Formación tradicional y formación basada en la experiencia

(Innovación)

La formación que recibimos requería de grandes profesores, requería de autoridad profesional. El punto débil de la enseñanza tradicional era que los profesores no lo fueran, que no tuviesen la formación adecuada, que no expusiesen bien, que no motivasen con su discurso, que no te enganchasen. A través del discurso se forjaba el interés. Un buen orador casi siempre implicaba un alto nivel de conocimiento, aunque también podían a veces mezclarse demagogos y sofistas. La palabra y su transmisión jugaban un papel decisivo. Era preciso ser un buen comunicador. En caso contrario, sólo quedaba el aburrimiento y la desmotivación consiguiente.

Para hacer una buena enseñanza tradicional (discurso, apuntes, dialéctica de preguntas respuestas, exámen) se necesitaban muchos buenos profesores, gente con mucho talento y por tanto, gente con muchas tablas, profesores que tenían cualidades, pero que las habían madurado sobre la tarima.

Las clases pueden:

normalmente ser masivas, porque a través de la palabra se puede llegar a muchos –se necesita una buena voz-, y los alumnos imitan al profesor, que es un ejemplo vivo de conocimiento y de competencia.

Las clases teóricas se acompañan de clases prácticas o de experimentación, en las que en grupos más reducidos, profesores auxiliares complementan el discurso central con prácticas o experimentos sobre lo ya visto en el aula.

Los exámenes suelen ser teórico-prácticos (a veces, se hacen exámenes prácticos previos al teórico, y hasta a veces como condición sine qua non para poder “examinarse”: “si no se aprueban las prácticas, no hay examen teórico”) y

las cátedras se organizan muy jerárquicamente en torno al profesor principal, al catedrático. Incorporarse a una cátedra era como ser invitado al Olimpo.

Desde un punto de vista económico, es un formato caro y poco productivo, genera monopolios “libertad de cátedra”, es difícil de reproducir – se requieren años y mucha inversión- y tiende a la endogamia y a la entropía. La inversión no es productiva, depende más de la suerte que del esfuerzo.

La democratización y la masificación de la enseñanza de los años setenta-ochenta trastocó los equilibrios de este modelo. En muy poco tiempo, fueron necesarios muchos, muchos profesores que hicieran lo mismo que los que ya existían. Y claro se produjo una clara tendencia a lo mediocridad. Como además, no se transformó el formato tradicional, se acentuaron todos los problemas que eran propios del sistema tradicional, pero que antes sólo se percibían en un porcentaje razonable de profesores.

No había potencialidad para “crear tantos buenos profesores” y claro, aparecieron muchos malos imitadores, que reproducían los apuntes, casi los dictaban en clase, no mostraban mucha creatividad ni sabían, sino que sólo reproducían fielmente lo que tenían que decir. El resultado fue la mediocridad, y bajar el nivel de calidad de la enseñanza, el aburrimiento de los alumnos, su desmotivación y la falta de interés por estudiar y por ilusionarse con lo maravilloso del conocimiento.

Además, muchas veces las prácticas desaparecieron –no había dinero para profesores de prácticas, de hecho casi desaparecieron los profesores auxiliares y ayudantes-, con lo que los alumnos se quedaron con un mundo abstracto impartido por personas no suficientemente capacitadas. ¿Les extraña a Uds. que los alumnos se fuesen a jugar al mus?. A mi me asombra que los buenos alumnos no se hayan desanimado del todo.

Según se iban consolidando los profesores, y “cogían tablas”, muchos de ellos mejoraron, pero el sistema seguía en un modus operandi muy empobrecido.

El “caso” de las Escuelas de Negocio

En paralelo, las escuelas de negocio pusieron de moda –en España importaron- el modelo de “el caso”, y tuvo mucho éxito, entre otras cosas, por el gran contraste que ofrecía en relación a la enseñanza tradicional y en España, pública. La técnica de “el caso” tenía muchas ventajas, no siempre de eficacia docente. Por citar sólo dos:

la primera, que parecía que nos reencontrábamos con la realidad;

la segunda, que sus costes eran inferiores y no se necesitaban buenos profesores para gestionar los casos: casi cualquier persona con unos ciertos conocimientos y no mucha especialización podía hacerlo.

