Bajo el título «La transición necesaria: de la crisis a la sostenibilidad», Ismael Clark Arxer aborda el problema de la interrelación entre crisis y sostenibilidad, al tiempo que hace una introducción didáctica sobre lo que se entiende por sostenibilidad. He aquí la razón informativa por la que reproduzco el artículo de rebelion.org.

«No entender los límites y sin embargo vivir dentro de ellos es el motivo principal por el cual los actuales patrones de desarrollo no son sostenibles. La rotunda aseveración está contenida en un minucioso informe difundido hace ya exactamente tres años por la conocida organización internacional Unión Mundial por la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés).

El informe, difundido bajo el sugerente título “El futuro de la sostenibilidad” denotaba la situación prevaleciente con notable nitidez. Así por ejemplo apuntaba que el conservadurismo político y el egoísmo de los consumidores y ciudadanos ricos, los efectos insensibilizantes de la “abundancia” y del egoísmo intolerante de los adinerados son los principales limitantes de los nuevos cambios estructurales. Cambios que se requieren con urgencia, me atrevo a completar, para avanzar de una vez por todas por el camino de la sostenibilidad, habida cuenta de que crecen por día las evidencias de que la supuesta abundancia consumista no es en modo alguno sinónimo de bienestar o felicidad y sí a menudo el origen de nuevos males.

La sostenibilidad, como concepto, se perfiló hace casi 40 años y constituyó un tema clave de la Conferencia de ONU sobre el Medio Humano que se llevó a cabo en Estocolmo en 1972. En lo fundamental, sugería que era posible lograr el crecimiento económico y la industrialización sin dañar el medio ambiente. Más tarde el Informe Brundtland (1987) definió la sostenibilidad como ‘el desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la aptitud de generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades’. Aunque imprecisa, esta definición puso de relieve dos cuestiones fundamentales: el problema de la degradación ambiental que tan frecuentemente acompaña el crecimiento económico pero, al mismo tiempo, la necesidad de ese crecimiento para aliviar la pobreza. Al momento presente, la principal corriente de pensamiento sobre la sostenibilidad consiste en una idea de tres dimensiones: sostenibilidad ambiental, social y económica, que se extiende y se resume, a mi juicio, en el terreno de lo político.

Lo cierto es que el mundo se ve afectado por otras graves crisis, que se suman a la ambiental: energética, alimentaria, social y financiera, siendo esta última la más perceptible y difundida por los medios de comunicación y también probablemente la más temida por muchos, dado sus efectos a corto y mediano plazo en todos los países, tanto los industrializados como aquellos en desarrollo y la inseguridad que siembra sobre el futuro económico de cientos y miles de millones de personas. Menos perceptibles son aún, para las grandes mayorías, las facetas referidas a las fuentes de energía, la producción de alimentos y la situación de deterioro creciente de factores ambientales, como las fuentes y reservorios de aguas y los elementos biológicos obtenibles de los ecosistemas que están hoy en riesgo.

Sin embargo, cada día se acrecienta la evidencia de que la actividad humana global se torna aceleradamente menos sostenible. No es difícil encontrar las causas, aunque pueda serlo algo más el lograr su erradicación. Para el Dr. W. M. Adams, autor del informe difundido por la IUCN, es una realidad palpable que el modelo dominante de desarrollo basado en la satisfacción ilimitada de los deseos de los consumidores conduce inexorablemente al sobreconsumo. En particular, la población de las economías industrializadas no muestra ninguna conciencia de que los sistemas de producción tengan fallas o restricciones ecológicas. No es de extrañar, en la medida que este modelo es el que han difundido y difunden alegremente en atractivos mensajes los medios de comunicación y la publicidad global como si el mismo no representase ningún problema y fuese por el contrario uniformemente bueno y deseable.

