Una pirámide invertida. Si, algo así, aunque sinceramente la idea de pirámide, aunque sea invertida no me gusta demasiado, será porque tiendo más a las formas curvilíneas que a las rectas. También podía ser un trapecio. Bueno, que más da el formato. Powerpoint o mis conocimientos sobre él no me permiten hacerlo como me gustaría. Lo cierto es que ese trapecio invertido tiene en su base algo “errático”, así le llamo en mis trabajo, el estilo de dirección. Si no existen unas condiciones mínimas de cooperación y grupales en esas formas, todo se hará difícil para escalar hacia la innovación. Entre otras cosas, el cliente siempre acabará siendo un recurso para ganar dinero, en vez de un sentido social. Por tanto, unas determinadas formas directivas, pero no todas, son coherentes con procesos innovadores.

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Uno de los primeros pasos, una vez adquirido unas ciertas formas cooperativas y participativas en el estilo directivo, es promoverse y promocionar la calidad como centro y cemento de todas las acciones organizativas. Si no pensamos que calidad>beneficio, llegaremos siempre a un beneficio nacido de la explotación (me pregunto como es posible que cuando hay una avería en cualquier sistema o aparato que nos circunda, tenemos que llamar a un teléfono que en vez de ser gratuito, se ha convertido en una forma de retribuir a la empresa que ha causado el estropicio en nuestro servicio). Es lo que llamamos, caminar hacia un proyecto de calidad, total quality se llamaba hace años. La calidad presente en todo, y dentro de la calidad, la conservación, porque sin ella no se puede entender la calidad.

Ya tenemos dos fundamentos, sobre ellos hay que construir los fundamentos de un buen proyecto innovador. El más significativo y difícil y que tantas veces entra en colisión con las culturas y estilos dominantes, es la intercomunicación, la red de relaciones, la calidad de la red de relaciones es un tejido que armoniza y dinamiza el conjunto. Mantiene armónico el sentido y le da más dinamismo. Si alguien teme “perder el control”, que no fomente la participación y la red de relaciones, porque una red de relaciones no funciona cuando esta jerarquizada o controlada. Por último, pero claro por donde se empieza para cambiar todo, el conocimiento, incorporar el conocimiento sobre lo que tenemos, sobre donde estamos, sobre lo que hay, sobre las necesidades concretas, sobre las necesidades latentes, sobre la realidad misma, y saber manejarlo e introducirlo en un sentido estratégico que confiera horizonte a un proyecto innovador, esa es la culminación del proceso.

El trapecio invertido nos lleva a la innovación, es decir, a un conocimiento continuamente aplicado y adaptado a la realidad y anticipándola, y eso nace del análisis, de la comprensión, de la interpretación, del conocimiento de la realidad misma, de los clientes, de los ciudadanos, de la sociedad, de nosotros mismos.

Ese es el sentido de esta transparencia. Mostrar los escalones, pero saber que es preciso empezar por introducir conocimiento y valorización del mismo en el seno de las organizaciones, y que las redes de interrelación son los mejores agentes para generar y desarrollar y aplicar ese conocimiento. Por eso, la metodología MINING-Aldebaran parte de ahí y del grupo de trabajo para generar el ambiente propicio que conlleve espacios innovadores autoorganizados.

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