El aprendizaje basado en la experiencia obliga a unos ritmos en los espacios formativos. Es preciso y conveniente combinar presencias con ausencias , montar un proceso continuo, un proceso de aprendizaje donde se programan acciones en el aula, que tienen una continuidad en el puesto de trabajo, y que vuelven a reintroducirse en el aula y vuelven a llevarse y rehacerse en el puesto de trabajo y así sucesivamente. Esto es lo que llamo un ciclo productivo.

Cada acción formativa tiene su ciclo productivo. No todos tienen la misma intensidad, ni la misma extensión. Pero lo que aseguran es que el aprendizaje es efectivo, porque se aplica y el profesor y el grupo de formación supervisan el proceso y resultados de la aplicación práctica en el puesto. Por tanto, un ciclo productivo es un espacio temporal en el que se aplica el proceso de aprendizaje y se asegura la implantación de mejoras, derivadas de la realización del ciclo. Un ciclo de larga duración, como por ejemplo un cuatrimestre o un curso completo, aconseja una gran regularidad en la intensidad del discurso: hay que empezar bien, seguir y mantenerse en un buen nivel y acabar un poco mejor.

En cualquier caso, un ciclo tiene unas horas lectivas directas, de presencia, y se combina con un proceso complementario en ausencia, aproximadamente de la misma dedicación en tiempo necesario. El trabajo fuera del aula se realiza interconectando vía correo electrónico, comunidad de práctica o weblogs a los participantes, con objeto de que mantengan vivos sus temas e intercambien información, opiniones, datos y, sobre todo, mejoren los puntos de partida de cada uno, a través de un proceso continuo y complejo de intercambio de información y de apoyo mutuo entre los participantes y entre estos y el monitor.

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Un comentario en «Ritmos y aprendizaje»

  1. Hoy en día hay que forjar los procesos de aprendizaje en varios espacios entrelazados. La diversidad y la libertad de temas, favorece, aunque parezca lo contrario, la focalización del alumno en la asignatura, y la percepción no sólo de su sentido, sino también de sus contenidos. La enseñanza no puede ya ser algo especializado, sino algo diverso, complejo, algo que entrelace diversos espacios. Hay tmbién que saber combinarlos, y hay que darles un ritmo adecuado, para que igual que en un baile no se desacompase con las demandas de aprendizaje y las posibilidades de aprender. Desde que es posible combinar espacio directo del aula con espacio virtual, los procesos de aprendizaje se han enriquecido, y además, se ha aumentado la libertad de acción de los estudiantes. Claro que esos espacios pueden ser de muchos tipos, desde un mero e-reading a un complejo shared learning, pasando por el e-learning y el b-learning. La complejidad de los espacios virtuales estará en función de la complejidad de los espacios directos y de las metodologías educativas utilizadas. A un espacio directo de aprendizaje muy abierto corresponderá un modelo b-learning o shared learning, y a un espacio con metodologías más tradicionales en el aula, corresponderá, como mucho y como está ocurriendo en el 80% de los virtuales universitarios, con un e-reading y poco más. En todo caso, lo importante es que no sólo los ritmos, sino los contenidos están normalmente en correspondencia unos con otros. Intentar ser “muy moderno” en el espacio virtual y seguir con el planteamiento tradicional de lección magistral en el aula es claramente incompatible y no creo que produzca muchos resultados. La verdad es que nunca he tenido el atrevimiento de probarlo.

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