas” por discípulos y estudiantes. No quiero dejar de recordar que el budismo, tan bien reflejado en el Sidahartta por Hesse, gira en torno al postulado fundamental de que todo cambia, como un rio, y que es preciso comunicarse con el cambio, con el rio, para entenderlo y para saber anticiparse a su fluir.

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La indignación y la energía se han fundido en mí en estos primeros días de enero. Me siento indignado. Tengo la impresión de que nos cuesta o no queremos o tal vez no sabemos hablar claro. Y si lo haces, parece que se corre un tupido velo en torno a ti, que de pronto eres una vez más políticamente incorrecto. No me importa tirarme a la piscina, mi mostrar mi indignación. Un maestro me dijo alguna vez que la indignación es un buen principio para empezar a cambiar. Empleo e inflación son temas sociales y culturales, fruto de relaciones sociales básicamente indignantes: empleo insuficiente y de poca calidad; inflación siempre. ¡Qué empleo! ¡Qué inflación!.

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No quiero hacer magia, ni soy capaz de hacerla, aunque alguna vez me hayan llamado mago. Llevo años pensando sobre el ciclo solar, y coincide que en 2007 inflexiona la curva del ciclo, ahora en la parte más baja y durante los próximos cinco-seis años irá “apretando” sobre nuestros cuerpos. Vamos, en mi opinión, hacia la zona más vital, más llena de energía, que va a desatar muchas nuevas posibilidades, y, sobre todo, que va a dejar en segundo plano a los “señores de la guerra” y de las ideologías, a todos esos patanes que están impidiéndonos enfrentarnos a los graves problemas que vamos acumulando.
En mi opinión, el próximo lustro va a permitirnos expandir ampliamente nuestras posibilidades como seres humanos, y empezar a superar algunos, de los muchos, problemas que estamos cargando sobre nuestras espaldas y nos están impidiendo “ver, analizar, comprender, y proyectar” un espacio menos tenso y más cooperador y desarrollado, más humano.
Espero tener razón, no porque quiera ser mago o algo así, sino porque es un deseo profundo, algo que necesito. Mi padre no pudo vislumbrar la democracia, por la que tanto luchó, a mí me gustaría que estos próximos cinco-seis años diésemos pasos de gigante hacia un cambio social que reduzca la injusticia, la desigualdad y que nos permita superar, sublimar más bien, nuestras inhibiciones.
No olvidemos que mi modelo de innovación está en función de la calidad de la inter-comunicación, y que busca, sobre todo, desarrollar espacios de desarrollo endógeno, espacios donde las propias inhibiciones sean el substracto para sublimarlas mediante la superación de las mismas. Esperemos que en 2007 empecemos, al menos durante unos años, en ese camino de consolidación de avances de los que estamos tan necesitados.
(Si quieres ver más ampliamente reflejada mi opinión, pincha en el título)

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La innovación se produce, el cambio ocurre. En términos generales, creo que es una hipótesis adecuada. La innovación precisa de nuestro esfuerzo, de constancia, de vigor, de energía. El cambio casi siempre nos sorprende. Es cierto, que siguiendo a Kuhn, el cambio de paradigma sería en gran medida una consecuencia de “rondar” alrededor del paradigma superado, mediante aproximaciones sucesivas, por medio de pruebas y errores constantes, pero el cambio, finalmente, nos acaba sorprendiendo, y por eso se suele ver como algo a lo que se teme, en parte tenebroso, y sin duda, oponemos mucha resistencia a esa sorpresa. Sinceramente, para mí el cambio es un dato, sobre el que no puedo actuar más que a largo plazo, y que probablemente no se produzca cuando yo quiera, por tanto, me importa poco, porque no depende de mi voluntad, de mi energía, de mi conocimiento, o al menos, no decisivamente. Sin embargo, me interesa la innovación y el conocimiento, porque ellos al final son los que mueven las cosas, las fuerzas productivas les llamaba Marx.

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