Al decir del Dr. Edward Barbier, otro reputado especialista con más de veinte años de experiencia en cuestiones de economía ambiental y desarrollo, el carácter de las crisis actuales exige un tipo de iniciativa comparable a la del New Deal de los años 30 del pasado siglo pero, a diferencia de aquélla, ésta requiere ser desplegada a una escala global y contar con una visión mucho más abarcadora. Así lo expone en un estudio preparado por encargo del órgano de Naciones Unidas para las cuestiones ambientales (PNUMA), el cual ha tomado como fundamento el citado estudio para lanzar de manera previa a la Cumbre del G 20, hace apenas unas semanas, el que se ha bautizado como “Nuevo Acuerdo Verde Global” (Global Green New Deal), que habremos de comentar más adelante.

El apuntado estudio de Barbier subraya que, a menos que las nuevas iniciativas políticas encaminadas a solventar la crisis financiera aborden otros grandes desafíos globales, la posibilidad de prevenir futuras crisis será de muy corto alcance. De faltar la necesaria visión global, señala el informe, la reanimación de la economía significará muy poco para encarar las inminentes amenazas que vienen dadas por el cambio climático, la inseguridad energética, la creciente escasez de agua potable, el deterioro de los ecosistemas y sobre todo, el empeoramiento de la pobreza a nivel mundial. Para el autor, reducir la dependencia del carbono y la escasez ecológica se hace absolutamente necesario no meramente por preocupaciones ambientales, sino porque hacerlo es la forma correcta, y de hecho la única, para revitalizar la economía sobre una base más sostenible.

El prpuesto Nuevo Acuerdo Verde Global pone el acento en la utilización renovada de mecanismos de mercado, sin dudas con buenas intenciones de carácter ambiental. A partir de ese enfoque, se argumentan los múltiples beneficios económicos, medio ambientales y sociales que reportaría, según sus proponentes, dedicar un porcentaje significativo de los 3 millones de millones de USD concebidos en los paquetes de estímulo financiero, a la inversión en cinco áreas claves para la sostenibilidad ambiental, a saber: 1) Elevar el rendimiento energético de edificios viejos y nuevos 2) Energías renovables incluyendo eólica, solar, geotérmica y biomasa. 3) Transporte sostenible incluyendo vehículos híbridos; carriles de alta velocidad y sistemas de autobuses de tránsito rápido. 4) La infraestructura ecológica del planeta incluyendo reservorios de agua dulce, bosques, suelos y arrecifes de coral. 5) Agricultura sostenible incluyendo producción orgánica. El propuesto Green Deal aboga también por una gama de medidas específicas dirigidas a asistir a países de los más pobres a fin de alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y “enverdecer” sus economías.

Se pasa con ello por alto el hecho innegable, apuntado por Eduardo Gudynas, de que si para algo ha servido la actual debacle económica global es precisamente para cuestionar muy a fondo las ideas que venían prevaleciendo sobre el mercado y su papel. La ampliación abusiva de las operaciones mercantiles, la creación de nuevos instrumentos financieros, y la ausencia intencionada de regulaciones para amparar la especulación han llegado a un límite insoportable. Se tiende a pasar por alto que este colapso de las ideas convencionales tiene también una connotación en el plano ambiental. En efecto, la ortodoxia capitalista liberal que dio paso a la creación de los instrumentos derivados y los mercados a futuro, es la misma que promovió la ampliación del concepto de mercancía hasta incluir en él a la Naturaleza bajo la forma de los llamados «bienes y servicios ambientales». Surgió el abusivo concepto de «capital natural» y se gestaron toda una gama de métodos para calcular el precio de las plantas, los animales, y hasta de los ciclos ecológicos. La Naturaleza y sus componente se hicieron susceptibles de recibir precio y en consecuencia, de tener dueños.

Con la misma aparente impunidad que aumentaba la burbuja financiera en los mercados especulativos, los apuntados argumentos invadieron y se expandieron en el campo ambiental. En 2002, en la Cumbre de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible se terminó legitimando la idea de los bienes y servicios ambientales a realizarse en el mercado. No pocos países apoyaron esa perspectiva y diversos trabajos se dedicaron a la valoración económica de los recursos naturales, se crearon los mercados para comercializar permisos de contaminación, y se experimentaron instrumentos económicos “verdes”. Fue precisamente en ese contexto, como nos recuerda Gudynas, que explotó la crisis financiera en octubre de 2008.

