La presión para vender es el gran problema del sistema capitalista. Para “saltársela”, aunque sin mucho éxito, recurren a todo tipo de trucos y triquñuelas, entre ellas, está la publicidad y también, por supuesto, el crédito que adelanta el dinero que vas a ganar y te endeuda hasta la extinción. Viene a ser algo así como jugar a la ruleta o a la lotería o la bonoloto, adelantamos la esperanza y nos frustramos cuando ya han salido los números premiados. Bueno, pues quería comentar el atraco -más el asalto, porque atracar se atracan los barcos y no lo bancos- que significa la publicidad, en todos los sitios donde se cuela y a los que financia. En internet cada día es más lamentable como nos sorprenden con anuncios que no buscamos, ni queremos, continuamente. Y dada la competencia de internet, en las televisiones es la monda, por decir algo, porque lo que habría que llamarle es engaño, sorpresa no querida, tomadura de pelo, y sobre todo, vale cualquier cosa.

Estos días he visto más televisión de la que normalmente atiendo, y he querido ver alguna película, e inmediatamente me he dado cuenta del truco publicitario. Al principio de una película casi no ponen anuncios, y poco a poco, van aumentándolos …. hay un momento en que anuncian ya seis minutos y al final, poco antes del final -he comprobado en dos casos de películas que muy al final, casi cuando sólo quedan dos o tres minutos de película- ni siquiera advierten el número de minutos, pero he cronometrado diez minutos en un caso y doce en otro. Justo cuando uno está pendiente del final, ni dicen lo que van a tardar, y además, se están mucho más tiempo. Me dirán que alguien tiene que pagar el coste de las películas y su edición, pero me temo que es una estafa más de los medios, insaciables en la búsqueda de beneficios, como buen servicio público en manos privadas: sólo beneficio.

Es triste contemplar que ni siquiera se hace una pausa para advertir que van a empezar con la publicidad, ni siquiera se anuncia. Y que además, no tienen la más mínima consideración del espectador. Entiendo que hay que pagar el servicio, pero esto no es un servicio, es un auténtico basurero de películas que nunca se acaban, o que nunca las acabamos de ver, porque la publicidad nos impide seguir el curso razonable de la misma. Regular todo eso, antes que yo sepa, estaba regulado. Ahora no hay regulación, porque es una cuestión de “libertad” de aquellos que imponen la publicidad como forma de ingresar y ganar más dinero, a cuenta de unas películas una y mil veces repuestas, y cada vez más fragmentadas en su presentación pública.

Es un triste ejemplo y simplificando de a) lo que es el sistema de propiedad privada, sobre todo, en aquellos que son servicios públicos, aunque no sean estatales, engañando una vez más a todos para conseguir sus objetivos; y b) de lo que llamamos sobreproducción: necesitan vender, pero no venden nunca lo suficiente. Es una ley estructural. Por eso, nos están destrozando la vida bajando los salarios, la calidad de vida y los servicios sociales, porque ellos, dado que sólo piensan en la acumulación de dinero y más dinero, no pueden dejar de ganar más y más y para ello, tienen que vender más y más y nosotros soportar sus humillaciones sociales sin ningún control estatal o paraestatal. Supongo que por eso es por lo que quieren que el Estado desaparezca totalmente, para así poder hacer lo que le salga de las narices. Ya lo hacen. Ni siquiera tiene que desaparecer el Estado, cosa que a mi particularmente me parecería una propuesta a contemplar, sino que lo mantienen para conservar sus negocios y ampliar más y más su acumulación y llenarnos mientras tanto de publicidad por todos los medios posibles.

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