Primer Manifiesto del Rossio

Los manifestantes, reunidos en la Plaza del Rossio, conscientes de que esta es una acción en marcha y resistencia, acuerdan declarar lo siguiente:

Nosotros ciudadanos y ciudadanas, mujeres y hombres, trabajadores y trabajadoras, migrantes, estudiantes, personas desempleadas, reformadas, unidas por la indignación ante la situación política y social sofocante que nos negamos a aceptar como inevitable, ocupamos nuestras calles. Nos juntamos del mismo modo que aquellos que en el mundo luchan hoy por sus derechos frente a la opresión constante del sistema económico-financiero vigente.

De Reikiavik al Cairo, de Wisconsin a Madrid, una ola popular barre el mundo. Sobre ella, el silencio y la desinformación de la comunicación social, que no cuestiona las injusticias permanentes en todos los países, pero sólo proclama como inevitables la austeridad, el fin de los derechos, el funeral de la democracia.

La democracia real no existirá en tanto el mundo sea administrado por una dictadura financiera. El rescate firmado a nuestra costa con el FMI y la Unión Europea secuestró la democracia y nuestras vidas. Los países en los que el FMI interviene en todo el mundo sufren una caída brutal de la esperanza media de vida. ¡El FMI mata! Sólo podemos rechazarlo. Rechazamos que nos recorten los salarios, pensiones y ayuda social, mientas los culpables de esta crisis son salvados y recapitalizados. ¿Por qué tenemos que optar vivir entre el desempleo y la precariedad? ¿Por qué que quieren quitarnos los servicios públicos, robándonos, mediante las privatizaciones, aquello que pagamos toda una vida? Respondemos que no. Defendemos el retiro del plan de la Troika. Siguiendo el ejemplo de otros países del mundo, como Islandia, no aceptaremos hipotecar nuestro presente y el futuro por una deuda que no es nuestra.

Rechazamos aceptar el robo de horizontes para nuestro futuro. Pretendemos asumir el control de nuestras vidas e intervenir efectivamente en todos los procesos de la vida política, social y económica. Estamos haciéndolo hoy en las asambleas populares reunidas. Apelamos a todas las personas a que se junten, en las calles, en las plazas, en cada esquina, bajo la sombra de cada estatua, para que, unidas y unidos, podamos cambiar de un a vez las reglas viciadas de este juego.

Esto es sólo el inicio. Las calles son nuestras.

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4 comentarios en «Primer manifiesto»

  1. Palabras en la Puerta del Sol de Madrid
    Agustín García-Calvo · · · · ·

    29/05/11

    Sois la alegría, es la alegría de lo inesperado, de lo no previsto, ni por parte de las autoridades y gobiernos, ni por parte de los partidos de cualquier color, verdaderamente imprevisto: vosotros los mismos o casi todos, hace unos pocos meses o semanas, tampoco lo preveíais que pudiera surgir. Aunque esto es así, la alegría es lo inesperado y no hay otra alegría, no hay futuro, como repetiré ahora, sin embargo voy a decir algo que parece contradictorio, que es que yo estaba esperando esto desde hace cuarenta y tantos años, cuarentayseis. [vivas y aplausos]

