La fórmula uno se centraba en el aprendizaje a partir de la experiencia, la fórmula dos oscilaba hacia nuevas formas cíclicas y ritmos y, ¿de que trata la fórmula tres.

La fórmula tres, y por tanto, complementaria de las otras dos, es que la acción-investigación utiliza una metodología de la investigación científica, aquella que procede de la “empresa” que más empleos crea, que más inversión realiza, y que la gente parece en general bastante amigable y satisfecha: ¿de que empresa se tratará? sin dudarlo, de la Ciencia.

Bien, pues la ciencia se apoya sobre todo en sus métodos y técnicas, y las fases de “hacer las cosas bien” o de “la investigación científica”, son básicamente cinco: planteamiento y documentación; análisis e interrelación y jerarquías entre relaciones; hipótesis y/o modelos explicativos; desarrollo de dichos modelos, programas; y por último, contrastación con la realidad nuevamente. Empezamos por la realidad y acabamos por la realidad, habiendo bajado a los “infiernos” de la teorización y modelización.

Pues bien, el aprendizaje camina por esos derroteros. Si se aprende correctamente, siguiendo el ritmo adecuado, y se pasa por las diferentes fases, por ese orden, y sin tener que acabar una para entrar en otra, sino aprovechando que cuando empezamos a llegar al final de cada fase, ya podemos empezar la siguiente, tendremos otra forma de aprender haciendo.

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Ya sólo quedaría un gran reto, que sería la fórmula cuarta, que ya no voy a presentar, que consistiría en que en vez de aprender haciendo individualmente, esto se haga grupalmente: se aseguran los resultados, se asegura la calidad de los procesos, y se asegura el aprendizaje de la existencia del otro, que como dice Sábato, es “quién finalmente nos salva”.

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