No es posible ignorar a estas alturas el papel relevante del mercado para el funcionamiento del mundo, pero como se afirma por Adams en el informe citado más arriba, la sostenibilidad hay que entenderla ante todo como una idea esencialmente cultural : es necesario sembrar una cultura de sostenibilidad.

Como parte de las experiencias que deben recogerse de la crisis actual, habrá que superar de una vez por todas la visión reduccionista, mercantil, del manejo de los recursos ambientales y reconocer que la temática ambiental depende sobre todo de una construcción política, y en particular que esta debe ser de un carácter público, estatal. Expresado de modo más directo, el mercado debe quedar bajo una regulación social, expresada en una política estatal.

Pienso que tienen razón quienes afirman que la búsqueda de la sostenibilidad hay que concebirla como una trayectoria social, como una elección consciente y que esa elección debe ser ofrecida dentro de un sistema estructurado de alternativas. El desafío es racionalizar y reconciliar los logros contrarios del progreso humano y proporcionar alternativas que permitan a las personas separar los fines (felicidad, libertad, satisfacción, una diversidad de opciones) de los medios (trabajo, ingresos, riquezas, posesiones, consumo, poder).

Es particularmente cierto que el desarrollo tecnológico comporta por igual oportunidades y riesgos, y sus implicaciones son a menudo imprevisibles. En todo caso, los avances en materia de restauración ecológica son alentadores en cuanto a la posibilidad de mejorar y restablecer los servicios de la biodiversidad y los ecosistemas, pero la capacidad humana para la estructuración ecosistémica entraña límites bien definidos. No es en modo alguno admisible como opción la de “desarrollarse ahora y restaurar los ecosistemas después” y resulta tanto más arrogante la posición asumida por los países desarrollados que afirman no estar dispuestos a negociar sus estilos de vida. Durante décadas, la interpretación que prevaleció en la sociedad fue que los cambios en los ecosistemas eran generalmente reversibles; que una vez que se hubiese eliminado el factor de perturbación, los mismos volverían a su estado anterior. Esta metáfora reconfortante sugirió que no había motivos para temer que el mal empleo humano del medio ambiente global condujera a un colapso irreparable. En la actualidad, en cambio, la ciencia muestra que las dinámicas no lineales son elementos inherentes al funcionamiento de los ecosistemas. Los lagos contaminados no necesariamente regresan a su estado anterior cuando cesa la contaminación; no se puede esperar que el clima experimente una variación media aproximada a las condiciones de los últimos 30 años; es muy probable que la extinción de ciertas especies cambie la amplitud y frecuencia del cambio ecosistémico en formas tales que restrinjan las oportunidades humanas; los nuevos compuestos y la manipulación genética de taxones ampliamente distribuidos, bien pudieran generar cambios en la forma y función de los ecosistemas.

Los recursos del planeta no son infinitos. El futuro del Mundo depende del patrón de consumo que prevalezca. Se requiere rediseñar y reconstruir la economía global para que las personas puedan obtener más a la vez que consumen menos. Como afirma el informe IUCN, un componente promisorio en ese camino es fomentar una economía de servicios en lugar de objetos, que genere valor para la sociedad sin generar necesariamente desperdicios o sin implicar un gasto físico o energético innecesario. A su vez, la resiliencia de la biosfera es crítica para la sostenibilidad de la civilización y por ello la ciencia de la resiliencia (o capacidad de regeneración de la Naturaleza) será fundamental para entender el desarrollo futuro de los acontecimientos. Esas serán vertientes definidas, aunque no las únicas, de la nueva ciencia de la sostenibilidad»