    Os cuento un poco cómo: por los años sesenta, como habéis oído los más jóvenes, empezó a levantarse por el mundo una oleada principalmente de estudiantes en las universidades, cámpuses y sitios así de Tokio, California… el sesentaycinco, en febrero, esa oleada llegó a Madrid; yo me dejé arrastrar por ella con mucha alegría, me costara lo que me costara; como sabéis la ola después siguió en Alemania con Rudi Dutschke el Rojo y después finalmente en Francia, con el famoso mayo francés, donde fue más o menos terminando la ola. Os voy a decir cómo entiendo yo que aquello del año 65 se relaciona con esto. Tal vez alguno de los más viejos o no tan viejos os lo podrán decir que aquí seguramente incluso los padres de los más viejos de vosotros eran en aquel entonces estudiantes en la ciudad universitaria de Madrid, corriendo conmigo delante de los guardias, que entonces se llamaban los grises… pero por mi parte os lo voy a decir: es que en aquellos años en el mundo avanzado o “primero” se estaba estableciendo un régimen, un régimen del poder, que es justamente éste mismo que ahora estáis padeciendo conmigo… Me callo un poco mientras… [mucho jaleo. Una voz: “No te calles, sigue!”] …se estaba estableciendo este régimen, que es el que hoy estáis padeciendo conmigo, y que es, para decirlo brevemente, el régimen, la forma de poder en que el Estado, la gobernación, la administración estatal está del todo confundida con el capital, con las finanzas, con la inversión financiera: enteramente confundida. [aplausos, gritos] Por tanto se puede decir que es el Régimen del Dinero, simplificando, y por tanto yo creo que muchos de vosotros por lo bajo estáis sospechando que es contra eso principalmente contra lo que os levantáis, contra lo que sentís ganas de gritar, de decir lo único que el pueblo sabe, que es decir ¡NO! [aplausos largos. Voces: “ahí está”]

    Por tanto, aquello que me arrebató a mis treintaynueve años, hace cuarenta y seis, es lo mismo que ahora llega a su culminación, a su casi vejez: el régimen del estado-capital, el régimen del dinero, efectivamente da señas él mismo de estar cansado, con cosas como los cuentos de la larguísima crisis y cualesquiera otros que os lleguen, y con las cifras y estadísticas con las que cada día tratan de entreteneros para que no sintáis, no os deis cuenta de lo que está pasando por detrás de las cifras y de los nombres que gobiernos o partidos sacan para eso, para teneros entretenidos precisamente. De manera que es bastante lógico que me encuentre entre vosotros en este momento de, más que madurez, envejecimiento del régimen, como me encontraba en sus comienzos. Para mí el levantamiento de los estudiantes por el mundo en el 65 obedecía a que se daban cuenta de lo que nos venía encima; ahora vosotros habéis tenido mucha más cantidad de sufrimiento directo de lo que el régimen es, aunque lo llaméis con diferentes nombres a este sufrimiento, y por tanto es, al mismo tiempo que inesperado, lógico que os estéis levantando y voceando contra ello.

    Yo puedo contaros más, pero tampoco querría, por ponerme aquí a colaborar a mi manera con este levantamiento, como quiera que lo llaméis, no querría parecer que vengo a dar consejo, pero, a pesar de que no quiero parecer tal cosa, os voy a adelantar un par de ocurrencias que me vienen, ocurrencias negativas sobre todo. Lo primero es no contar para nada con el Estado sea cual sea: ninguna forma de organización estatal. [aplausos y revuelo] Es un error que por lo que veo muchos de vosotros percibís sin que haga mucha falta decíroslo. Por tanto, y a consecuencia y a continuación, tampoco se puede utilizar para nada la Democracia, ni el nombre de ‘democracia’. Lo siento, esto ya veo que no despierta tan inmediatos aplausos, pero sin embargo tengo que insistir en ello. Ya comprendo que lo de elegir lemas como “Democracia real ya” puede ser, por parte de quien lo inventara, una táctica, una táctica para no dar demasiado la cara, porque parecería que decir de frente y de inmediato “¡No a cualquier Estado, democrático o no!”, podría sonar mal y esta timidez o modestia puede esplicarlo, pero yo creo que es hora de irse desprendiendo de este engaño. La Democracia es un trampantojo, es un engaño para lo que nos queda de pueblo vivo y de gente; lo era ya desde que se inventó entre los antiguos griegos en Atenas y otros sitios. Es un trampantojo que está fundado sobre todo en esta confusión que el nombre mismo denuncia: demo y kratos. Kratos es poder y Demo se supone que es pueblo, y, sea lo que sea de los avatares de cualquier historia, nunca el pueblo puede tener el poder: el poder está contra el pueblo. [bravos] Esto es una cosa demasiado clara, pero hay que entenderla. [aplausos y vivas] De manera que supongo que esta contradicción que está ínsita en el propio nombre de la democracia os anima mucho más a entenderlo de veras. El régimen democrático es simplemente el más avanzado, el más perfecto, el que ha dado mejores resultados, el que ha llegado a producir el Régimen del Bienestar en el que nos dicen que vivimos; es simplemente eso, pero al mismo tiempo no deja de ser el Poder, el de siempre. Por el contrario, cuanto más perfecto, cuanto más avanzado, está más avanzado en sus trucos para engañar y por tanto en el manejo de la mentira, que es esencial para cualquier Poder. Esto espero que lo entendáis también bien: sin mentira no se sostiene ninguna forma de Poder. La mentira es el hacer creer, la fe, y ése es el cimiento, el fundamento para cualquier estado. De manera que, si alguno de vosotros tiene la ilusión de acceder a una democracia mejor, pues le pediría que se fuera desengañando de ese camino. No es por ahí, no es por ahí, y si vuestro levantamiento llegara a alcanzar un carácter organizado, en definitiva semejante al de la propia administración del Estado, estaría ya con ello mismo perdido, no estaría haciendo más que repetir otra vez la misma historia con otros colores y perfeccionada justamente porque ha asimilado el levantamiento, porque ha asimilado la protesta, que es la manera en que a través de revoluciones siempre fracasadas los estados han venido avanzando; es lo que justamente les hace falta, porque para seguir siendo el mismo como lo es, el Dinero no puede menos de cambiar, cambiar para seguir igual: éste es el gran truco que tenéis encima. Cuando os sugiero o os pido la renuncia a ideas de otro estado mejor, de otro poder mejor y os recuerdo que… [jaleo grande en la plaza]

