Ya saben lo que pasa con los libros, los tienes ahí guardados, no te acuerdas de ellos y de pronto, te acuerdas, y ya los has leído, pero buscas en ellos algo diferente, y lo encuentras. Eso me ha pasado con un libro de Bukowsky que me ha servido para hacer un comentario en una entrada que hoy había escrito. He seguido hojeando, tampoco mucho, porque Bukowsky no tiene desperdicio y me encontré con esto que sigue. Me alegró mucho porque hacía una media hora había comido y llevé los platos de vuelta a la cocina, y realmente estaba algo recargada de cosas y sin recoger, y me pregunté si valía la pena arreglarla, sin pensarlo y sin contestar, me fui a seguir leyendo la novela que ahora me acompaña de Murakami …… ahora he encontrado esta joya del gran Bukowsky.

“a menudo, el estado de la cocina es el estado de la mente, los pensadores son hombres confusos e inseguros, hombres flesibles, sus cocinas son como son sus mentes, llenas de basura, de cubiertos sucios, de impureza, pero ellos son conscientes de su estado mental y encuentran cierto humor en él, a veces, en una violenta explosión de fuego, desafían a las deidades eternas y aparecen todos resplandecientes con lo que solemos llamar creación; y lo mismo hay otras veces que están medio borrachos y limpian sus cocinas, pero pronto cae todo de nuevo en desorden, y ellos vuelven a verse en la oscuridad y necesitan píldoras, oración, sexo, suerte y salvación. el hombre que tiene la cocina siempre ordenada es un chiflado, sin embargo, cuidado con él. el estado de su cocina es el estado de su mente: todo en orden, asentado, ese hombre ha dejado que la vida le condicione ràpidamente a un complejo vil y endurecido de orden mental, defensivo y suave. si le escuchas diez minutos te darás cuenta de que todo lo que dice en su vida será básicamente insignificante y siempre estúpido. es un hombre de cemento. hay más hombres de cemento que de otras clases. así que si buscas un hombre vivo, mira primero su cocina y ahorrarás tiempo”.
ahora bien, la mujer que tiene la cocina sucia es otro asunto ……

Leer a Bukowsky contagia, contagia hasta el estilo. Se hace uno más directo, sin ambages (he tenido que ir a comprobar como se escribía este palabro porque es la primera vez que lo escribo o lo veo escrito, eso creo).

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