“El estudio no se mide por el número de páginas leídas en una noche, ni por la cantidad de libros leídos en un semestre. Estudiar no es un acto de consumir ideas, sino de crearlas y recrearlas” Es una frase de Paulo Freire.

¿Por qué creemos que es mejor más cantidad que menos? ¿Por qué todo lo ponemos en cantidades? ¿Por qué no valoramos las cualidades? ¿Por qué tanta prisa?. La innovación tiene que ver con cómo se aprende, con cómo se quieren cambiar las cosas, con cómo emprendemos el camino y la prisa que tengamos, tiene un ritmo, más o menos un ritmo, y no siempre el mismo, sino que depende de la ocasión. Y la enseñanza es igual. No todos los días estamos para aprender, ni todos los días son lúcidos para enseñar, ni cada día es igual de motivante que otro. La enseñanza, la vida, el aprendizaje tiene como ciclos implícitos, ciclos de vida, y sabemos que se nos recrea, nacemos, pasamos por distintas etapas y fases, luego somos adolescentes, más tarde, nos vamos haciendo adultos, y después viejos, y al final, morimos, pero nuestra muerte es el comienzo o el sustento de otras vidas.

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El ciclo de la vida humana es ahora de 70 a 90 años como media. El ciclo del aprendizaje depende de su objeto, pero también está en función de lo que queramos aprender, de cómo queramos hacerlo y de la profundidad adonde queremos llegar. No hay un sólo ciclo de aprendizaje, hay muchos, y depende de la circunstancia. Pero lo que no es posible no es posible, y lo que no es posible en el aprendizaje es aprender aceleradamente, hay un ritmo máximo para aprender, y casi nunca tiene que ver con todo lo que queremos embutir a nuestros alumnos. Por eso, ellos lo degluten, lo devuelven en formato exámen y se olvidan de muy buena parte de lo supuestamente aprendido, porque los hemos obligado a indigestarse. La cantidad no es buena compañía del aprendizaje, ni de la innovación, pero si es cierto que de la no-cantidad no sale más que nada. Todo requiere un esfuerzo y una continuidad, y aprender es eso, un enamoramiento del objeto mismo: de aprender.

En esta sociedad de prisas es raro que se aprenda, más bien se pasa superficialmente por las cosas: no hay tiempo para aprender, ni para dedicar tiempo a hacerlo. No se valora el aprendizaje, porque necesita mucho de nuestro tiempo, que siempre “nos parece” escaso. Todo así está como “por alfileres”, no nos da tiempo a coser el traje, y es probable que el que lo use se quede sin una manga en el medio de la boda de la vida.

Universidad Mondragón nace de MCC, de un gran proyecto social desde Euskadi. Interesa conocer no sólo la universidad, sino el gran proyecto industrial y de servicios, en formato cooperativa que se desarrolla en ese espacio.

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Un comentario en «Aprender a innovar»

  1. Dicen: después de mucha cantidad, vendrá la calidad, pero no siempre es asi. La famosa ley marxista de cantidad lleva a calidad no se cumple muchas veces …. a veces la cantidad, como ocurre con el sistema productivo …. no conduce necesariamente a calidad. Es preciso hacer un esfuerzo añadido para llegar a la calidad, y es un esfuerzo difícil, no es cualquier cosa, porque pasar de pensar que la calidad es un coste, a que es una gran inversión, va un abismo cultural. En nuestro país, todavía muchos no lo han comprendido.

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