    …ya voy a terminar para que os entretengáis con otras cosas a lo mejor más divertidas que yo. Cuando estoy atreviéndome a recomendaros el desengaño de cualquier forma de poder, y por tanto estoy borrando de la lista algunas de las reivindicaciones que vuestros dirigentes han establecido y divulgado, al mismo tiempo os estoy desengañando de otra cosa, que es el Futuro, el Futuro: éste es el enemigo. Comprendéis bien que al rechazar vuestro levantamiento como intención de encontrar otro régimen mejor, estoy desengañándoos de el futuro [“¿qué propones?”]. El futuro es eso con que os engañan, a los viejos también, pero sobre todo a los más jóvenes, cada día: os dicen “tenéis mucho futuro” o “tenéis que haceros un futuro”, “cada uno tiene que hacerse su futuro” y eso es justamente, aunque no lo digan, una resignación a la muerte, a la muerte futura. El futuro es eso; por tanto el futuro es el que necesita el Capital; el dinero no es más que crédito, es decir, futuro, fe en el futuro; si no pudiera echar cuentas, ni habría Banca ni habría presupuestos estatales. El futuro es de ellos, es su arma. Por tanto nunca dejéis que os suene como algo bendito o beneficioso: debe sonaros justamente a muerte, que es lo que es el futuro. Lo que estemos haciendo aquí, lo que estéis haciendo aquí, ello dirá lo que da de sí, pero no tenemos futuro; no tenemos futuro porque eso es propio de las Empresas, de las finanzas y del Capital. ¡No tenéis futuro!: esto es lo que hace falta ser valientes para denunciar.

