El creciente lunar, hoy ya luna llena, creo, nos acelera o mejor, me acelera. No puedo parar, y a mi alrededor parece que ninguno tampoco quiere parar. Un desenfreno que conduce al insomnio, que es lo que sufro hoy y llevo algunos días padeciendo con cierta irregularidad. Exceso de energía.

Estamos en la luna de las grandes mareas, en la luna del equinocio, y no he mirado, pero me temo que en las zonas marítimas debe haber tormenta. Es lo propio: las grandes mareas nos “marean”, nunca más reiteradamente dicho. En realidad, no son las mareas, pero si son las mareas, que a su vez son inducidas por la gravitación de la luna.

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Y nosotros somos creo un 70% de agua, más o menos como es la tierra, como si nos reprodujésemos (¡qué curioso!), y supongo que también tendremos mareas internas, ¿o no?. Llevo mucho tiempo trabajando con esa hipótesis. La verdad es que nunca me he puesto a conocer bien y directamente lo que ya se sabe, que será muchísimo más sobre este tema.

Sin duda, hoy es día de “hombres lobo”, de “sacamantecas” y de “misters hyde”, más tensión, más agresión, más desequilibrio, como si nuestros rios internos se desbordasen. Un mero hecho físico, que tendrá su correspondencia en comportamientos. Seguro que los partidarios del Chi-Kung tienen otra explicación basándose en sus meridianos y la energía que les recorre. Reconocerán conmigo que la luna llena resulta inquietante. Esa fuerza en su nacer, ese ennublamiento a un tercio de elíptica, esa luna que nos hace azules cuando llega al zenit. ¿No lo han notado? ¿Tendré algo de hombre lobo?/p>

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Lo cierto es que cuando estoy en mi mar, es decir, en el océano atlántico y la luna crece, uno o dos días antes empieza a notarse que el equilibrio se va a romper, y se empieza a tocar a rebato y los barcos “de arribada”. Me gusta esta palabra, que supongo que viene del francés o tal vez directamente del latín, como muchas utilizadas en el mundo del mar: arribada, venir de arribada, siempre lo oía cuando daban el parte de noticias por la radio en mi Coruña natal. Y tantos otros términos marítimos como “ir en lastre” o llevar “carga general”. Vivir en medio del mar hasta cambia el lenguaje, lo saben todos los que han tenido que estudiar el título de patrón de yate: es como si hablases otro idioma. También la luna es otro idioma, y a veces incomprensible. Pienso y no me explico como ese misterio y esa tenebrosidad puede inspirar a poetas, más bien da un poco de “canguis”, ¿o no?.

Es indudable que tengo insomnio.

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