Se aprende sin tensiones

No, se aprende muy mal con tensiones. Y en este mundo competitivo, exigente, despilfarrador, destructivo …. hasta las aulas están impregnadas de tensiones. No viene mal relajarse, pero ¿cómo?. En el caso que sigue han utilizado una fórmula que es tan querida y común en muchos lugares de Oriente. Es un extremo. Podría ser hacer un pequeño ejercicio de chi-kung o contarles un breve cuento o una frase y dejar que la gente piense. El pensamiento siempre tranquiliza y de paso, sienta las bases para un buen espacio de intercambio y comunicación en las aulas.

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“Cuando los alumnos de 3º de Infantil del colegio público Ramiro Soláns de Zaragoza regresan del recreo, se sientan en el suelo del aula formando un círculo. Adoptan la postura del loto, cierran los ojos, respiran hondo y elevan las palmas de las manos al estilo hindú mientras cantan un mantra que dice: «Sa, re, sa, sa. Sa, re, sa, sa». Suena el sitar. En la pizarra digital, una flor abre y cierra sus pétalos desde YouTube. Nazaret, Rayan y Emilia tienen sólo cinco años, pero mantienen la concentración como yoguis experimentados.

– ¿A qué nos está ayudando esta canción? -La maestra, Noelia Pes, les pregunta con voz muy suave.

– A estar tranquilos y relajados -responde la pequeña Ainara.

– ¿Y, si estamos relajados, qué podemos hacer?

– Trabajar bien, estar calladitos, portarnos bien con la profe y con todos los demás, no pegar”

Para quién quiera ver el reportaje completo: http://www.elmundo.es/espana/2015/06/15/556f439c268e3e9e438b459a.html

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2 comentarios en «Se aprende sin tensiones»

  1. En mis clases en la universidad, el alumno se adentraba en su propio pensamiento, mediante frases, ejercicios, comentarios cortos, que le llevaban a pensar. Y cuando pensamos, nos vemos mejor, vemos mejor a los demás, y por tanto, estamos en mejores condiciones de aprender, no sólo individualmente sino en grupo. Mis “píldoras” demostraron siempre su gran papel en el comienzo de cualquier actividad.

  2. Píldoras es una forma de comenzar una clase …. facilitando elementos de reflexión al alumno desde el primer momento, elementos que no tienen necesariamente que estar relacionados con los temas que se están tratando en ese momento.

    Es también un componente de la necesaria diversidad que hace factible y más posible el aprendizaje, e igualmente es un buen sistema para conseguir que una buena parte de la clase llegue a la hora, sin necesidad de controles. Por otra parte, esas píldoras variadas, una de cada color, permiten dar una variedad al discurso que no se conseguiría de otras formas.

    La píldora se elige previamente, buscando un libro y se hacen una sucesión de citas, no más de cuatro, sobre el autor-libro. Esa lectura se hace despacio, para poder ser asimiladas y reflexionadas, y se deja un tiempo de silencio para la reflexión de cada participante.

    En mi opinión y experiencia, las píldoras tienen más incidencia si contienen un horizonte, un sentido a lo que se está hablando, y no que el único sentido sea ampliar o diversificar el conocimiento. Por ejemplo, yo utilizo un sentido: el de que los autores no siempre han sido reconocidos, o más bien hasta fueron relativa o fuertemente marginados por la sociedad. Es como recuperar a una parte del discurso que se ha perdido o que no ha sido del todo considerado. Esto da un toque humano a la cuestión, lo que facilita el interés.

    Hace dos años empecé por primera vez con La Resistencia de Ernesto Sábato, libro de madurez, de ensayo, que contiene un reflejo de sentido común, socialmente muy apreciable, sobre lo que son las cosas y las raíces de por qué nos va peor de lo que debería. A lo largo de un curso, y como todos los días se empieza la clase con estos cinco-diez minutos de pildora, se leen aproximadamente unos treinta autores-libros. Es una entrada a una “culturilla” complementaria, y al tiempo, puede ayudar, si está bien elegido, a entrar en el tema de trabajo de esa clase. Por otra parte, y tengo que decir que fue la razón por la que me animé a poner en marcha este programa: consigo una mayor puntualidad en la presencia en clase, porque el que llega tarde “se lo pierde”, siendo así un plus para los que están a la hora.

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