    Os voy a dejar ya, no voy a hacer más sugerencias por ahora. Una cosa mucho más práctica y de momento: desearía por supuesto que después de las famosas elecciones de… del 22, que estorban mucho, (ya lo habréis visto cómo no sólo los Medios os enredan junto con la cuestión de las elecciones, que no tienen nada que hacer, sino que muchos de vosotros perdéis una gran parte de vuestro tiempo pensando cuál es lo que hay que hacer respecto a votar o no votar y votar por acá o votar por allá), es un estorbo formidable… de manera que mi deseo sería que, cuando pase ese coñazo, esa estupidez de las votaciones, sigáis vivos, sigáis vivos y más o menos juntos los unos con los otros. [aplausos] Y en ese caso me atrevería a sugeriros una táctica de momento (seguir haciendo las asambleas aquí es probablemente un error que no puede sostenerse mucho): desde luego en esto, en una rebelión como ésta, como ya creo que todos sabéis, no puede haber otro Órgano ni decisivo ni representativo más que las asambleas. Y os lo voy a decir enseguida por qué [aplausos]: no puede haberlo porque las asambleas como ésta misma tienen esta gran ventaja: que no se sabe cuántos son, están entrando y saliendo, y nunca se pueden contar, y por tanto nunca pueden votar, como hacen los demócratas, porque no se sabe ni cuántos son ni cabe estadística ni cabe cómputo ninguno. Esto es lo que a una gran asamblea la acerca a ser eso de pueblo, que no existe pero que lo hay, y que es lo que queda por debajo de las personas, que ésas, sí, se cuentan en número de almas y en número de votos, pero lo que queda por debajo, no. Así que no renunciar nunca a las asambleas. Tal vez una dispersión.

    Ahora me dirijo un poco a la parte de vosotros que son estudiantes más o menos y que me tocan más de cerca: una de las tareas más inmediatas sería ocupar las escuelas y facultades, con caramés incluído [aplausos]. Y termino diciéndoos por qué: porque hace mucho tiempo bajo el Régimen del Bienestar, bajo este régimen que padecemos, los centros de enseñanza, las Universidades, han quedado reducidas a una sola condición real, que es la examinación: examinar, todo lo demás son cuentos [aplausos]. Tienen que examinar para producir por ese camino futuros funcionarios tanto del Capital como del Estado o de la Universidad misma, que es también una parte de esos implementos del Estado. [Interrupción por cánticos en la plaza: “oé oé oé/ lo llaman democracia y no lo es”].

    Por tanto y para dejaros, mi sugerencia va en este sentido: ocupación de los centros, hacerlos reconocer que no están ahí ni para enseñar ni para investigar ni para nada, que están ahí para examinar, examinaros y producir así futuros funcionarios, están creando vuestro futuro, en eso no nos engañan, y por tanto la acción más inmediata ¿cuál puede ser?: pues naturalmente la destrucción, el boicoteo de los exámenes en curso; por ejemplo, los que ahora acaban de empezar en mayo mismo. Es algo de corazón [aplausos]. Con esto que a lo mejor lo primero os puede parecer un poco descabellado, pero que, si os dejáis pensarlo, a lo mejor no tanto, recordando que la sumisión a los exámenes es simplemente sumisión al futuro, que nosotros no tenemos futuro, y recordando que los centros en los que estáis metidos están destinados solamente a eso, a la fabricación de futuro y números de funcionarios, tal vez no os parezca tan insensata la propuesta. Pero os parezca o no, con esto ya me despido, volviendo a repetiros la alegría que esto tan inesperado me ha traído y que al mismo tiempo estaba esperando desde el año ’65. ¡Salud! [¡Gracias!].

    Agustín García-Calvo, intelectual

  2. Dos mundos colisionan en una suite de lujo. Algunas reflexiones sobre el FMI, la injusticia mundial, y un extraño en un tren

    ¿Cómo puedo contar una historia que ya conocemos demasiado bien? Ella se llamaba África. Él, Francia. Él la colonizó, la explotó, la calló, e incluso, décadas después de que se suponía que habían terminado, él aún se entrometía en la resolución de los asuntos de ella en lugares como Costa de Marfil, un nombre que le habían dado por sus productos de exportación, no por su propia identidad.

    Su nombre era Asia. El suyo, Europa. Ella se llamaba Silencio. Él, Poder. El nombre de ella era Pobreza. El de él, Riqueza. Su nombre era Ella, pero ¿qué era suyo? El nombre de él era suyo, y presumía de que todo era suyo, incluyendo Ella, y pensaba que podía poseerla sin preguntar y sin consecuencias. Era una historia muy antigua, aunque sus resultados han ido cambiando un poco en las últimas décadas. Y esta vez las consecuencias están remeciendo una gran cantidad de cimientos, que claramente debían ser sacudidos.