Entradas relacionadas

Más ….. más …… y más …..Para desarrollar un espacio de innovación SE NECESITA MÁS:- más DIVERSIDAD (pensar globalmente, culturalmente, holísticamente ….. y menos “pensamiento único” o teoría para todo y para todos)Para pensar en diversidad es preciso generar unas condiciones favorables de interrelación entre los actores. Se tienen que romper muchas barreras, muchas de ellas invisibles y/o inconscientes que nos acompañan en lo cotidiano y a las que nos hemos acostumbrado tanto, que hasta cuando parece que podemos liberarnos de esas barreras, ponemos pegas y hasta nos enfadamos cuando nos conducen por esos arrabales. No hay barrera que se caiga sola, es preciso ayudarla actitudinal y físicamente. En este caso, existen unas costumbres o modus operandi, por lo que a la gran mayoría nos han metido en unos rediles donde la uniformidad –igual que la verdad o hasta la jerarquía, se dan por leyes globales y nos acompañan en nuestro quehacer-. Menos mal que el tiempo de aprender casi siempre coincide con la juventud y en ella hay algo que nos lleva a mostrarnos o ser distintos de nuestros mayores, porque si no contásemos con esa cuestión a favor, sería más difícil aún entrar en la diversidad. Pero como todo, las murallas se han de ir deteriorando, pero no eliminándolas del todo, porque si así fuese pudiera ser que no pudiéramos resistir el cambio. La diversidad se acepta mejor para otros o para animales o para cosas inanimadas, y la apreciamos, pero no es tan fácil aceptar la diversidad en la verdad, la inestabilidad de lo que sabemos, su provisionalidad, la riqueza de las opciones o de los acercamientos a cada fenómeno, la no-linealidad en lugar de cualquier semejanza con lo mecánico y/o seguro-automático. Abordar a diversidad surge del intercambio, del conocimiento de lo otro, de la superación de las verdades y dogmas, de la relativización de todo o casi todo. Caminar en la diversidad es caminar en la libertad. Para llegar a ese camino, se hace preciso conocer, pero sobre todo conocer al otro, conocer al diferente, al diverso, y comprenderlo, no sólo verlo, sino vivir con el/ellos/ellas, y por tanto, comprender con otros, rompiendo con el juego solitario y aislado del que busca la notoriedad aprendiendo solo, en su camino hacia la heroicidad. Si caminamos con otros, las cosas se ven diferentes, a no ser que aquellos con los que caminemos sean tan tan parecidos a nosotros que eviten de igual forma ver lo diferente. El grupo prepara el camino de la diversidad, siempre que el grupo no sea algo aglutinado y homogéneo, sino un todo interdependiente y diferente, o al menos, mínimamente diferente, tanto en cuanto sus objetivos como en sus medios, recursos y conocimientos. La búsqueda no se hace pensando en la diversidad, sino pensando y trabajando-investigando en conocer, en aprender, en investigar, en vivir. La vida no sólo es rica en consideraciones, sino que apreciándola llegamos a ver sus matices, su diversidad, su variedad, y alguien y siempre encontrará algo que nos sorprenderá y lo incorporaremos en el bagaje intelectual compartido en dónde llegaremos a movernos. Por otra parte, la diversidad y la identidad en los pueblos están muy cercanas. Precisamente la supuesta identidad nacionalista conduce a la dificultad de percibir la diversidad o verla siempre como maligna, como perseguible, y es una buena causa de conflictos y guerras. El etnocentrismo aparece de esta forma como la antítesis de la diversidad, y busca la homogeneidad y lo único, “lo verdadero”.Casi en cualquier caso, el conocimiento nos permite ir rompiendo las barreras de las formas únicas, verdaderas, etnocéntricas y homogéneas. Y especialmente el conocimiento que se forja a partir de un grupo, de ellos mismos. – más PRACTICIDAD-aplicabilidad (pensar para cambiar, no pensar sólo para saber, aunque nadie encuentre el sentido práctico de lo que “se sabe”)Construir o seguir ideologías es no sólo fácil e irreal, sino que puede y normalmente maneja a las masas y les evita pensar, sustituyendo su libertad y alienando socialmente. – más LIBERTAD, más autonomía, más autoaprendizaje, y menos institución (las instituciones en el mejor de los casos llevan de diez a veinte años de retraso sobre lo que es y lo que se sabe, en el sentido anterior)- más COMUNICACIÓN, en todos los sentidos, de abajo a arriba, de arriba a abajo, en horizontal -tal vez la más necesaria y menos utilizada-. Para ello se precisa más ESCUCHA, y mayor sentimiento de que el otro puede “siempre salvarnos”.- Más ACCIÓN, más pruebas, más experimentaciones, más espacios de acción, todos ellos interrelacionados (y menos darle vueltas a las cosas y seguir dándoles vueltas). Esto se aplica a la educación como a la empresa o a la sociedad.