Sería ingenuo afirmar que es fácil salir de la pobreza. La pobreza se convierte en una especie de cárcel, se ha dicho, un círculo vicioso, pensando en ese carácter estacionario y repetitivo del círculo, sin salida de su propia dinámica, como lo es la predestinación religiosa o esas montañas rusas sin más salida que seguir para llegar al mismo sitio. Es en gran medida cierto, pero no del todo. Frente a esta idea pesimista, está aquella excesivamente optimista que ve posible salir “si uno se lo propone”, tal vez hasta más incierta que la primera, pero que sirve para que las clases no empobrecidas reduzcan sus sentimientos de culpa a cero: “si están así es porque no han hecho como nosotros. Es que no quieren trabajar”. Tiene que ser terrible para un pobre que quiere salir del pozo, oír estas cosas, le tiene que sublevar, es una injusticia sumada a otra injusticia. La pobreza se reproduce como pobreza, y hasta como envilecimiento; es difícil salir, muy difícil, aunque no imposible. En todo caso, salir casi siempre acaba significando arrastrar, como en las novelas negras, un estigma. Es cierto que quién llega a salir, siempre puede pensar que se ha hecho a sí mismo y que muchos a su alrededor o no lo han intentado o no lo han conseguido o no han tenido tanta suerte o hasta puede llegar a pensar como el establecido que pensaba que era porque eran más tontos que él o menos emprendedores. También hay muchos que superan el nivel vicioso del círculo y piensan en cómo ayudar a otros a superarlo, quieren remediar esa injusticia, y buscan diversas opciones para contribuir a hacer más humana la sociedad de la que partieron.

En cualquier caso, la proposición de que es más difícil salir del círculo vicioso y que no sólo es una cuestión de voluntad, está más cerca de la realidad social. Es cierto que muchas personas no tienen energía ni ganas para salir y hasta encuentran buenas formas alternativas de subir rápidamente, con lo que ellos suponen “un pequeño esfuerzo”, que pronto les malacostumbra a vivir relativamente bien y con mucho poder, sin haber hecho un gran esfuerzo por conseguirlo, sino sabiéndose acompañar de personajes límites o off limits, o bien utilizar su cuerpo para “dar el salto”. A mi me parece realmente difícil superarse en esas condiciones. Por eso, el chico fotógrafo de “La ciudad de Dios” tiene tanto mérito sobreviviendo al ambiente que le rodea en la fabela carioca. El Buscapé acaba superando tanta violencia que le rodea, tal vez por eso la película tuvo tanto éxito porque la intelectualidad y pequeña burguesía que la admiraba, sentía que había esperanza. Tal vez la realidad es un poco peor, un poco peor ….. o tal vez un mucho. Aún así Meireles supo sacar partido de una realidad compleja ……

Salir de la pobreza tiene mucho que ver con el sentido del padre, bajo la mirada atenta y organizadora de la madre. En la pobreza, los defectos sociales, como por ejemplo el machismo, se acentúan. Lo cierto es que hay padres naturales, pero pueden ser, por muchas razones, “poco padres”, salvo excepciones. Tantas veces son las madres las que no sólo sacan adelante a los hijos –como se sabe las políticas de microcréditos son mucho más eficaces si se encauzan hacia las madres que hacia los padres, porque las primeras tienden a dar un paso en la educación o mejor educación de sus hijos, mientras muchos padres tienden a despilfarrar los créditos en tonterías, ilusiones o en vicios-, sino que proporcionan el sentido paterno preciso para que el hijo se interese por lo mucho que todavía puede hacer para “llegar a ser o estar” en mejor posición que su padre/padres. Pero en la pobreza hay “poco padre”, ya hay bastante con seguir como se está, con sobrevivir al entorno, con al menos no caer más bajo. Por eso, es tan importante utilizar un sustituto del padre, un sustituto científico, auténtico, que no elimine al padre, sino lo recupere, y permita adentrarse a los hijos en el cómo, en las oportunidades, en lo que es posible, y aunque uno se equivoque varias veces, siempre es posible volver a intentarlo. Método. Es lo que normalmente nos permite ser y atrevernos, saber algo sobre como se pueden hacer las cosas. Encontrar un apoyo en lo que otros ya han experimentado y les ha funcionado. Por eso, introducir método, sobre todo método científico y método grupal en la pobreza es un gran motivador, porque permite a las personas sentirse identificadas con algo, con ellas mismas, y hasta recuperar los planos indecisos que les han aportado padre y madre naturales. La pobreza se disuelve –con dificultades, pero se disuelve- a partir del método, el método que nos permite saber cómo intentarlo, que nos permite atrevernos, que nos permite desarrollar las muchas o pocas capacidades que tengamos, que nos ayuda a protegernos del entorno, y a saber distinguir entre las alternativas que se presentan. Tendríamos que aportar método a la pobreza, y no subvenciones o caridades múltiples que al final no tienen más resultado que el enriquecimiento de algunos y el mantenimiento de la pobreza en la mayoría. La pobreza tiene que hacerse consciente de que puede construir su propia ruta para salir del círculo, una ruta basada en hacer el camino al andar, y que al mirar atrás podamos ver que algo se ha recorrido.

Entradas relacionadas

3 comentarios en «Pobreza»

  1. Muy bien , Roberto.
    Todos nacemos pobres,desnudos e inválidos. La pura competencia seria la desaparición de la especie humana. La cooperación és tan natural como la competencia. Esto vale para todos, incluso para los que miran a los pobres como si fueran de otra raza. Santi

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.