    ¿Quién escribiría una fábula tan obvia, tan torpe como la historia que acabamos de presentar? La cabeza extraordinariamente poderosa del Fondo Monetario Internacional (FMI), una organización global que ha creado pobreza masiva e injusticia económica, supuestamente asaltó a una camarera de hotel, inmigrante africana, en la lujosa suite de un hotel en Nueva York.

    Dos mundos colisionaron. En otra época, la palabra de ella habría sido nula en contra de la de él y ella no habría podido ni presentar cargos, y la policía no habría investigado y habría escoltado a Dominique Strauss-Kahn hasta su avión a París. Pero lo hizo, y lo hicieron, y ahora él está bajo custodia, y la economía de Europa ha recibido un fuerte golpe, y la política francesa está patas arriba, y esa nación se tambalea mientras hace un examen de conciencia.

    ¿En qué estaban pensando, quienes decidieron darle esta posición singular de poder [a DSK], a pesar de todas las historias y las pruebas de tanta perversidad? ¿Qué estaba pensando él cuando decidió que podía salirse con la suya? ¿Acaso pensó que estaba en Francia, donde al parecer lo hizo, salirse con la suya? Ahora, una joven dice que él la asaltó en 2002 y que presentó cargos, pero su madre la convenció de retirarlos, y ella estaba preocupada por el impacto que podría tener en su carrera periodística (mientras que su propia madre aparentemente estaba más preocupada por la carrera de él).

    Y el periódico The Guardian informa que estas historias, “han añadido peso a las acusaciones de Piroska Nagy, una economista de origen húngaro, quien acusa que el director del fondo la sometió a un acoso sostenido cuando ella trabajaba en el FMI, y que la dejó con la sensación de que no tenía más remedio que aceptar dormir con él en el Foro Económico Mundial de Davos en enero de 2008. Ella alegó que él la llamaba y le escribía persistentemente con el pretexto de hacerle preguntas sobre [su área de especialidad,] la economía de Ghana, pero que pasaba a un lenguaje sexual y la invitaba a salir”.

    En algunas versiones, la mujer que acusó a Strauss-Kahn en Nueva York es de Ghana, en otras es una musulmana de la vecina Guinea. Un titular de la generalmente afable BBC decía: “Ghana – Prisionera del FMI”, en un informe que documenta la manera en la que las políticas del FMI habían destruido la seguridad alimentaria de esa nación productora de arroz, al forzarla a abrir su mercado al arroz barato de los Estados Unidos, lo que mandó a la mayor parte del país a la pobreza extrema: todo se había convirtido en productos por los que había que pagar, desde el uso de un baño hasta conseguir un balde de agua, y muchos no podían pagar. Tal vez hubiera sudo demasiado perfecto, si ella fuera una refugiada de las políticas del FMI en Ghana. Guinea, en cambio, se liberó de la garra del FMI gracias al descubrimiento de grandes reservas de petróleo, pero sigue siendo un país sumamente corrupto y de gran disparidad económica.

    Proxenetas del Norte

    A los biólogos evolucionistas solía gustarles el axioma: “la ontogenia recapitula la filogenia”, o que el desarrollo del individuo embriónico repite el desarrollo de la evolución de su especie. ¿La ontogenia de este supuesto asalto refleja la filogenia del Fondo Monetario Internacional? Después de todo, la organización fue fundada a finales de la Segunda Guerra Mundial como parte de la famosa conferencia de Bretton Woods, que impondría las visiones económicas de los Estados Unidos al resto del mundo.

    El FMI estaba destinado a ser una institución de préstamos para ayudar a los países en desarrollo, pero para la década de 1980 se había convertido en una organización con una ideología: el libre comercio y el fundamentalismo del libre mercado. Sus préstamos se utilizarían para obtener un enorme poder sobre las economías y las políticas de las naciones de todo el sur global.

