Uno va o dirige o coordina un curso y:

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-hay personas que llegan tarde ….. por lo que se pierden lo más importante de la reunión que es el sentido de la misma o del ciclo en que se encuadra. Yo suelo utilizar las “píldoras” como una forma de “retribuir” al presente, y de que el que suele llegar tarde, piense “que se lo ha perdido” y que probablemetne la vez siguiente llegue más pronto. La mayoría de las veces, si se llega tarde, se pasa uno una hora o dos o tres sin saber muy bien de qué va la cosa, sobre todo, si es una primera reunión. Si pienso en mí, veo que nunca llego tarde a una reunión o a una clase, siempre estoy antes de que hora fijada, y por qué? sencillamente, porque quiero. No hay otra razón para llegar tarde, ni para llegar temprano: querer …. voluntad …. querer llegar a la hora que hay que llegar …. todas son ventajas. En el tiempo de espera, puede uno descansar del viaje previo, puede también hojear un periódico o una revista, puede ponerse al día de lo que va la reunión y darle un repaso y estar más preparado, puede uno conocer a otras personas que también han llegado pronto, puede ir al servicio si es necesario y luego no tener ganas que rompen el ritmo de la atención o de la dirección del grupo. Todas son ventajas con llegar a la hora. Sin embargo, demasiada gente sigue llegando sistemáticamente tarde a las reuniones …. respecto a la hora fijada. Y ni hay justificación, ni sentido en esa práctica tan poco colaborativa.

– hay quien no aguanta toda la reunión y se va antes de tiempo. Eso quiere decir que se va sin saber como han terminado las cosas, pero resulta que uno de los momentos más importantes de una reunión son los momentos finales, porque es donde “se da continuidad” a lo que se ha hecho, formalizando unas responsabilidades, unos objetivos y unas tareas para poder llegar a ellos. Si te vas antes, te pierdes la continuidad y la vez siguiente tienes que ir “a rastras” de lo que ha ocurrido, alterarás al conjunto porque la mayoría “está en el ajo”, y tú tienes que preguntar que pasa y además, no habrás participado en el conjunto del proyecto. Total, que tampoco vale la pena …… y menos para los que se quedan … porque si hay que hacer unas cosas para llegar adonde se fije, hay menos gente para hacerla y ….. total, no recomiendo salirse antes de terminar una reunión.

De ambas cuestiones, derivo, aunque no sea las únicas vertientes, la cuestión de la presencia. No es suficiente con cumplir y estar, sino estar presente, y para ello, es preciso al menos estar en las tres fases de una reunión, es decir, en toda la reunión: antes de empezar y en los primeros minutos, para saber de qué va y para poder participar más plenamente; durante, porque ahí es donde nos jugamos las habas y donde avanzamos … y si no hay experiencia más que probablemente, no haya conocimiento derivado de la misma; y al final, porque la continuidad y las tareas están vinculadas a esos momentos finales … e irse antes … es como romper la propia dinámica de aprendizaje.

Y me diréis: entonces, hay que estar siempre ….. y yo afirmo, sí, si uno tiene voluntad de aprender de verdad …. ahora bien, si lo que quiere es sólo ir y ver y luego utilizar lo que ocurre en ese espacio para “hacerse grande” en otros espacios …. bueno, pero en el fondo esta es una postura demasiado individualista. Yo no comulgo con ella …. pero nada.

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Un comentario en «La presencia»

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