No quiero entrar en el fondo de la cuestión. Me parece tan impresentable que no merece ni siquiera unas líneas. La primera impresión es como si de pronto viviéramos a mediados del XIX en Inglaterra o en Francia y un grupo progresista intentara conseguir lo que en la mayoría de los casos sólo era esclavitud bajo formas de salario capitalista. Cuando leí por primera vez la noticia, pensé que los medios se habían equivocado, ¿cómo podía ser que se quisiera establecer una jornada de 65 horas, es decir, 13 horas diarias en 5 jornadas, ahora, en pleno siglo XXI? No podía ser, se habían equivocado, y estarían hablando de 45 o tal vez de 35, pero no, era verdad. Incomprensiblemente, era verdad. Era un gran amago más del sistema, apoyado por todos los gobiernos de la UE, excepto dos -menos mal que uno era el nuestro-, pero ¿qué pretendían con fijar la jornada en 65 horas? No me lo quise creer durante muchos días. Lo comenté con colegas y conocidos, pero en el fondo, no me lo creía. Pero si en los años treinta la jornada llegó a acercarse, al menos formalmente, y en algunos países, a las cuarenta horas, si Francia tenía legislada jornada de 35 horas ……. No me lo podía creer. Totalmente increíble. Recuerdo que escribí algo en este blog sobre el tema, pero irónicamente, porque me parecía imposible.

Lo cierto es que se ha aprobado por la comisión de la Unión, se ha llevado al parlamento y no se ha aprobado, ya hubiera sido el colmo. Al final, he respirado y seguía preguntándome cómo es posible, porque puede uno pensar que el capitalismo en su razón de disminuir costes por unidad producida y “poder competir”, hubiera propuesto una jornada de 44 horas, por ejemplo, o hasta de 48, pero ¿de 65?. Es que ni siquiera necesita debate. ¿Quién está tan loco? ¿Cómo es posible? ¿Por quiénes estamos manejados?. Lo dicho, alucinante.

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