Empecé recordando un cuento de esos alucinantes de Roahl Dahl, uno en que la mujer acaba de un golpe de “pierna de cordero” congelada con el marido que la quiere abandonar, pierna luego asada que acaban consumiendo los policias que se encargan del esclarecimiento de la muerte. No sé por qué empecé por ahí. Estaba desayunando y me acordé. La papaya estaba especialmente rica, aquí le llaman mamão, y el café “ótimo”, como también gustan decir. Claro que la te no es realmente una te, sino una tche o algo así, aunque muy suave y silibante. Pero supongo que eso no tiene importancia. Todo me hizo recordar el mal café que hago en mi cafetera de estilo americano, y que más tomo por costumbre que por otra razón -todo el mundo me dice que debía de dejarlo, y probar con algo menos duro para mi estómago, pero las costumbres y “os amoriños primeiros” son muy malos de “olvidare”, que dice la pandeirada tradicional gallega- y en cómo podría mejorarlo, aunque si lo mejoro, igual tomaría como aquí dos o tres tacitas ….y eso sería contraproducente con mi estómago ….. en fin, un callejón sin salida, de los muchos donde estoy metido. Inmediatamente vino a mi memoria Dahl, por qué? no encuentro ninguna relación, tal vez porque las neuronas trabajadoras que se habían quedado con la información lo dispusieron así. Me detuve a pensar si tendría algo que ver con algo que me ocurría ahora, y sin duda, encontré más de una relación, probablemente si no fuera así, no recordaría algo que no venía a cuento del mamão y del cafetito. Me preparé un panecillo -que también debiera evitar, para no aumentar grasa, segun me dijo Carmen, mi homeópata- con un poquito de queso, y me acordé del jamón, que aquí no hay, y allí me voy al Eroski y me compro medio kilo por seis euros -indudablemente no es demasiado bueno, pero sirve para hacerme el gusto y comerme un buen bocata de jamón con el café. Me encanta mojar el pan-jamón, sobre todo si es pan fresco, con el café. Se lo vi hacer a mi padre, él lo hacía también con una tortilla francesa, y también a veces, raras, lo hago, es un sabor agridulce que, como todos los agridulces que valen la pena, son estupendos, de futuro. Bueno, no había más que eso que llaman chopped o jamón york o sucedáneo, preferí poner sólo una rajita de queso. Creo que en ese momento fue cuando me acordé del cuento de Dahl. Hay una escena fabulosa en que la señora va a comprarle al tendero complementos que necesita para asar la pierna asesina, y ensaya la escena. Eso me llevó a las caras que tenemos, a cuantos somos en uno mismo, a cuantos podemos ser hasta en un tramo de tiempo singularmente corto. Y la premonición del alzheimer recorrió fugazmente mi mente, y la aparté con una canción, una que recordaba de Azúcar Moreno que decía algo que así como que “sólo se vive una vez”, muy en consonancia con la actitud carpe diem extendida entre nuestra juventud y ahora sociedad: vivir flashes, vivir intensamente, vivir el momento, que no se va a volver a vivir………………. Esta claro que fue un desayuno -y solo cuento algunas cosa- que para ser solitario, dió “mucha guerra”.

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Un comentario en «Cuantos somos»

  1. Me ha sorprendido agradablemente este video de estas Azúcar Moreno con la energía que desplegaban. No puedo dejar de publicar la letra. Me lo pide mi corazón.

    Sólo se vive una vez
    Azucar Moreno

    Si no quieres aguantar
    y te quieres liberar.
    Una frase te diré:
    Sólo se vive una vez.

    Si no quieres discutir
    y te quieres divertir.
    Escúchame bien:
    Sólo se vive una vez.

    Apaga el televisor
    y enciende tu transistor.
    Y siente unas “cosquillitas “ por los pies.
    Prepárate pa’ bailar
    y cuenta luego hasta tres.
    One, two, three, Caramba!

    Dale marcha al corazón, que caramba!
    Dale al cuerpo bacilón, que caramba!
    Sólo se vive una vez.
    Quítate la represión, que caramba!
    Suelta el pelo a la pasión, que caramba!
    Sólo se vive una vez.

    Si te importa “ el que dirán “
    y te quieren enrollar.
    Recuérdalo bien:
    Sólo se vive una vez.

    Si te quieren amargar
    con problemas y demás.
    No te dejes convencer:
    Sólo se vive una vez.

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