    Sin embargo, si el FMI ganó poder a lo largo de la década de 1990, ha empezado a perder ese poder en el siglo XXI, gracias a una fuerte resistencia popular a las políticas económicas que encarna y el colapso económico que ocasionan esas políticas. Strauss-Kahn fue contratado para rescatar los restos de una organización que, en 2008, tuvo que vender sus reservas de oro y reinventar su misión.

    Ella se llamaba África. Él, FMI. Él la preparó para ser saqueada, para no recibir atención de salud, para morir de hambre. Él la arrasó para enriquecer a sus amigos. Ella se llamaba Sur Global. Él, Consenso de Washington. Pero la racha de victorias de él se estaba acabando y la estrella de ella empezaba a vislumbrarse.

    Fue el FMI quien creó las condiciones económicas que destruyeron la economía de Argentina en 2001, y fue la revuelta contra el FMI (entre otras fuerzas neoliberales) lo que impulsó el renacimiento de América Latina en la última década. Se piense lo que se piense de Hugo Chávez, fueron los préstamos de Venezuela lo que le permitió a Argentina pagar sus préstamos al FMI para que pudiera establecer sus propias políticas económicas.

    El FMI es una fuerza depredadora, abriendo las economías de los países en desarrollo a las agresiones económicas de las corporaciones transnacionales del rico y poderoso Norte. Es su chulo. Tal vez lo sigue siendo. Sin embargo, desde que las manifestaciones anticorporaciones de Seattle de 1999 encendieran el movimiento global, ha habido una rebelión en contra del Fondo, y esas fuerzas han ganado en América Latina, han cambiado el marco lógico de todos los debates económicos para venir a enriquecer nuestra imaginación cuando se trata de economías y posibilidades.

    Hoy, el FMI es un desastre, la Organización Mundial del Comercio está opacada, el TLCAN casi universalmente vilipendiado, el Área de Libre Comercio de las Américas cancelado (aunque los acuerdos bilaterales de libre comercio siguen), y gran parte del mundo ha aprendido mucho del curso intensivo en Política Económica de la década [de 1990].

    Extraños en un tren

    El New York Times informó así: “A medida que entendemos el impacto de la situación del Sr. Strauss-Kahn, los medios de comunicación comenzaron a revelar historias durante mucho tiempo reprimidas o anónimas, de lo que llamaron el comportamiento previo depredador del Sr. Strauss-Kahn hacia las mujeres y su persecución sexual de ellas, desde estudiantes y periodistas hasta subordinadas”.

    En otras palabras, él había creado una atmósfera que era incómoda o peligrosa para las mujeres, lo que hubiera sido algo distinto de haberse tratado de una pequeña oficina. Pero que un hombre que controla una parte de la suerte del mundo, aparentemente se dedicara de forma activa a generar miedo, miseria e injusticia a su alrededor, dice algo sobre nuestra especie y los valores de las naciones e instituciones que toleraron su comportamiento y el de hombres como él.

    En los Estados Unidos tampoco escasean los escándalos sexuales y el olor de la arrogancia; pero por lo menos son consensuados (por lo que sabemos). El director del FMI es acusado de asalto sexual. Si este término lo confunde a usted, olvídese de la palabra “sexual” y concéntrese en “asalto”, en la violencia, en la negativa a tratar a alguien como ser humano, en la negación de los más básicos derechos humanos, el derecho a la integridad corporal y la seguridad personal. “Los derechos del hombre” era una de las grandes frases de la Revolución Francesa, pero siempre ha sido cuestionable si incluye los derechos de las mujeres.

    Los Estados Unidos tienen cien millones de defectos, pero me siento orgullosa de que la policía le haya creído a esta mujer y de que ella tendrá su día en la corte. Me complace no estar esta vez en un país que decide que la carrera de un hombre poderoso o el destino de una institución internacional sean más importantes que esta mujer y sus derechos y su bienestar. Esto es lo que entendemos por democracia: que todos tienen una voz, que nadie se sale con las suyas sólo por su riqueza, su poder, su raza o su género.