Dado que las escuelas de negocio, son un negocio, las dos ventajas eran importantes porque por una parte, contentaban al cliente y por otra, ampliaban los excedentes.

Ya he publicado en otros sitios mi opinión sobre la técnica de “el caso”. Me parece una técnica “como si”, es decir, que parece que nos acerca a la realidad, pero es un ejercicio normalmente lejano, un ejercicio muy “teórico” que se mueve en un mundo de poco nivel teórico, como es el del management. Que duda cabe que entre el método del caso y las clases teóricas mediocremente impartidas, prefiero el caso.

Una contradicción que no da buen resultado, pero que las personas que lo prueban, cuando lo contrastan con lo que han vivido en la universidad o en la escuela, les parece “de lo más práctico” y parecido a lo que les ocurre en la práctica cotidiana de sus organizaciones. Aunque no es así, más bien genera un “fuerte síndrome del lunes” en los participantes, precisamente porque se aleja de lo que es posible, por lejano de la práctica misma. Pero la euforia que produce la técnica coadyuva a que los alumnos mantengan el síndrome de satisfacción al menos durante unos días.

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Más ….. más …… y más …..Para desarrollar un espacio de innovación SE NECESITA MÁS:- más DIVERSIDAD (pensar globalmente, culturalmente, holísticamente ….. y menos “pensamiento único” o teoría para todo y para todos)Para pensar en diversidad es preciso generar unas condiciones favorables de interrelación entre los actores. Se tienen que romper muchas barreras, muchas de ellas invisibles y/o inconscientes que nos acompañan en lo cotidiano y a las que nos hemos acostumbrado tanto, que hasta cuando parece que podemos liberarnos de esas barreras, ponemos pegas y hasta nos enfadamos cuando nos conducen por esos arrabales. No hay barrera que se caiga sola, es preciso ayudarla actitudinal y físicamente. En este caso, existen unas costumbres o modus operandi, por lo que a la gran mayoría nos han metido en unos rediles donde la uniformidad –igual que la verdad o hasta la jerarquía, se dan por leyes globales y nos acompañan en nuestro quehacer-. Menos mal que el tiempo de aprender casi siempre coincide con la juventud y en ella hay algo que nos lleva a mostrarnos o ser distintos de nuestros mayores, porque si no contásemos con esa cuestión a favor, sería más difícil aún entrar en la diversidad. Pero como todo, las murallas se han de ir deteriorando, pero no eliminándolas del todo, porque si así fuese pudiera ser que no pudiéramos resistir el cambio. La diversidad se acepta mejor para otros o para animales o para cosas inanimadas, y la apreciamos, pero no es tan fácil aceptar la diversidad en la verdad, la inestabilidad de lo que sabemos, su provisionalidad, la riqueza de las opciones o de los acercamientos a cada fenómeno, la no-linealidad en lugar de cualquier semejanza con lo mecánico y/o seguro-automático. Abordar a diversidad surge del intercambio, del conocimiento de lo otro, de la superación de las verdades y dogmas, de la relativización de todo o casi todo. Caminar en la diversidad es caminar en la libertad. Para llegar a ese camino, se hace preciso conocer, pero sobre todo conocer al otro, conocer al diferente, al diverso, y comprenderlo, no sólo verlo, sino vivir con el/ellos/ellas, y por tanto, comprender con otros, rompiendo con el juego solitario y aislado del que busca la notoriedad aprendiendo solo, en su camino hacia la heroicidad. Si caminamos con otros, las cosas se ven diferentes, a no ser que aquellos con los que caminemos sean tan tan parecidos a nosotros que eviten de igual forma ver lo diferente. El grupo prepara el camino de la diversidad, siempre que el grupo no sea algo aglutinado y homogéneo, sino un todo interdependiente y diferente, o al menos, mínimamente diferente, tanto en cuanto sus objetivos como en sus medios, recursos y conocimientos. La búsqueda no se hace pensando en la diversidad, sino pensando y trabajando-investigando en conocer, en aprender, en investigar, en vivir. La vida no sólo es rica en consideraciones, sino que apreciándola llegamos a ver sus matices, su diversidad, su variedad, y alguien y siempre encontrará algo que nos sorprenderá y lo incorporaremos en el bagaje intelectual compartido en dónde llegaremos a movernos. Por otra parte, la diversidad y la identidad en los pueblos están muy cercanas. Precisamente la supuesta identidad nacionalista conduce a la dificultad de percibir la diversidad o verla siempre como maligna, como perseguible, y es una buena causa de conflictos y guerras. El etnocentrismo aparece de esta forma como la antítesis de la diversidad, y busca la homogeneidad y lo único, “lo verdadero”.Casi en cualquier caso, el conocimiento nos permite ir rompiendo las barreras de las formas únicas, verdaderas, etnocéntricas y homogéneas. Y especialmente el conocimiento que se forja a partir de un grupo, de ellos mismos. – más PRACTICIDAD-aplicabilidad (pensar para cambiar, no pensar sólo para saber, aunque nadie encuentre el sentido práctico de lo que “se sabe”)Construir o seguir ideologías es no sólo fácil e irreal, sino que puede y normalmente maneja a las masas y les evita pensar, sustituyendo su libertad y alienando socialmente. – más LIBERTAD, más autonomía, más autoaprendizaje, y menos institución (las instituciones en el mejor de los casos llevan de diez a veinte años de retraso sobre lo que es y lo que se sabe, en el sentido anterior)- más COMUNICACIÓN, en todos los sentidos, de abajo a arriba, de arriba a abajo, en horizontal -tal vez la más necesaria y menos utilizada-. Para ello se precisa más ESCUCHA, y mayor sentimiento de que el otro puede “siempre salvarnos”.