No, no somos nadie. Un pequeño incidente te puede hacer perder muchísimo tiempo y sentirte nada o nadie. La tarjeta de mi móvil se ha debido morir de vieja o por obsolescencia programada. El caso es que de pronto, el teléfono no funcionaba. Como nunca había leído un mensaje como ese, llamé a la operadora, que me dijo que todo estaba bien. Me fuí a una tienda de esas y allí diagnosticaron que era la tarjeta que se había muerto de vieja. Me la cambiaron por cinco euros y algo más. Y me fuí tan contento, porque ya recibía nuevamente llamadas y todo eso. Al día siguiente, me doy cuenta de que de todos mis contactos sólo había una o dos docenas …. Inmediatamente lo relacioné: los contactos “estaban” en la tarjeta. Volví a la tienda y aunque lo intentaron, no hubo manera de recuperar los contactos.

Otra ruptura más, con tanta innovación tecnológica de la que ahora dependemos. Pues nada, me resigné y en los tiempos libres a recuperar los teléfonos, no todos claro, sino los que voy apuntando en papel en mi agenda. Algunos se han quedado en la famosa tarjeta …. voy a intentar ir a Lavapiés … que muchas veces los subsaharianos tienen opciones para casi todo, es mi única esperanza. Ahora, en los ratos libres, me dedico a recuperar lo que puedo. No es la primera vez que lo electrónico me joroba y bien. La vez anterior fue mi ordenador de sobremesa. Me recuperaron la información pero de manera multiplicada por varias veces y tuve que hacer el filtro nuevamente, para poder disponer de él. ¿Cuántas horas dedicamos a recuperar información por unos pocos servicios novedosos, más que eficientes, que hemos ganado con tanta nueva tecno? Muchas.

Ninguno de esos problemas los tenía uno antes, porque como la única forma de archivar era tener un buen sistema documental, todo estaba en su sitio. Igual ocurría con la máquina de escribir, como no se podía rectificar, uno escribía bien a la primera o era un desastre. Y por cierto, me da la sensación de que tener más tecnología no favorece la comunicación ni la intercomunicación, sino una especie de pseudo comunicación y además, demasiado selectiva.

Es cierto que supuestamente hay muchas ventajas, pero se tiene que aprender uno tal cantidad de cosas, que es imposible que sean realmente útiles, porque igual que los manuales de instrucciones de una lavadora o de un coche, no se pueden leer de tantas cosas como ponen, y se pasaría uno días hasta conocer en profundidad el aparato, y mientras no se beneficiaría de las prestaciones del aparato que uno acaba de comprar y quiere que funcione ya.

Ya lo proclamaba Bukowski en aquel famoso poema sobre los pequeños problemas. Siempre acaban siendo los que nos deterioran la vida.

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