- Más INTERCOMUNICACIÓN, mayor interrelación, más ramales de lo mismo, y por tanto, más profundidad y menos superficialidad en todo, en las relaciones, en la interacción de los objetos, en todo. Es preciso cuidar asimismo los espacios físicos, porque condicionan de forma importante las relaciones entre personas. No es lo mismo un espacio enfrentado, como es el propio de los colegios y escuelas, a un espacio redondo, donde todos nos veamos las caras.- Más INVESTIGACIÓN, más búsqueda, más inquietud, más iniciativa, como contraposición a quedarnos sentados viendo o leyendo lo que otros hacen o encuentran.- Más amplitud e interrelación SOCIAL. Empresas, Estado o Educación se muestran demasiado encerrados en sí mismos y no en un espacio social y socializador más amplio. Abrir las aulas, extenderlas al exterior de los edificios, hacia la naturaleza, hacia nuestra vida y nuestra historia …. pasear, admirar lo nuestro, ver lo ajeno y también admirarlo. Integrarlo todo en un espacio complejo.- Más PASIÓN, más sentimiento, más enamoramiento de lo que podemos saber y lo que ya sabemos- Más INDUCIR, INVITAR, MOTIVAR A APRENDER y menos obligar a aprender. Tenemos que sentir el amor a aprender, y a aplicar, y que aplicando analizar lo que aprendemos y nos sirve de referencia para mejorar al paso siguiente.- Más PROYECTOS, más iniciativas, más emprendimientos, más riesgos y menos repetir lo mismo, hacer lo del año pasado. Nada es perfecto, sólo viene a serlo la necesidad de mejorar lo que ya se conoce.- más VARIEDAD en lo que se hace o lo que se aprende: ¡hay tantas cosas de las que podemos disfrutar!- más EXPERIENCIA, más vida, más sentirlo tú mismo, que vivir la vida que otros ya han experimentado y vivido. Cosas vivas para vivir.- Más MOTIVACIÓN-INTERÉS, y menos controles (y si los controles son “inevitables”, devolverlos corregidos y mostrando lo que no se ha aprendido bien o se puede mejorar). El control sólo amedrenta, pero ¿enseña? Vincularlo con “más libertad-autonomía”.- Más FLEXIBILIDAD y al tiempo, más PLANIFICACIÓN (flexible, por supuesto: la planificación si no se cumple ya ha cumplido su papel: dignificarnos como personas que quieren ir hacia allí y no hacia otro lado: saber adónde se quiere ir)Todo esto y más es lo que se puede conseguir en espacios de innovación, basados precisamente en aprender metodologías que conllevan el cambio hacia la libertad, la diversidad y transversalidad de conocimientos y personas, la intercomunicación y otros Para ello es preciso enfatizar en las potencialidades y competencias de los profesores, de los directores, de los coordinadores …… Pocas veces, todas o alguna de estas cuestiones no son debilidades estructurales y formativas de los mismos. Y casi siempre pueden mejorar mucho las cosas que hacen y cómo las hacen. Por tanto, todo lo escrito constituyen TENDENCIAS NECESARIAS PARA ENFOCAR, ORIENTAR Y ORGANIZAR LA INNOVACIÓN SOCIAL, la INNOVACIÓN ORGANIZATIVA, LA INNOVACIÓN EDUCATIVA Y TODO TIPO DE INNOVACIÓN. Hay otras, pero ya he hablado de muchas. En todo caso, si queréis ayudarme …. estaría encantado.De las Debilidades Estructurales y cómo convertirlas en ÁREAS DE MEJORA ESTRUCTURAL y OportunidadesDe cualquier forma, en mi criterio, son cuatro los puntos “débiles” o de mejora en que se podía aglutinar todo el problema:Más participación y consiguientemente, más grupo. Se precisa formarse en grupos y en su metodología para generar espacios de participación. No se aprende por “ciencia infusa”, sino trabajando intensamente, formándose en aquello que es la clave para participar, saber cooperar y trabajar en grupo. Hemos conseguido reformular una metodología grupal que permite a un profesor o a un director o a un coordinador en nueve pasos, nueve reuniones y un espacio virtual entre ellas, buscando la aplicabilidad, y con un apoyo asesor a sus proyectos docentes, empresariales o cooperativos, pueda ser un buen líder grupal y generar un espacio abierto de cooperación y participación en el aula, en los grupos, en la empresa o en las organizaciones del tercer sector. Por tanto, más participación implica más grupo y, consecuentemente, uno tiene que conocer en profundidad cómo puede facilitar la construcción de grupos, su desenvolvimiento y su materialización en aprendizajes o proyectos innovadores. Más acción, fomentar la acción y la practicidad de lo que se hace, el sentido real, de las cosas experimentadas. El aula suele estar muerta y mirándose al ombligo, encerrada en sí misma. Y lo mismo, la empresa o la organización comunitaria. Les falta acción. Claro que la acción siempre comporta mayor