No había leído nada de Sartori hasta hace unos años que lo hice con “¿Que es la democracia?”. En términos generales, me gustó y sobre todo, era algo equilibrado, con sentido, con finalidad, redondo. Ayer le leí una entrevista en el periódico dominical y me pareció más interesante todavía, aunque por supuesto polémico.

Desde mi punto de vista, discutiría más de una cosa, pero quiero quedarme con una que no discutiré:
“La democracia no puede funcionar en los estados religiosos, porque la democracia es un sistema laico fundado sobre la voluntad del pueblo. Y cuando se trata de implantarse en un sistema teocrático basado sobre la voluntad de Dios, el conflicto es inevitable. No se puede, es imposible”.
Me parece rotundo y cierto, y añadiría algunos detalles más, pero voy a callármelos, porque no quiero complicarme la vida: no se puede jugar con fuego. Pero esa contradicción es evidente, es básica y no tiene posible síntesis, es decir, ni aún con sangre y fuego, con voluntad y con pasión, se puede solventar. Más bien esos factores contribuyen a acentuarla, pero no resolverla. Comprendo a Sartori.

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Nuestro modelo de democracia, me refiero al español, está pasado por la mano de la iglesia, que discute continuamente y consigue más de una victoria parcial, rectificar el sentido estratégico que tiene una democracia laica,, como ha ocurrido recientemente con esa asignatura de cuyo nombre no quiero acordarme. La enseñanza en este país es tan antigua, es tan tomasiana, deductivista y primaria porque es la iglesia la que domina las enseñanzas primaria y medias, y también las universitarias, en cada plano tiene a unas órdenes religiosas o pseudo-religiosas que cumplen el objetivo de mantener en lo católico-apostólico-romano con variaciones a los seres humanos de este país.

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Y no podemos olvidar que el sistema de enseñanza es el sistema reproductor, es el eje sobre el que pivota la cultura y su reproducción ampliada. No es posible llegar a un sistema laico y democrático, basado en la libertad, permaneciendo este poder religioso y estando presente y haciendo conflicto en cuanto se toca algo en manos de la iglesia, que en ese mundo es mucho. La idea es: invierte en futuro, teniendo la enseñanza mejor en manos de la iglesia, y se consigue, vaya si se consigue. Nuestros hijos, si quieren tener una enseñanza mejor y más concentrada en el aprendizaje, han de pasar por los colegios de la iglesia; igual que los cubanos si quieren aprender han de pasar por el filtro del marxismo-leninismo. No es que no aprendan, sino que aprenden de forma condicionada. Es como si les quitaran una parte de la libertad que debían disfrutar.

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Y sin libertad, sin autonomía, el pensamiento se queda vegetando en nuestras neuronas. Y no es posible eso de la libertad vigilada. Como decía un científico francés en la época pre-revolucionaria, cuando el rey le preguntó donde estaba Dios en su teoría: “Sire, yo no necesito esa hipótesis”. Si nuestros hijos son de familias digamos democráticas y laicas, y acaban yendo a colegios religiosos, toda la vida vivirán en contradicción, que es en la que vivimos nosotros todos; si van a colegios públicos, tendrán menos oportunidades de futuro. Esa es la elección de los padres, y al final, la gran mayoría optan por colegios religiosos subvencionados, porque evidentemente han conseguido no sólo dominar a nuestros hijos y hacerlos pensar como ellos o básicamente como ellos, sino que además, el Estado laico les subvenciona ese tipo de educación.

Si, es la respuesta también de Sartori. Le preguntan que se puede hacer con los musulmanes que ya están en Europa, y responde: “Obligarles a acudir a la escuela laica nacional”, y si no tenemos una organización como los liceos franceses, ¿qué hacemos?. Difícil, difícil, difícil.

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