Montar una empresa siempre ha sido tarea difícil en nuestro país. Eso solivianta a las derechas, y parece que da un cierto placer a las izquierdas. Lo cierto es que estamos, como casi siempre muy abajo si nos comparamos con otros.

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El sitio ideal para los liberales es Singapur, seguido de Estados Unidos y Nueva Zelanda, donde parece que llegas, dices la creo y la creas. Sin duda, nuestra burocracia es bastante lamentable. Los italianos aún están peor que nosotros. Sin duda, cualquier experiencia confirma los datos: nuestro grupo ha tardado casi un año en que nos aprobasen una asociación, y eso que no se exigen casi papeles en comparación con los que se piden para crear una empresa.

El Doing Business es una comparativa anual realizada por el Banco Mundial a partir de diez indicadores que miden la normativa empresarial relacionada con los requisitos para la creación de una empresa, la agilidad en la obtención de licencias, la flexibilidad en el empleo de trabajadores, la agilidad en los registros de la propiedad, la protección de los inversores y la fiscalidad de la empresa, entre otros.

El ranking mundial

1 Singapur
2 Nueva Zelanda
3 Estados Unidos
4 Hiong Kong, China
5 Dinamarca
6 Reino Unido
7 Canadá
8 Irlanda
9 Australia
10 Islandia
11 Noruega
12 Japón
13 Finlandia
14 Suecia
15 Tailandia
16 Suiza
17 Estonia
18 Georgia
19 Bélgica
20 Alemania

37 Portugal
38 España

53 Italia

178 Congo, Rep. De

El titular es: “España no es un país para hacer negocios segun el Banco Mundial”

No tiene en cuenta, sin embargo, aspectos como la calidad de las infraestructuras, la proximidad del país a grandes mercados ni las condiciones macroeconómicas, indica el Instituto de Estudios Económicos, en una nota hecha pública en Madrid.

El Banco Mundial subraya literalmente que “hallarse en un puesto elevado en la clasificación en facilidad de hacer negocios quiere decir que el gobierno ha creado un entorno normativo que incentiva la actividad empresarial”.

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Bueno, ya lo sabíamos, pero la burocracia manda demasiado en nuestro país. ¿Seremos igual de diligentes para abordar el cambio climático, por ejemplo? ¿Es desidia como decía Lucas Mallada, o es envidia, porque no gusta la libertad de acción? ¿Y si los empresarios cuando consiguen el certificado para serlo, están tan enfadados que prefieren ser negociantes a empresarios? ¿es broma?

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