Desde el comienzo de la telefonía móvil no he entendido sus precios, en mi opinión desorbitados en relación con los costes de inversión y mantenimiento del sistema. Las llamadas entre móviles y toda su tecnología son muchísimo más baratas que las fijas, máxime cuando esto ha coincidido con la digitalización de las redes. Siempre lo han sido. La inversión inicial es mucho más baja, requiere de menos artilugios tecnológicos y no se justificaban los precios, más que por la novedad del servicio y la inflación de demandantes, que estaban dispuestos a pagar lo que fuera para disponer de ese servicio. Sigue siendo exactamente igual, o supongo que el desfase entre inversiones -si ahora fueran necesarias las mismas en teléfonos fijos- serían igualmente muy superiores a las correspondientes a la red de móviles.

Ocurre que ahora el fijo es residual, en el sentido de que se ha llegado casi a un precio cero, al menos en llamadas urbanas e interurbanas y a través de diferentes artilugios como tarjetas o skypes de muy bajo coste en las internacionales. Es cierto que han aparecido nuevos nichos de ampliación del mercado o de oportunidades de cobrar más a través de los números 900 y 800, y han dado buenos beneficios a las operadoras, pero son residuos de un sistema cuyos precios tienden a cero, y donde ya no se invierte, sino que hasta se regalan las suscripciones o los aparatos para que uno invierta en adsl o en en otras fuentes de ingreso más saneadas de las operadoras -sobre todo, porque al menos en España, han seguido manteniendo una tecnología antigua, antigua, a más no poder, tanto que hasta resulta difícil hablar realmente de banda ancha, hablando en términos de adsl-. En cualquier caso, siempre el móvil nos ha resultado inexplicablemente más caro que el fijo, cuando las inversiones necesarias son sin duda inferiores, y los costes de mantenimiento también.

Lo que ha ocurrido es que ha sido un gran negocio, con una demanda siempre tensa y explosiva, que ha convertido el móvil hasta en un producto de “standing social”. La aparición en el mercado de nuevos aparatos, como ha sido el caso del famoso apple, ha dado lugar hasta a histerias colectivas para “ser los primeros” en poseerlo. Manifestaciones lamentables de sociedades de la abundancia, del consumismo y del histerismo colectivo, de las que también las operadoras han sabido aprovecharse oportunamente.

Ocurre, sin embargo, con el móvil lo mismo que con el fijo. Desde hace años es posible hablar con menor coste o con un coste muy bajo o casi hasta cero, utilizando plataformas que aprovechan las oportunidades tecnológicas que el desarrollo de la red internet ha ido ofreciendo. Hasta ahora parece que esas ofertas estaban fragmentadas y resultaba “pesado” utilizarlas, y teniendo en cuenta el rol social del móvil, no siempre era oportuno hacerlo y menos delante de los amigos. Pero el tema estaba ahí, solo alguien tenía que ofertar un software fácil de incorporar a los móviles y también de fácil manejo y ponerlo en el mercado. Parece que estamos ante una pequeña revolución típica internet en este sentido. Hoy un periódico nacional nos informaba de que una empresa “Másmóvil” ofrece un servicio que integra el servicio de redes sociales, donde la gente tiene sus “amigos” (sic) con el móvil y con unos márgenes de uso gratuito muy altos. Según parece la empresa ya tiene más de 100.000 clientes en nuestro país, supongo que la mayoría jóvenes que han sabido encontrar rápidamente la oferta barata para utilizar su “pasatiempo favorito” de forma más ventajosa. Esta claro que esto va a hacer mucho daño a las operadoras tradicionales. Y va a beneficiar la ampliación de las redes sociales. Cosas de los avances tecnológicos.

Tal vez ahora resolverán -para mí al menos- y se hará justicia con el inexplicable precio de las llamadas mediante móvil. !Ya era hora!

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