De Sábato a Confucio

Un pequeño recorrido o un gran recorrido, según se piense. Ayer comencé un ciclo de trabajo en la Ortega, con un grupo realmente interesante y participativo. Lo comencé, como hago siempre, con una píldora, en este casos, tres vinculadas. Cito:

“Cuando somos sensibles, cuando nuestros poros no están cubiertos de las implacables capas, la cercanía con la presencia humana nos sacude, nos alienta, comprendemos que es el otro el que siempre nos salva” La Resistencia de un Ernesto Sabato genial. Hace tiempo que la elijo para empezar muchos de mis trabajos.

De ahí a:

“Zilû preguntó que era el gobierno.
El Maestro dijo: “Estimular con el ejemplo”
Zilû quiso saber más. El maestro dijo: “Hacerlo siempre”

Confucio dixit

“Dijo Confucio: “Hay tres clases de placeres beneficiosos y tres clases de placeres perjudiciales. Es beneficioso disfrutar de los rituales y la música bien compuestos, hablar de las virtudes de otros y tener abundancia de amigos que sean hombres excelentes. Es perjudicial el lujo extravagante, la ociosidad disipada y la juerga constante”

¿Qué mensajes había implícitos o explícitos en mis píldoras iniciales al grupo? Pienso que muchos, además del hecho patente de resaltar determinadas formas sobre otras no declaradas.

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3 comentarios en «De Sábato a Confucio»

  1. Sabato con esa exquisita prosa, casi poesia, nos dispone en algo que olvidamos con demasiada frecuencia en un mundo básicamente egoista e individualista: “EL OTRO ES EL QUE SIEMPRE NOS SALVA”, pero no lo veremos a no ser que seamos capaces de superar las barreras que la sociedad y nosotros mismos nos hemos puesto, y entre las cuales utilizamos apartar aquello que llena cargado de sentido y de sentimientos. Sin el otro no haríamos el camino. Sería hasta aburrido. Sin el otro no habría contraste de nuestras posiciones; sin el otro no habría estímulo de superación y de búsqueda; sin el otro …… El otro en términos políticos es el ciudadano, al cual por cierto el sistema político tiene claramente abandonado, a pesar de sus manifestaciones evidentes y públicas; el otro es el cliente subordinado de un sistema monopolista u oligopolista que impone continuamente condiciones de beneficio extraordinario para sus intereses; el otro es el ser casi anónimo que nos acompaña en nuestras horas de soledad en las redes sociales, o el que escribe sin saber a quién, pero que encontramos en la red. El otro es una gran plataforma de necesidad y de salvación personal. Ah, y el otro, tanto para Sabato como para mí, es humano.

  2. Sin el otro no hay gobierno. Pero un gobierno tiene que “estimular con su ejemplo”, cosa que precisamente no hace el que tenemos. Ha despilfarrado antes y ahora más de lo conveniente, y sin embargo, pide recortes a todos los ciudadanos, a todos los contribuyentes, a todos los que dependen de su poder, y se impone por su mayoría absoluta.

    Ni “estimula con su ejemplo”, ni lo hace siempre. Mejor dicho, no lo hace nunca, ni siquiera es capaz de cumplir con las promesas electorales por las que muchos le han dado su voto, pensando que iba a hacer lo contrario de lo que está haciendo. ¿Se dan cuenta de que ejemplo? Con ese ejemplo, no querrán que aprendamos algo más que mentiras y maldades. Sin duda, nos estimulará con su ejemplo a mentir; sin duda también a defraudar; sin duda también a traicionar; …. ¿qué ejemplo nos quedará de estos gobernantes?

  3. Sólo en lo privado podemos resolver el problema de nuestros placeres beneficiosos, porque públicamente casi no se dan: ni música ni rituales bien compuestos, ni podemos hablar bien de las virtudes de otros, porque estamos rodeados de des-virtuados; y sólo podemos conservar y fomentar a esos buenos amigos que nos permiten sobrevivir en nuestra intimidad. Sin embargo, los placeres perjudiciales están en nuestros comportamientos y en nuestra sociedad a la orden del día: lujo extravagante en estos ricos que este año son más en las listas de Fortune -las tiendas de lujo y las millas de oro, se hacen de oro, es la única demanda que sigue creciendo-; son unos vagos y las fiestas -al ver del Hola de las consultas de los dentistas- son cada vez más evidentes, y las manifestaciones de riqueza y de lujos y de otras cosas están ahí, a la vista de todos-, organizándose en una fiesta constante, que las demás clases sociales imitan en sus botellones particulares y sus findes de desmadre alcohólico y de otras cosas.

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