- Más ACCIÓN, más pruebas, más experimentaciones, más espacios de acción, todos ellos interrelacionados (y menos darle vueltas a las cosas y seguir dándoles vueltas). Esto se aplica a la educación como a la empresa o a la sociedad.- Más INTERCOMUNICACIÓN, mayor interrelación, más ramales de lo mismo, y por tanto, más profundidad y menos superficialidad en todo, en las relaciones, en la interacción de los objetos, en todo. Es preciso cuidar asimismo los espacios físicos, porque condicionan de forma importante las relaciones entre personas. No es lo mismo un espacio enfrentado, como es el propio de los colegios y escuelas, a un espacio redondo, donde todos nos veamos las caras.- Más INVESTIGACIÓN, más búsqueda, más inquietud, más iniciativa, como contraposición a quedarnos sentados viendo o leyendo lo que otros hacen o encuentran.- Más amplitud e interrelación SOCIAL. Empresas, Estado o Educación se muestran demasiado encerrados en sí mismos y no en un espacio social y socializador más amplio. Abrir las aulas, extenderlas al exterior de los edificios, hacia la naturaleza, hacia nuestra vida y nuestra historia …. pasear, admirar lo nuestro, ver lo ajeno y también admirarlo. Integrarlo todo en un espacio complejo.- Más PASIÓN, más sentimiento, más enamoramiento de lo que podemos saber y lo que ya sabemos- Más INDUCIR, INVITAR, MOTIVAR A APRENDER y menos obligar a aprender. Tenemos que sentir el amor a aprender, y a aplicar, y que aplicando analizar lo que aprendemos y nos sirve de referencia para mejorar al paso siguiente.- Más PROYECTOS, más iniciativas, más emprendimientos, más riesgos y menos repetir lo mismo, hacer lo del año pasado. Nada es perfecto, sólo viene a serlo la necesidad de mejorar lo que ya se conoce.- más VARIEDAD en lo que se hace o lo que se aprende: ¡hay tantas cosas de las que podemos disfrutar!- más EXPERIENCIA, más vida, más sentirlo tú mismo, que vivir la vida que otros ya han experimentado y vivido. Cosas vivas para vivir.- Más MOTIVACIÓN-INTERÉS, y menos controles (y si los controles son “inevitables”, devolverlos corregidos y mostrando lo que no se ha aprendido bien o se puede mejorar). El control sólo amedrenta, pero ¿enseña? Vincularlo con “más libertad-autonomía”.- Más FLEXIBILIDAD y al tiempo, más PLANIFICACIÓN (flexible, por supuesto: la planificación si no se cumple ya ha cumplido su papel: dignificarnos como personas que quieren ir hacia allí y no hacia otro lado: saber adónde se quiere ir)Todo esto y más es lo que se puede conseguir en espacios de innovación, basados precisamente en aprender metodologías que conllevan el cambio hacia la libertad, la diversidad y transversalidad de conocimientos y personas, la intercomunicación y otros Para ello es preciso enfatizar en las potencialidades y competencias de los profesores, de los directores, de los coordinadores …… Pocas veces, todas o alguna de estas cuestiones no son debilidades estructurales y formativas de los mismos. Y casi siempre pueden mejorar mucho las cosas que hacen y cómo las hacen. Por tanto, todo lo escrito constituyen TENDENCIAS NECESARIAS PARA ENFOCAR, ORIENTAR Y ORGANIZAR LA INNOVACIÓN SOCIAL, la INNOVACIÓN ORGANIZATIVA, LA INNOVACIÓN EDUCATIVA Y TODO TIPO DE INNOVACIÓN. Hay otras, pero ya he hablado de muchas. En todo caso, si queréis ayudarme …. estaría encantado.De las Debilidades Estructurales y cómo convertirlas en ÁREAS DE MEJORA ESTRUCTURAL y OportunidadesDe cualquier forma, en mi criterio, son cuatro los puntos “débiles” o de mejora en que se podía aglutinar todo el problema:Más participación y consiguientemente, más grupo. Se precisa formarse en grupos y en su metodología para generar espacios de participación. No se aprende por “ciencia infusa”, sino trabajando intensamente, formándose en aquello que es la clave para participar, saber cooperar y trabajar en grupo. Hemos conseguido reformular una metodología grupal que permite a un profesor o a un director o a un coordinador en nueve pasos, nueve reuniones y un espacio virtual entre ellas, buscando la aplicabilidad, y con un apoyo asesor a sus proyectos docentes, empresariales o cooperativos, pueda ser un buen líder grupal y generar un espacio abierto de cooperación y participación en el aula, en los grupos, en la empresa o en las organizaciones del tercer sector. Por tanto, más participación implica más grupo y, consecuentemente, uno tiene que conocer en profundidad cómo puede facilitar la construcción de