“Cuando las cosas llegan a su máxima fuerza, empiezan a declinar”

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Lao Tsé acude en nuestra ayuda. Así son los ciclos, ¿por qué tememos tanto las depresiones, cuando en el fondo son necesarias para un nuevo ciclo? Aprendemos mucho de la depresión, y si no aprendemos, nos quedamos en ella para siempre. Por la cuenta que nos tiene: aprendemos, ya lo creo que aprendemos.

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¿Hemos llegado ya a la “máxima fuerza”? ¿los mercados empiezan a sufrir del “mal de altura”? ¿los precios se están desbocando, y la “insuficiencia de la demanda” o la crísis de “sobreproducción” empiezan a estar “a la vuelta de la esquina? ¿será verdad que se ha “agotado el ciclo”?.

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Alguna vez llegaremos o estaremos en esa “máxima fuerza”. “Todo lo que sube, acaba cayendo”, es la ley de la gravedad. No debemos preocuparnos …. solo preverlo y luego, disfrutarlo, como se disfruta de un día de descanso a la orilla de un rio. ¿Qué puede ser mejor que cuando vamos demasiado acelerados, tengamos que pararnos? Descansamos, pensamos, repensamos, analizamos, buscamos nuevas alternativas, y nos saneamos, sí, nos saneamos, que con tanta prisa andamos demasiado contaminados. En su caso, sepamos disfrutar del paseo, del caminar, del placer de no tener que correr a cada momento. Y si no sabemos, aprendamos. Como decía Epicuro, siempre es tiempo para filosofar.

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Un comentario en «Depresión»

  1. Siempre es tiempo para filosofar, sea uno joven o sea viejo. Y encontrar en el filosofar, en el pensar, en el reflexionar, el sentido mismo de las cosas, lo que se aproxima a la verdad con minúsculas, pero que como diría Freud nos resuelve los problemas. La consciencia de los problemas casi inmediatamente los pone en su lugar, los situa en un lugar donde podemos verlos con distancia, y cuando hay la distancia adecuada, los problemas sólo son eso, problemas, y por supuesto, más fáciles de abordar y resolver. Cuando el problema nos agobia porque no tenemos tiempo de pensarlo, sino que tenemos que responderlo, es cuando sufrimos, cuando la prisa -que siempre es mala compañera- nos arrastra a la imposibilidad de comprender ni siquiera lo que nos pasa. ¡Qué bien nos viene de vez en cuando una depresión para poder hacer aquello que debíamos hacer todos los días, pero “no tenemos tiempo”(sic)!

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