Me ha ocurrido varias veces ya, casi siempre coincidiendo con ciertas fases de mi ciclo vital: de pronto, chas, me doy cuenta de que ya había encontrado una línea, una solución, una forma, que ahora vuelve a ser interesante en la nueva coyuntura, en el aquí y ahora. Y ese reencuentro me produce una gran satisfacción interna, unas nuevas ganas, te da ánimos para continuar. ¿Qué pasará para que sea así?.

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En mi experiencia, estos reencuentros, sobre todo con proyectos muy queridos, pero que por unas u otras razones no han sido puestos en práctica, es como recuperar la vida, como si “volviésemos” (sic) a nuestro camino principal, a la identidad, como si “retomásemos” la línea básica hacia el horizonte. Te confiere nuevos ánimos, regresa, bajo otras formas, la energía central de tu motor de innovación. Te dices a tí mismo: si, claro, ese es el núcleo central, por ahí tiene sentido seguir, esforzarse, volver a sufrir tal vez con la frustración de no llegar, pero con la satisfacción de haberlo intentado.

Además, es curioso, pero ese proyecto ya no sirve como estaba, como lo vuelves a encontrar, pero …….. sirve. Es decir, no se me ocurriría volver a hacerlo igual, pero el marco en que se desenvuelve “es” y sólo precisa una reformulación, a veces importante, lo que significa que no se puede copiar literalmente, sino que es preciso repasarlo, rehacerlo, replantearlo …… pero aparecen fuerzas internas para hacerlo, básicamente porque nos recuperamos a nosotros mismos, nuestro proyecto, nuestra estrategia de trabajo.

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Y …. ¿cómo se reencuentra en su pensamiento con esa ruta principal? Casi siempre es la necesidad, los nuevos retos, el impulso interno, las ganas de continuar, la necesidad de avanzar, lo que llamo necesidad-escasez, readaptada a nuevas necesidades y experiencias. Después de una crísis, en un momento, “surge” -a veces, hasta en un sueño- la “nueva solución”, que no es nueva -¿qué es nuevo?-, pero si es un reencuentro, un reencuentro con tu propio núcleo, con tu propio ser, con la línea de tu vida.

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