    Dos días antes de su arresto, Strauss-Kahn, al parecer, salió desnudo de su cuarto de baño de hotel; había una gran manifestación en la ciudad de Nueva York. “Hagamos que Wall Street pague” era el tema y los trabajadores sindicalizados, los radicales, los parados, y otros –20.000 personas– se reunieron para protestar por el asalto económico en este país, que está creando tanto sufrimiento y privación para muchos, y riqueza obscena para unos pocos.

    Yo estaba ahí. En el vagón de regreso a Brooklyn, un hombre de la edad de Strauss-Kahn le había metido mano a la más joven de mis tres compañeras. Al principio, ella pensó que se habían golpeado accidentalmente. Eso fue antes de que ella sintiera la mano de él en las nalgas, y me dijo algo, como lo hacen las mujeres jóvenes a menudo, tentativamente, en silencio, como si tal vez no estuviera sucediendo eso o que no fuera del todo un problema.

    Finalmente, ella lo miró con rabia y le dijo que se detuviera. Por un momento, recordé mis años de joven de diecisiete años en París y cuando algún imbécil me agarró el culo. Tal vez fue mi momento más americano en Francia, cuando era un país de agarraculos; y digo americano porque llevaba tres toronjas, una compra preciosa si tomamos en cuenta la pequeñez de mis fondos, y se las arrojé, una tras otra, al sinvergüenza, como pelotas de béisbol, por la satisfacción de verlo escabullirse en la noche.

    Su acción, como tanta violencia sexual contra la mujer, estaba destinada sin duda a ser un recordatorio de que este mundo no era mío, que mis derechos –mi Libertad, mi Igualdad y mi Fraternidad, si se quiere– no importaban. Excepto que yo lo había hecho correr bajo un aluvión de fruta. Y a Dominique Strauss-Kahn lo bajaron de un avión para hacerlo responder a la justicia. Sin embargo, que una amiga mía fuera manoseada de camino a casa después de una marcha por la justicia deja en claro lo mucho que todavía hay por hacer.

    Los pobres mueren de hambre mientras los ricos se tragan sus palabras

    Lo que hace tan resonante el escándalo sexual que estallara la semana pasada es la forma en que el presunto agresor y la víctima representan relaciones mayores alrededor del mundo, comenzando con el asalto del FMI sobre los pobres. Ese asalto es parte de la lucha de clases de nuestra era, en la que los ricos, y sus representantes en los gobiernos, han tratado de engrandecer sus propiedades a expensas del resto de nosotros. Los países pobres y en desarrollo del mundo pagaron primero, pero el resto de nosotros estamos pagando ahora, a medida que las políticas y el sufrimiento que imponen llegan a nosotros a través de medidas económicas de derecha que avasallan a los sindicatos, los sistemas de educación, el medio ambiente y los programas sociales para discapacitados y adultos mayores, en el nombre de la privatización, el libre mercado y los recortes de impuestos.

    En una de las apologías más notables de nuestra época, Bill Clinton –quien tuvo su propio escándalo sexual alguna vez– dijo ante las Naciones Unidas en el Día Mundial de la Alimentación en octubre de 2008, cuando la economía mundial se desmoronaba: “Necesitamos que el Banco Mundial, el FMI, todas las grandes fundaciones y todos los gobiernos admitan que, desde hace 30 años hemos estado metiendo la pata, incluyéndome a mí cuando yo era presidente. Nos equivocamos al creer que los alimentos eran otro producto para el comercio internacional, y todos tenemos que volver a una forma más responsable y sostenible de agricultura”.

    Y lo dijo aún más duramente el año pasado: “Desde 1981, los Estados Unidos han seguido una política, hasta el año pasado, más o menos, cuando empezamos a repensarlo, por la que los países ricos que producimos una gran cantidad de alimentos debemos vendérselos a los países pobres y liberarlos de la carga de producir sus propios alimentos, para que, gracias a la bondad, puedan saltar directamente a la era industrial. No ha funcionado. Puede que haya sido bueno para algunos de mis agricultores de Arkansas, pero no ha funcionado. Fue un error. Fue un error en el que yo participé. No estoy señalando con el dedo a nadie. Lo hice. Tengo que vivir cada día con las consecuencias de la pérdida de capacidad de los agricultores en Haití de producir una cosecha de arroz para alimentar a sus familias, a causa de lo que hice”.