riesgo, sobre todo, de errores (“el que tiene boca, se equivoca”, el que hace y va a la realidad de la vida, aprende equivocándose, pero difícilmente no se equivoca, aunque luego lo sepa aprovechar para hacerlo mejor). La acción debe correr en paralelo, pero una milésima de segundo adelantada sobre la investigación: action-research es el mejor método para acercarnos a una acción que nos beneficie con su aprendizaje continuo, basado en gran medida en el error (que suele ser el buen aprendizaje), y a la vez nos permita saber que ocurre para que las cosas vayan como van, y en cierta medida, replantear continuamente la planificación de la acción y el problema saber verlo desde varias perspectivas. La acción es una asignatura pendiente de las aulas, y de las organizaciones empresariales o sociales y no digamos de la administración pública. Más internet, más virtual, menos tiempo de aula y más trabajo en la casa o donde sea, con sus compañeros o sólo, pero utilizando software y plataformas que realmente mejoren y amplíen las posibilidades y oportunidades del aprendizaje aportados por el mundo virtual. Para ello, se precisa mucha orientación, porque ni en la institución enseñanza, ni en la organización, se plasma más que los conocimientos de los individuos que en espacios de aprendizajes compartidos horizontalmente. El gap-hándicap de profesores y generalmente coordinadores respecto a sus alumnos o a sus colaboradores en el plano internet suele ser muy amplio, y eso les lleva a utilizar peor esos instrumentos y en términos relativos, y a tender a “encerrarse” en su poder, evitando el avance de su organización, sea la que sea. Para que obtengamos de internet lo que es posible, y es mucho, es preciso que experiencias y conocimientos de “los de abajo” sean las que lideren las aulas o las organizaciones, y siempre sabiendo que en la mayoría de los casos, internet o el mundo del software nos aportan un complemento extraordinario de lo que ya sabemos hacer, lo que permitirá aumentar nuestras posibilidades y mejorar ostensiblemente lo que aportamos. Más planificación, previsión, saber lo que queremos hacer y con qué ritmos. Nuestras plataformas docentes u organizativas han de estar planificadas, no para acertar –que también-, sino para saber en cada momento lo que hacemos y por qué lo hacemos. La cuestión de los ritmos es muy importante. Y los ritmos demasiado estresados fragmentan las posibilidades y hacen menos positivo el esfuerzo. Saber pensar en términos de ciclos, de ciclos de innovación, donde la presencia se sigue de la “ausencia” virtual, forjándose así una continuidad en el proceso; o que todo se organiza según las máximas de la metodología científica, sabiendo que no podemos esperar que todo tenga el mismo ritmo, sino que hay cosas que se pueden plantear en términos diarios o semanales o mensuales o trimestrales o anuales. Y eso, refinarlo. Los ritmos son como los latidos, importantísimos para que el organismo funcione mejor y con menos disfunciones. En estos tres meses ….¿Qué he aprendido estos 3 meses?Ya han pasado tres meses desde el inicio de curso. A lo largo del mismo tenemos distintos profesores con distintas maneras de impartir sus clases: unos centrados en la teoría, otros centrados en las prácticas y otros centrados en reflexiones y en la dinámica. ¿Cuál es la mejor manera de aprender?Los estudiantes no queremos estudiar, no queremos estar tardes y tardes estudiando teorías de memoria para que en cuanto pasemos el examen se nos olvide todo. Porque eso es lo que pasa, las cosas que se estudian mal y sin ganas se terminan olvidando con el tiempo. Tampoco queremos hacer trabajos interminables en los que no tienes tiempo para otras asignaturas. Entonces, ¿qué es lo que los estudiantes queremos? Queremos aprender, no memorizar.¿Cuál es la mejor manera de aprender? Participar y escuchar a otros. Cuáles son sus opiniones y discutir sobre ello. Descubrir por nosotros mismos, porque el maestro no es sino una herramienta para el aprendizaje, un guía que nos ayuda a seguir hacia delante, que nos da pautas. El verdadero poder de aprender reside en nosotros mismos.Una buena manera de aprender es mediante grupos. Gracias al trabajo en grupo podemos aprender no sólo sobre el tema que decidimos tratar, sino que aprendemos a escuchar al resto de los integrantes, aprendemos a organizarnos, a expresarnos, a conocer distintos puntos de vista, a llevar a cabo trabajos en conjunto, a trabajar con gente que tiene distintos objetivos y opiniones, a solucionar posibles problemas que surjan… Aprendemos a ver más allá de lo que pensamos, y eso en nuestra carrera considero que es muy importante. Publicado por sandrel

