La mayoría de las grandes empresas y organizaciones españolas confunden comunicación con información. Es más, les preocupa la información y muy poco la comunicación, la intercomunicación, y esto es grave para su productividad, para el estado motivacional y para el largo plazo de la organización.

La información tiene un efecto puntual y urgente, inmediato. La información sólo se renueva con más información. La información es fugaz, porque normalmente adopta el formato de noticia, y la noticia además es emergente, es un marginal de la posible información, es decir, lo raro, el hombre que muerde al perro.

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Además, la información tiene un punto además muy débil, la posible desconfianza. Por desgracia, los gabinetes de comunicación de las GEOE en poco tiempo acaban inspirando desconfianza por los potenciales lectores. El periodista de empresa no puede ser tan libre como él mismo quisiera, y al final, hace sus tabloides de “lo que es conveniente decir” -ya sé que eso también suele ocurrir en los periódicos nacionales, pero me parece que los grados de libertad son algo mayores, aunque no siempre-.

Es realmente difícil que una comunicación empresarial suscite confianza, se ve sesgada, y, como casi siempre, el cliente tiene la razón, lo es. Hablar de comunicación en una empresa es hablar de esto y su sucedáneo más actual, la responsabilidad social corporativa, normalmente también impulsada por esos mismos gabinetes.

Lo cierto es que lo que necesita la empresa para ser innovadora y competitiva, para desarrollar sus potencialidades y para avanzar en el mercado y en la confianza de los clientes, no es que los integrantes de la empresa estén más o menos bien informados -lo cual, sin duda, es imprescindible-, sino que estén intercomunicados, que fluya la comunicación y la grupalidad en sus proyectos e intenciones, que se aprecie que lo que hace uno tiene que ver con lo que hace el otro, y que sean capaces de colaborar, no por la fuerza, sino por la razón.

Y este último aspecto casi siempre se deja marginalmente en manos de Recursos Humanos, que a su vez, lo margina en su propia organización interna. Pocas son las direcciones de recursos humanos que promueven preferentemente intercomunicación, colaboración y tienen programas ad hoc de comunicación para conseguir que el espacio cultural se vaya transformando hacia maneras más cooperativas. Conozco algunas, pero son excepciones. Además, probablmente, si existieran en muchos casos tardarían poco en cambiar a sus dirigentes.

Y ahí está la clave, como decía la salsita: “me dieron la clave …. y no la del son ……”, pues ahí está la clave de las prisas excesivas y los corre-corres en nuestras organizaciones, de las jornadas dilatadas tendiendo a productividad cero o negativa, de las acciones supermán para sacar la organización de los problemas con los que continuamente se enfrenta, de la huida hacia adelante, como algo característico, en fin …. tantas cosas dependen de la calidad de la comunicación. Sólo hay que saber un poco de desarrollo organizacional, pero no suele ser una asignatura suficientemente técnica para ser estudiada por los managers o sus alevines. Este es el reto. Y la comunicación tiene que ver, sobre todo, con saber escuchar, aprender a escuchar, escuchar; saber pensar, aprender a pensar, pensar; saber respetar, aprender a respetar, respetar …. y asi.

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