Agradeciendo el reconocimiento (Roberto Carballo, Dic 2014)

¿Sabéis? 50 años no son nada, aunque lo parezcan.

Hoy me he despertado a las cinco de la mañana y empecé a pensar en que tenía que contaros algo de esos cincuenta años.
En octubre de 1964 impartí mis primeras clases en el viejo Caserón de San Bernardo, profesor ayudante del ayudante. Había más de cien alumnos de prácticas, entre ellos muchos que se hicieron amigos, compañeros y colegas. Eran de Económicas. Sólo hasta el curso siguiente no tuve por primera vez prácticas con futuros politólog@s y ya en lo que se acabaría llamando “Galerías Castañeda”, que hoy es Geografía e Historia.

Mi primera experiencia en una “clase teórica” fue en la UB en 1969, un año interesantísimo para mí y para la sociedad. A mi regreso a Madrid (era el año que nos escindieron: Políticas a “Moncloa”, alejándonos) y desde el principio opté por Políticas. Me gustaba el ambiente, era diferente al que se vivía en mis orígenes en Económicas. Y aquí empezamos a trabajar y a contribuir al desarrollo social.

Desde el principio, la cátedra de Sampedro (mi maestro y director de tesis) se convirtió en un lugar de experimentación y de innovaciones. En 1972 elaboramos las “Lecturas” que sustituían a apuntes y manuales (en ese momento eran una apuesta realmente innovadora). En ese mismo año se puso en marcha la experiencia del Seminario sobre “el concepto de estructura”. En 1973, el seminario sobre “La crítica del programa de Gotha”, donde nos formamos trabajando en aquello que nos atraía (duró más de dos años).

En las aulas 3 y 2, en la parte baja, al lado de la cafetería, se hacían las asambleas, cada vez más numerosas, en las que al menos teníamos que estar dos profesores. Me presenté y me votaron para la Mesa de PNNs y fue una experiencia alucinante.
Las “Lecturas” se fueron ampliando, y también remozando. Los exámenes eran “de pensar”, en preguntas abiertas, las clases eran ya muy participativas. La conexión entre el mundo exterior y el del aula se acentuaban.

En 1977 hubo una gran huelga de profesores que empezó en enero y acabó (sic) en junio. Ese año contrasté lo que sabía por los libros, que la autoorganización y el autoaprendizaje eran más que posibles. Y a partir de ahí, me metí en un horizonte de transformar la experiencia educativa en lo que todavía llamamos “innovación educativa”, en la perspectiva de que sean los propios alumnos, ahora en grupos, los que transformen su propio aprendizaje.

Mientras había leído mi tesis doctoral y publicado mi primer libro (1975) y participado en otros, que también eran de lucha política y social. No me convencía lo que hacíamos – tal vez porque no sabíamos hacerlo de otra manera- y buscaba alternativas más participativas y democráticas, para el aula y para el apoyo de esas opciones más compartidas. Construimos un gran libro de recuperación de lo más interesante en nuestra materia y nos dimos cuenta de que era preciso dar un salto, que intentamos “rellenando” huecos y aportando un sentido global novedoso de la materia (1970).

Pero más novedoso todavía fue la oportunidad que tuve dirigiendo el Servicios de Estudios y Planificación de Telefónica (1983-90), en donde sentamos las bases teóricas y prácticas de una transformación socio-empresarial de la empresa. Sería largo contarlo, pero fue intenso y me dio alas para atreverme a más y más. Había mucho que hacer. Adonde miraba había cosas que se podían abordar y mejorar.

Mientras tanto, todavía en “Moncloa”, formo el Grupo de Colaboradores (1985), por el que van a pasar más de 200 ex alumnos, luego profesionales, participantes en un proceso de innovación en el paso de la enseñanza al aprendizaje (“Experiencias en grupo e innovación ….”, 2002) y van a ser el antecedente del Grupo Interdisciplinario e Interuniversitario que hoy ha acabado en Grupo Prometeo y Asociación Espiral, dedicados a la innovación social y educativa.

A principios de los noventa puedo cumplir mi sueño de siempre, dedicarme íntegramente a la universidad. De clase media-baja, sin recursos, trabajé haciendo la carreram, me casé demasiado joven y a los 27 tenía mis 4 hijos y un “exceso de responsabilidad y obligaciones”. No pude dedicarme plenamente a aquello que me apasionaba. Ahora, con dedicación exclusiva, dediqué mis esfuerzos a nuestra facultad y al Centro Superior de Estudios, dirigiendo Magisters en Dirección, Recursos Humanos y también en Innovación y Gestión del Conocimiento (1993-2005). Esto aceleró mi interés por la “innovación educativa” y las nuevas formas alternativas de aprendizaje (“Manifiestos para la Innovación Educativa”, 2009 y “Aprendiendo desde la Experiencia”, DVD, 2014).

Desde hace cinco años tenemos en marcha el programa PAAP 2020 que intenta adentrar a los participantes en la innovación social y su práctica. Este año, la Facultad me ha nombrado profesor honorífico y sigo con mis programas de innovación social y educativa.

Cincuenta años no es nada. Lo que queda por experimentar y por aprender …….

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