Estos días mi horizonte se forjó en el Este, en el Este de dónde vivo. Ya se sabe que Este u Oeste son posiciones relativas, y como decimos los gallegos, depende, depende de hacia dónde nos movamos.

Del pobre Ulises sólo se conoce sus aventuras a la vuelta, pero muy poco de sus horizontes …. al final, su horizonte se canalizaba hacia su Ítaca, dónde su Penélope “peleaba” con los hombres manteniendo la promesa de Ulises. En fin, de la Odisea sólo se nos habla de lo difícil que es regresar, de cómo ir no es nunca tan pesado ni difícil que regresar, porque en el regreso está también la renovación, la vuelta a lo mismo, las dificultades y barreras de lo que hacemos por segunda vez, aunque ahora en un sentido contrario, y lo que era fácil y continuo, se convierte en arduo y penoso.

Bueno, pues mi pena es que he regresado. Al final, casi 800 kilómetros de una tacada, que para un hombre madurito como yo es una barbaridad. Los últimos cien kilómetros fueron una tortura, como la que sufrió el pobre Ulisses queriendo regresar a su Ïtaca. En mi caso, lo mejor es que la ida y la estancia fue positiva, y que la vuelta era menos penosa que la ida de muchos que salían cuando yo regresaba.

De todas formas, los horizontes más bien se mueven hacia el Oeste que hacia el Este, el Este finalmente es como regresar, con lo que la ida se convierte también en un regreso, un regreso respecto a la ruta del sol, respecto a hacia dónde va la vida.

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