Ayer estuve en el Festival de Música Celta de Ortigueira, un lugar clásico, que ví que sigue siéndolo, porque lo “clásico”´, lo de las raíces, lo de siempre, toca el sentimiento y la gente llegamos a vibrar con esas cosas. Tanto la Banda de Gaitas como Seivane son de clásicas a un poco menos, pero buscando en las raíces, en aquello que de pronto mueve nuestros pies y cuerpo y puedes saltar como un “descosido”. Me pregunté por qué ese tipo de música folk nos hace ese efecto en nuestros sentimientos profundos, tanto que hasta puedes de pronto darte cuenta de que una lágrima recorre tu rostro. ¿Es que lo has aprendido ya de pequeño, “lo conoces”, es como si brotara del interior, o más bien, es algo todavía más estructural culturalmente y hasta humanamente que encuentra en lugares recónditos de nuestro cerebro y de nuestros sentimientos su espejo y referencia? No sé, pero lo cierto es que me gustó mucho poder vivir otra vez esa experiencia, y la viví con agrado. Y todo a pesar de que en principio no me daban muchas ganas de ir, pero al final …. me sorprendí a mí mismo participando de esa gran fiesta que yo viví ya en el primer festival, tal vez hace más de treinta y cinco años.

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