Ítaca, mi horizonte

La idea de Ítaca, o de horizonte -en cierto modo, inalcanzable- es bella y además remite a la vida en sí misma. No llegamos, lo intentamos, pero nunca llegamos, pero si avanzamos, aunque nunca somos del todo conscientes de que hemos avanzado, dado que según avanzas, te encuentras con más y más preguntas por abordar y contestar. Siempre los interrogantes son más que las consecuciones, y cada consecución es en cierto modo una nueva o varias preguntas.

La idea de Ítaca es mítica, y Cavalis la plasma de forma que sólo, tal vez, podría haber hecho un griego. De alguna forma, la odisea está “detrás”. Aunque hay una diferencia importante. Ulisses hace un viaje en cierto modo placentero de ida, como me pasa a mí siempre -cuando voy, se me hacen las cosas cortas, alcanzables, ilusionadas, motivantes-, los problemas empiezan cuando quiere volver a su patria. Es cuando todo se convierte en dificultades, en problemas, en aventuras no queridas, sino encontradas. Su vuelta es la que se hace difícil. Siempre he concebido el mito de la odisea como el que siempre me ha ocurrido. Nunca tengo problemas para ir, pero si cansancio, desmotivación y otras cosas cuando vuelvo. Cualquier problema en el ir, se pasa como si no hubiera ocurrido nada, todo se puede solventar. No así en la vuelta, donde cualquier problema se convierte en un mundo, no sólo por la dificultad de volver, sino porque pienso he sido conformado para ir, sobre todo, para seguir al sol en la ruta que la rotación de la tierra le confiere, hacia el oeste …. siempre que voy hacia el Oeste disfruto del camino -y no siempre cuando “regreso”, cuando voy hacia el Este-. Quizás por eso, vivo en el presente hacia el futuro, Pocas veces me paro en lo vivido, si no es para retomar el camino hacia un presente más intenso y un futuro más previsto o anticipado.

Un año programé una parte de mis vacaciones haciendo un viaje por mar hasta Ítaca. Tuve mala suerte o tal vez tuve mucha suerte, y me rompí un pie el segundo día de navegación cuando me tiré al mar a echar un bañito. Tuve que volver precipitadamente, no me acuerdo muy bien, pero creo que era Kérkira, y de allí regresar a mi residencia habitual, enyesado y con mucho dolor. Por tanto, no es tan fácil ir a Ítaca, “tiene su peligro”. Es broma, pero en mi caso, el horizonte se hizo inalcanzable.

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