grupos, su desenvolvimiento y su materialización en aprendizajes o proyectos innovadores. Más acción, fomentar la acción y la practicidad de lo que se hace, el sentido real, de las cosas experimentadas. El aula suele estar muerta y mirándose al ombligo, encerrada en sí misma. Y lo mismo, la empresa o la organización comunitaria. Les falta acción. Claro que la acción siempre comporta mayor riesgo, sobre todo, de errores (“el que tiene boca, se equivoca”, el que hace y va a la realidad de la vida, aprende equivocándose, pero difícilmente no se equivoca, aunque luego lo sepa aprovechar para hacerlo mejor). La acción debe correr en paralelo, pero una milésima de segundo adelantada sobre la investigación: action-research es el mejor método para acercarnos a una acción que nos beneficie con su aprendizaje continuo, basado en gran medida en el error (que suele ser el buen aprendizaje), y a la vez nos permita saber que ocurre para que las cosas vayan como van, y en cierta medida, replantear continuamente la planificación de la acción y el problema saber verlo desde varias perspectivas. La acción es una asignatura pendiente de las aulas, y de las organizaciones empresariales o sociales y no digamos de la administración pública. Más internet, más virtual, menos tiempo de aula y más trabajo en la casa o donde sea, con sus compañeros o sólo, pero utilizando software y plataformas que realmente mejoren y amplíen las posibilidades y oportunidades del aprendizaje aportados por el mundo virtual. Para ello, se precisa mucha orientación, porque ni en la institución enseñanza, ni en la organización, se plasma más que los conocimientos de los individuos que en espacios de aprendizajes compartidos horizontalmente. El gap-hándicap de profesores y generalmente coordinadores respecto a sus alumnos o a sus colaboradores en el plano internet suele ser muy amplio, y eso les lleva a utilizar peor esos instrumentos y en términos relativos, y a tender a “encerrarse” en su poder, evitando el avance de su organización, sea la que sea. Para que obtengamos de internet lo que es posible, y es mucho, es preciso que experiencias y conocimientos de “los de abajo” sean las que lideren las aulas o las organizaciones, y siempre sabiendo que en la mayoría de los casos, internet o el mundo del software nos aportan un complemento extraordinario de lo que ya sabemos hacer, lo que permitirá aumentar nuestras posibilidades y mejorar ostensiblemente lo que aportamos. Más planificación, previsión, saber lo que queremos hacer y con qué ritmos. Nuestras plataformas docentes u organizativas han de estar planificadas, no para acertar –que también-, sino para saber en cada momento lo que hacemos y por qué lo hacemos. La cuestión de los ritmos es muy importante. Y los ritmos demasiado estresados fragmentan las posibilidades y hacen menos positivo el esfuerzo. Saber pensar en términos de ciclos, de ciclos de innovación, donde la presencia se sigue de la “ausencia” virtual, forjándose así una continuidad en el proceso; o que todo se organiza según las máximas de la metodología científica, sabiendo que no podemos esperar que todo tenga el mismo ritmo, sino que hay cosas que se pueden plantear en términos diarios o semanales o mensuales o trimestrales o anuales. Y eso, refinarlo. Los ritmos son como los latidos, importantísimos para que el organismo funcione mejor y con menos disfunciones. En estos tres meses ….¿Qué he aprendido estos 3 meses?Ya han pasado tres meses desde el inicio de curso. A lo largo del mismo tenemos distintos profesores con distintas maneras de impartir sus clases: unos centrados en la teoría, otros centrados en las prácticas y otros centrados en reflexiones y en la dinámica. ¿Cuál es la mejor manera de aprender?Los estudiantes no queremos estudiar, no queremos estar tardes y tardes estudiando teorías de memoria para que en cuanto pasemos el examen se nos olvide todo. Porque eso es lo que pasa, las cosas que se estudian mal y sin ganas se terminan olvidando con el tiempo. Tampoco queremos hacer trabajos interminables en los que no tienes tiempo para otras asignaturas. Entonces, ¿qué es lo que los estudiantes queremos? Queremos aprender, no memorizar.¿Cuál es la mejor manera de aprender? Participar y escuchar a otros. Cuáles son sus opiniones y discutir sobre ello. Descubrir por nosotros mismos, porque el maestro no es sino una herramienta para el aprendizaje, un guía que nos ayuda a seguir hacia delante, que nos da pautas. El verdadero poder de aprender reside en nosotros mismos.Una buena manera de aprender es mediante grupos. Gracias al trabajo en grupo podemos aprender no sólo sobre el tema que decidimos tratar, sino que aprendemos a escuchar al resto de los integrantes, aprendemos a organizarnos, a expresarnos, a conocer distintos puntos de vista, a llevar a cabo trabajos en conjunto, a trabajar con gente que tiene distintos objetivos y opiniones, a solucionar posibles problemas que surjan… Aprendemos a ver más allá de lo que pensamos, y eso en nuestra carrera considero que es muy importante. Publicado por sandrel

