Es una buena práctica, volver a intentarlo. La vida esta también llena de ciclos y de altos y bajos, y tenemos muchas ocasiones de volver a intentarlo, a veces hasta movidos por cierta inercia, otras por una energía de origen no siempre conocida que nos impulsa a buscar nuevas superaciones.

Hace unos años, no muchos, descubrí una parte decisiva de mi ciclo vital. Recuerdo que antes de ese descubrimiento, lo pasaba mal en determinadas épocas donde las cosas no me salían. Me dí cuenta de que esas etapas eran necesarias para recuperarme más tarde, en el fondo era necesario pasar una temporada de descanso para volver a intentarlo en otra más adelante. Y entonces, en vez de sentirme mal por no poder hacer, o estar cansado o poco activo, disfruté de esa temporada -hasta cierto punto, claro-, como si fueran unas vacaciones espontáneas.

Pienso que existen leyes que son generales en el universo, o al menos en el entorno solar, y los ciclos no sólo funcionan en nuestra vida como en la vida económica, como en la social o la política y por supuesto en naturaleza. La naturaleza es la que “nos muestra el camino”, con sus ciclos mucho más variados. Nosotros oscilamos en torno a esos ciclos, que también son los ciclos lunares y también son los ciclos solares, y en todos, unas fases sirven para asentar y otras para expandir.

Yo, que soy muy solar -todos los somos, pero es probable que no con la misma intensidad-, siento las bajadas del sol y también sus subidas. Pero también noto el ciclo de las estaciones, y el lunar y ……… Para poner un ejemplo, para mí el año expansivo empieza siempre en diciembre, a finales de diciembre, aproximadamente cuando se produce la inflexión de la luz solar, y empezamos a tener más luz y más día frente a lo noche. Los primeros meses del año suelen estar llenos de intentos novedosos, de proyectos, de gestiones para llevar adelante mis cosas y para renovarme. Suelen ser muy productivos y ahí es cuando suelo escribir más, terminar libros y enviar artículos, se nota en la actividad en mi blog, y todo parece fluir, sin tensión, disfrutando del trabajo bien hecho. Esta actividad se va moderando según aumenta el calor, y empezamos el verano, normalmente cifro que entro poco a poco en una ralentización poco a poco, en los meses de mayo y junio y yo me suelo decir que el punto de inflexión es el solsticio de verano. Los meses de verano suelen ser más bien sintetizadores de lo que hago, también renovadores en el sentido de más lectura, más diversión-ocio también en la lectura, viajes. Ese descanso me viene estupendamente para renovarme.

A mediados de agosto estoy deseando volver a empezar, y normalmente empiezo a replantearme cosas que estoy haciendo y a decime si vale la pena continuar y hasta donde, y tengo que planificar mi curso, lo cual supone recomponer mediante análisis lo que ha pasado y volver a plantearme lo que voy a hacer y lo que voy a renovar. Septiembre de todas formas es un mes como de transición. En Octubre la energía me empieza a llegar no tanto de la luz sino de los alumnos, ellos me renuevan, me hacen sentir un estado placentero y la recuperación de un discurso, el discurso profesional y la sensación profunda de lo que me gusta hacer lo que hago, de lo que disfruto con esa actividad docente, pero es una época en que hago como lo esencial de mi mismo, es decir, aquello que ya conozco, aunque introduzca novedades, pero es más gestión que innovación, por contraste con la etapa de principios de año. Total, que en esa época puedo hacer cosas ya consolidadas, muchas veces derivadas de mis proyectos en la primera mitad del año.

Un tiempo para pensar y proyectar y buscar y otro tiempo para aplicar, gestionar y profundizar; un tiempo para buscar nuevos horizontes y recuperar los grandes proyectos, aquellos que movilizan todas nuestras energías, y otro tiempo para materializarlos, y para reconfortarte con tus propios fundamentos, para ´”darte nuevamente cuenta” de tus posibilidades, para asentarlas, y fortalecerlas. Esas son mis dos partes del ciclo anual, aunque con muchos matices.

Por supuesto, el calendario general afecta a muchas de las actividades, pero ese calendario también viene influído por factores naturales. Lo que para nosotros puede ser calor sofocante, en otros países del norte de Europa pueden ser días placenteros, sin tanto calor, sino con una temperatura profundamente agradable y entre los 25-30 grados, que favorece la actividad y la creatividad. Lo que en nuestras latitudes puede ser.

En definitiva, tenemos muchas ocasiones de volver a intentarlo, de renovarnos constantemente. Ser consciente de esto nos evita muchos problemas con nosotros mismos, como cuando nos decimos: “no he hecho nada, llevo mucho tiempo sin hacer nada o casi nada, ¿qué me pasa?”, tal vez solo descansemos, porque nuestro cuerpo y nuestro entorno lo hace aconsejable para volver a renovarse.

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