    La admisión de Clinton estaba a la altura de la que hiciera en 2008 el ex presidente del Banco Reserva Federal [porque hay que recordar que el “Federal Reserve Bank” no es ni federal, ni es reserva. NdT], Alan Greenspan, en el sentido de que la premisa de su política económica estaba equivocada. Las mencionadas políticas y las del FMI, del Banco Mundial, y las de los fundamentalistas del libre comercio han creado pobreza, sufrimiento, hambre y muerte. Hemos aprendido, la mayoría de nosotros; y el mundo ha cambiado notablemente desde los días en que los que se oponían el fundamentalismo del libre mercado eran etiquetados como “retrógradas analfabetos, sindicatos proteccionistas o yuppies queriendo volver a 1960”, en las mortales palabras de Thomas Friedman, que después debieron comerse.

    Algo notable ocurrió luego del devastador terremoto de Haití el año pasado: el FMI bajo Strauss-Kahn intentó utilizar la vulnerabilidad de ese país para obligarlo a aceptar nuevos préstamos con las condiciones habituales. Los activistas reaccionaron a un plan que estaba garantizado que aumentaría el endeudamiento de un país ya en crisis por el tipo de políticas neoliberales por las que Clinton se disculpó tardíamente. El FMI parpadeó, dio un paso atrás, y accedió a cancelar la deuda existente de Haití con la organización. Fue una victoria extraordinaria para el activismo informado.

    Poderes de los sin poder

    Parece como si una camarera de hotel podría acabar con la carrera de uno de los hombres más poderosos del mundo, o mejor dicho, que podría acabarla él mismo por dar por descontados los derechos y la humanidad de esa trabajadora. Más o menos lo mismo le pasó a Meg Whitman, la multimillonaria de E-Bay que se postuló para gobernadora de California el año pasado. Ella se subió al tren de los conservadores atacando a los inmigrantes indocumentados, hasta que se descubrió que ella misma había empleado a una, Nicky Díaz, como ama de llaves.

    Cuando, después de nueve años, tener a una imigrante se había convertido en algo políticamente inconveniente, despidió a la mujer abruptamente, afirmando que ella no sabía que su empleada fuera indocumentada, y se negó a pagarle su salario final. En otras palabras, Whitman estaba dispuesta a gastar 140 millones de dólares en su campaña, ¡pero tiró por la borda su carrera política, en parte, por una deuda de 6.210 dólares en salarios no pagados!

    Díaz dijo: “Sentí que me estaba tirando como un pedazo de basura”. La basura tenía una voz, y el Sindicato de Enfermeras de California se encargó de amplificarla, y California se libró de la dominación de una multimillonaria, cuyas políticas han brutalizado aún más a los pobres y a la empobrecida clase media.

    La búsqueda de la justicia para un ama de llaves indocumentada y una camarera de hotel inmigrante son los microcosmos de la guerra mundial de nuestro tiempo. Si Nickie Díaz y la batalla sobre los préstamos del FMI del año pasado a Haití demuestran algo, es que el resultado es aún incierto. Podremos haber ganado algunas escaramuzas, pero la guerra continúa. Todavía queda mucho por saber acerca de lo que sucedió en esa suite de hotel en Manhattan la semana pasada, pero lo que sí sabemos es esto: se está librando una verdadera guerra de clases en nuestro tiempo, y la semana pasada, un así llamado socialista se puso en el lado equivocado de la misma.

    Él se llamaba Privilegio, pero ella era Posibilidad. La de él era la misma historia de siempre, pero la de ella era nueva, y hablaba de la posibilidad de cambiar una historia aún inconclusa, que nos incluye a todos nosotros, que es sumamente importante, y que vamos a ver, a hacer y a comentar por muchos años.

    Rebecca Solnit

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