3 comentarios en «Innovación: experiencia»

  1. Muy buen relato de la «transición» docente en nuestra Universidad pública, que suscribo plenamente. Aunque no conozco las escuelas de negocios, sí conozco las escuelas de formación del profesorado, que adolecen de los mismos problemas que el resto de la Universidad, y que por tanto han promovido la mediocridad. No sé si es posible generalizar, pero yo diría que al extenderse la enseñanza a todos, gana en amplitud y pierde en profundidad. Sería un «trade-off» inevitable.

  2. Estoy de acuerdo en lo substancial contigo, aunque discrepo parcialmente del corolario: pienso que lo de la masificación se ha convertido en una buena disculpa para evitar mantener o hasta ampliar la profundidad. La cuestión, como tú muy bien sabes, son las formas de profesar excesivamente tradicionales, que se repiten y se cooptan con gran facilidad, porque parece que es lo fácil, cuando en el fondo formar profesores geniales, que dan clases magistrales es casi un imposible, y se conseguirá en un caso de cada mil o más; y sin embargo, formar facilitadores, profesores más democráticos, que parten de un proceso de acción-investigación en el aula, es más fácil y al mismo tiempo parece que es menos valorado, porque parece que uno no va a llegar a ser ese profesor admirado que todos tenemos en la cabeza. Muchas gracias, Nieves, siempre me haces pensar, y eso, estando en el verano, es doblemente recomendable, porque no sé que pasa con los calores, pero le «sorben a uno los sesos», y con ese, no creas.

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