Dice Popper, para finalizar.

“Nuestro saber conjetural objetivo va siempre más lejos del que una persona puede dominar. Por eso no hay ninguna autoridad. Esto rige también dentro de las especialidades”

“Debemos aprender que la autocrítica es la mejor crítica; pero que la crítica por medio de otros es una necesidad. Es casi tan buena como la autocrítica”

No necesita más aclaraciones. Sólo intentar transmitir ese conocimiento cierto, como incierto, fuerte porque es provisional y débil, lleno de autoritas y de capacidad autocrítica, pero no vienen nunca mal los aires desde fuera, que criticándonos nos inciten a mejorar.

De todas formas, no sólo en ciencia y en su enseñanza hay dogmas. Sería hasta injusto afirmarlo y dejas a los auténticos dogmas, específicamente religiosos, fuera de su gran responsabilidad. En los últimos años hemos padecido una gran epidemia, el regreso al dogma profundo en todas las religiones. Todas se han replegado sobre sí mismas, de forma que han fracturado el mundo según sus influencias, y más de uno habla de que las principales guerras las estamos padeciendo con el amparo de la religión más dogmática, los pueblos que apoyan la guerra por miedo, y por supuesto, por intereses económicos y de poder, para los que se favorece el uso del dogma para posicionar a cada bando en lugares extremos e irreconciliables.

Es lamentable la tremenda regresión que estamos viviendo en ese campo. Y sin embargo, como diría Galileo, “se mueve”, es decir, el dogma aunque más acendrado y hasta más influyente, tiene su contrapartida en una rebeldía social ante la falta de libertad en que se mueve, por lo que muchos son los que reniegan o se olvidan de los dogmas religiosos y hasta de la ciencia, para recabar y necesitar promover nuevos escenarios donde la libertad de elección, y sobre todo, la participación y la construcción día a día se constituyen en formatos de vida diferentes y novedosos, o al menos, novedosos para los tiempos tenebrosos en que nos habían metido nuestras queridas religiones, y nuestros queridos mandamases, políticos, financieros o económicos.

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Si hasta el saber que comprobamos, es conjetural …. ¿qué podemos esperar de los dogmas de fe? Nada hay que demostrar, no es posible contrastar, todos son creencias y desprecio por las verdades provisionalmente adquiridas con mucho esfuerzo y tiempo.

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La mejor crítica es la autocrítica, pero muy pocas veces la utilizamos: nos cuesta trabajo aprender de nuestros propios errores, y reanalizar lo que vivimos y experimentamos ….. muchas veces, preferimos, por desidia o por costumbre o por otras razones, dejar de pensar y someternos a los dogmas establecidos.

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Desde hace unos años, tal vez treinta, nos invade un dogma especial, el neoliberalismo del mercado. Sólo por contener el neo en la palabra ya debíamos desconfiar. Y reeditar el liberalismo, ¿qué sentido tiene después de haber vivido en su fase histórica el original? Pues gente de muy poca valía, de bajos instintos y grandes intereses nos lo ha metido, vía mercado, en vena, y aquí estamos, sufriendo lo indecible con uno de los peores sistemas de distribución de renta y de riqueza. Aunque es claro que los que tienen mucho se benefician ostensiblemente del neoliberalismo. Sólo a través del poder y de la falta de libertad real, se puede comprender que el neoliberalismo-mercado haya tenido tanto éxito. Son muchos los intereses que lo encuadran. Demasiados.

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El neoliberalismo, el mercado, es un gran dogma, un dogma tan inevitable como un dogma religioso. Dice Sampedro con buen tino que le expliquen a alguien que no tiene dinero lo que es el mercado, y nos daremos cuenta de que sólo es un sistema de discriminación y de desigualdades sociales.

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Es curioso, el FMI, el Fondo Monetario Internacional, que estaba casi dormido, lo han reeditado desde las instancias del poder económico-financiero-político, como agente del “nuevo sistema económico”, es decir, como garante de las condiciones neoliberales como dominantes. Y es curioso también que el último presidente, el tal Strauss-Kahn fuera de la segunda internacional, es decir, socialdemócrata, y que tuviera tan buena prensa, a pesar de sus muchos deslices sexuales y de otros tipos. Una nueva edición de la traición de la socialdemocracia: desde Lasalle no levantan cabeza, y ya han pasado años.

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Ser “socialista” hoy es ser parte del sistema de poder que resguarda al sistema capitalista, y sino miremos en España que representa actualmente Felipe González o su exvicepresidente primero, Miguel Boyer, o su ministro de economía y hacienda, Carlos Solchaga …. mejor evitar las calificaciones.

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