Toda situación de dominación, de explotación, de opresión ya es en sí violencia. No importa que se haga a través de medios drásticos o no” Paulo Freire dixit, y continua:

Es a un tiempo desamor y un impedimento para el amor. Obstáculo para el amor en la medida en que el dominador y dominado, deshumanizándose el primero por exceso y el segundo por falta de poder, se transforman en cosas. Y las cosas no aman. Pero, generalmente, cuando el oprimido se rebela letígimamente contra el opresor, en quién identifica la opresión, se le califica de violento, bárbaro, inhumano. frío. Es que entre los incontables derechos que se adjudica para sí la conciencia dominadora incluye el de definir la violencia, caracterizarla, localizarla. Y si este derecho le asiste, con exclusividad, no será en sí misma donde encontrará la violencia. No será a sí mismo a quién llamará violento. En verdad, la violencia del oprimido, además de ser una respuesta en que revela el intento de recuperar su humanidad, es, en el fondo, lo que recibió del opresor. Tal y como lo señala Fanon, es con él con quién el oprimido aprende a torturar. Con una sutil diferencia en este aprendizaje: el opresor aprende a tortuar al oprimido. El oprimido al ser torturado por el opresor

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