Hoy está lloviendo, y por tanto, la luz “se ha ido”, pero sí, la luz de Madrid es espectacular.

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Esa luz que resulta una parte indiscutible del paisaje, que hace que las cosas se refrenden y brillen de manera especial. Sin duda, si hay una razón para vivir en Madrid es por su luz. Es cierto que es una ciudad con contaminación, como lo son las grandes ciudades y donde el clima además no ayuda demasiado a limpiar, pero Madrid es su luz. Es maravilloso trabajar o esforzarse con esta luz, en principio, nos alegra, nos da ganas de hacer, de vivir. El azul es intenso si miras hacia arriba o hacia un lado, a veces, salteado por unas nubes intensamente blancas. Los amaneceres son preciosos, aunque más los atardeceres, sobre todo en la primavera. Ahí llegó mi afición a los atardeceres, brillantes, enrojecidos, de gran intensidad. La luz de Madrid es, por lo que he visto en más de una ocasión, la luz de la meseta, de los campos de Castilla, una luz que realmente es especial, como transparente, con una gran intensidad. Si me preguntaran que me gusta más de vivir en Madrid …. no dudaría en afirmar que es su luz …. esa luz que excepto en los dos meses de invierno, está presente casi todos los días, alegrando el camino.

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