“Terminamos el curso el último día de enero, acabé de calificar hacia mediados de febrero, y mientras os leía, empezaba a fraguar un trabajo, basado en el curso que hemos disfrutado juntos. Como sabéis, lidero un grupo de innovación educativa, entre los proyectos en los que estamos trabajando está uno de investigación sobre las necesidades expresadas a través de la experiencia de los alumnos.

El supuesto implícito es: los alumnos tienen experiencia de la universidad y la tienen reciente, la están viviendo, por tanto, pueden hablar o escribir sobre ella; además, ellos son los grandes beneficiarios de que se hagan innovaciones educativas que funcionen y den satisfacción a sus necesidades, quiénes mejores que ellos para saber lo que funciona, lo que les ha ido bien, y lo que no funciona, aquello de lo que preferirían no volver a encontrar, o repetir, y por supuesto, en muchas ocasiones han comentado y elaborado pensamientos en torno a lo que se debería hacer.

A partir de esa premisa, basada en los principios teóricos de los procesos de desarrollo endógenos o autodesarrollos (la vacuna que prevé la enfermedad, está integrada por virus de la enfermedad misma) que parten de que quién puede hacer mejor las cosas que aquellos que las sufren y les gustaría superarlas, a partir de ese supuesto es fácil llegar a la conclusión de que “la solución” está en el análisis de necesidades que puedan hacer los alumnos mismos.

Por eso, hace un año montamos un Seminario-taller en el que conseguimos convocar a cerca de veinte alumnos de diferentes materias, con objeto de disponer de un buen punto de partida sobre los problemas que se detectan a partir de sus propias experiencias. La síntesis de ese seminario-taller se difundió en nuestro blog , en el blog de innovación educativa, de nuestro grupo, y durante meses se trabajó con ella y con otros inputs que se habían conseguido a lo largo del curso, procedentes de opiniones iniciales o finales de los alumnos, en sus trabajos a lo largo del curso. Este material nos permitió hacernos una idea clara, que en gran parte coincidía con la que ya teníamos los profesores del Grupo, pero que ahora “era la realidad”, porque contrastaba nuestras ideas, basadas por supuesto en experiencias docentes, pero que ahora vivíamos no como clientes, sino como profesores, lo cual no es lo mismo.

Esa información nos permitió diseñar un modelo de investigación más sistemático para aplicarlo en nuestras clases durante este curso, producto de ello fue el primer día de clase, agrupándoos por grupos para hablar de vuestras experiencias positivas y negativas en la universidad, que sólo era el comienzo de un plan complejo para obtener información sobre el tema, al tiempo que conseguíamos otros objetivos, como era el conocimiento mutuo, el desarrollo de lenguajes más comunes, y la mejor relación e interacción entre los alumnos de un aula.

Bien, un paso más, fue la convocatoria en el marco del III Encuentro de Intercambio de Experiencias Grupales Innovadoras, que agrupa a profesores universitarios que están interesados en comentar sus experiencias con otros colegas, y que se genera de ese modo un espacio de intercambio de experiencias, pues bien, en ese marco, crear un espacio de intercambio para alumnos, no de forma aislada, sino de forma integrada con las actividades de los profesores. La convocatoria congregó a más de veinte alumnos de diferntes facultades, que trabajaron durante una mañana en la definición de sus problemas y en el estudio de alternativas a los mismos. Algunos de vosotros participasteis en esa experiencia, que queremos consolidar en 2009, con una mayor participación. Total, que el plan de investigación avanzaba signfiicativamente durante el curso.

A lo largo del cuatrimestre la cantidad de materiales de los que disponíamos para trabajar sobre el análisis de las necesidades de los alumnos se incrementó de forma extraordinaria, por las aportaciones en los 182 blogs abiertos individualmente por los alumnos de Sistema Económico Mundial. Esos blogs han dado lugar a un blog grupal que es el que estoy escribiendo, que ha incorporado más de 300 entradas en poco menos de cuatro meses, y que constituye una memoria extraordinaria de los aprendizajes, pero también de las opiniones, ideas, aportaciones y propuestas de esos alumnos.

Un material extraordinariamente rico, que ahora he trabajado para terminar en un mes un libro que espero que se titule: “Manifiestos para la innovación educativa”, y que está construido a partir de vuestras aportaciones. Hay 42 manifiestos, que constituyen 42 áreas de mejora e innovación en las cosas que se hacen y cómo se hacen por los profesores. Por supuesto, son muchas áreas, pero no significa que sea una relación exhaustiva, aunque espero que altamente significativa. Al final, he escrito más de 160 páginas, prólogo incluido, donde a partir de las citas directas de alumnos, he construido unas plataformas o items que llamo Manifiestos y que nos permiten no sólo identificar claramente los problemas más graves, sino que se vislumbran en cada una de ellas salidas y soluciones, virus, que pueden resolver la enfermedad o enfermedades del sistema educativo español, específicamente el universitario.

160 páginas de Manifiestos, de manifestaciones sobre lo que no funciona y lo que funciona, sobre lo que se necesita y lo que no es tan conveniente, sobre lo que hay que tocar e innovar y lo que es mejor dejar como está. Estoy contento, claro que estoy contento. Sobre todo, porque básicamente la palabra es de quién tiene que tenerla: los alumnos, y yo he ayudado a que esa palabra aflore en un contexto adecuado para los procesos de aprendizaje y de innovación educativa. Espero que sea útil. En este momento, al documento sólo le falta un índice, la recopilación documental, y ponerle una portada, y “se acabó el carbón”.

Bueno, se acabó el carbón no quiere decir que se acabó, porque en realidad, es una primera aportación para abrir este nuevo camino que hemos emprendido. Un camino que esperamos nos llevará a que el sistema educativo en vez de estar guiado por ideas más o menos avanzadas o regresivas, o por impulsos, o por dogmas o prejuicios, se guíe por la realidad, y la realidad de la enseñanza es sobre todo, la realidad de necesidades de nuestros alumnos. Si les hubiéramos preguntado antes, no nos hubiéramos equivocado tanto. Pero no nos lamentemos, “nunca es tarde, si la dicha es buena”, y emprendamos este nuevo camino.

Gracias a mis alumnos, porque sin ellos, todo este trabajo no hubiera sido posible.

Roberto Carballo

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