“Somos conscientes de nosotros mismos porque somos conscientes de los demás y del mismo modo que conocemos a los demás; y ello es así porque en relación de nosotros mismos estamos en la misma (posición) que los demás respecto a nosotros” dice en “La conciencia como problema” Lev Vygovski

Me gusta esta reflexión. Claro, me diréis, sino no la habría reproducido. Pero hay algo que nos lleva a la idea de humanidad toda, un todo interrelacionado, en constante, continua transformación, con reglas autoorganizadoras que nos permiten a pesar de los que tienen un poder “robado”, sea económico o político o social, sigamos adelante, y sigan naciendo y desarrollándose personas que sienten y piensan como los otros, y en los otros, y son pensados por otros como si fueran ellos mismos. Primero, descubrimos al otro, y en esa fase de aprendizaje intenso y de dependencia, según descubrimos en nuestros padres, en nuestros maestros, en la calle, con nuestros amigos, normas, reglas, maneras, formas, cultura y la interiorizamos, estamos construyendo sociedad, estamos construyendo y reconstruyendo nuestro ser y en gran medida, y a pesar de lo que nos hacen creer a través de la misma educación y otras formas, en el fondo seguimos buscándonos a ese “nosotros mismos” que es el “otro” o el ellos, o nosotros mismos, y en ese camino interior -porque el sistema pocas veces nos permite hacerlo aflorar, a pesar del sistema egoista y competitivo-, llevamos al otro, a los otros, a la humanidad toda. Nuestra consciencia es la consciencia de otros y de nosotros mismos.

Es, en definitiva, nuestra tabla de salvación ante tanta incomprensión, tanta corrupción, tanta discriminación y explotación, como tenemos que soportar casi toda nuestra vida.

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