14 comentarios en «Sostenibilidad»

  1. Muchas gracias por el artº que nos has brindado, que me parece magnífico. Y por las imágenes que ayudan a acotar eso tan escurridizo todavía que llamamos sostenibilidad y que nos esforzamos en concretar y especificar, cada cual como puede y Dios le da a entender.

    Estos son algunos de los valores que yo creo deben empapar una sociedad que pretenda ser sostenible.

    http://forodeltransporteyelferrocarril.blogspot.com/2009/09/proposito-de-la-ley-de-economia.html

    Muchas gracias y un saludo

  2. Pienso que estamos muy lejos de la sostenibilidad, igual que vosotros indicáis en vuestro artículo. En este momento, mi referente sería que todo producto llegase a ser reciclable, y la mejor garantía tal vez fuera que las empresas en vez de vender los productos, los alquilaran y se comprometieran al reciclaje total de los mismos. Somos ya tantos, y ocupamos tanto espacio, que como no seamos realmente radicales en este punto, la sostenibilidad, si es que alguna vez ha existido, nunca va a hacerlo.

  3. Lo peor de las leyes en países como el nuestro es que se convierten sencillamente en propaganda con caducidad casi inmediata, y su puesta en práctica se demuestra rebasada por los acontecimientos. No es tanto que tengamos más leyes, como que tengamos más respeto por los demás, y lleguemos a pensar que «el otro es el que nos salva». Una ley más no arreglará a la naturaleza, ni tampoco hacer pagar por las contaminaciones sirve más que de excusa para seguir contaminando. Es un punto de supervivencia, en paralelo con lo que ocurre con el interdependiente cambio climático.

Responder a roberto carballo Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.