Hay algunas, sobre todo procedentes del sector público privatizado, que los integrantes de la misma suelen temer la llegada de las vacaciones, sobre todo las de verano, porque normalmente es cuando se fraguan, quizás al rumor y estímulo del calorcito, los cambios de organigrama …. esos que luego tendrán que acomodar a todo el mundo otra vez durante meses y a la organización la tendrán “tiesa” también durante meses.

He vivido más de uno, y alguno de mis hijos me cuentan las preocupaciones que todavía suscitan este tipo de cambios en las organizaciones. Se dice: cambiar todo para no cambiar nada …. y en eso consiste, cambiar los perros, pero dejar los collares, total que todo casi queda igual al menos en términos de rentabilidad corporativa -bueno, eso no es cierto, porque toda regresión suele producir estancamiento de la productividad por incertidumbre y por tanto, la rentabilidad se resiente. Entonces, y vistas las circunstancias, los nuevos perros tienen que “forzar la máquina”, presionar más no sólo para hacerse acreedores del ascenso, sino también para “recuperar el tiempo perdido”.

En eso suelen consistir los cambios, res de res, como dicen por los paises catalanes. Por eso hace tiempo que he llegado a la seguridad de que es mejor ser reformista, porque promoviendo la reforma dentro del paradigma, hay un momento en que el paradigma no resiste, y como dice muy bien Kuhn “damos el salto”, rompemos el paradigma, pero para ello no hemos ido por la línea recta del cambio, sino por la línea sinuosa y sin duda más gallega, de las retortas y las curvas más pronunciadas, las idas y venidas, que encuentran el mejor camino para llegar a entregar la antorcha al siguiente.

Bueno, pues todo eso, lo escribí y lo coloqué en un blog que estoy construyendo en http://parmenides.ictnet.es/ y ahora lo retomo y pienso algo más sobre él …. y aquí queda. Veamos lo que he aportaba:

Las culturas nos producen más de un automatismo, tanto que muchas veces pensamos que lo que pensamos es “lo natural”, como si no hubiera otras formas de plantear la vida o las cosas.

Y uno de nuestros tics más acentuados, quizás por la desidia de la que hablaba ese olvidado que es Lucas Mallada, y que yo no me olvido de señalar, uno de esos tics es lo que cambiarlo todo.

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Yo tengo la hipótesis de que queremos cambiarlo todo, porque hemos estado durmiendo en los laureles y creyendo que hacíamos las cosas bien, sin hacerlas, durante mucho tiempo, y cuando el rio nos ha rebasado y ya no podemos llegar a la corriente, y no queda casi más remedio, entonces, en vez de mejorar dia a día, no nos queda más remedio de “cambiar”, y claro, el cambio produce resistencias, produce callos, produce enfados, produce también oportunidades para los que saben ubicarse y apoyarlo, en fin, revuelve todo, y no cambia nada.

Porque si no hemos trabajado el tema científica, concienzuda, sistemática y continuamente, seguro que cuando queramos cambiar ni siquiera sabemos como hacerlo, porque hasta el cambio exige disciplina, seriedad, continuidad, trabajo continuo y otras muchas cosas ….. porque al “sorprendernos” todavía es más difícil de digerir.

Aquí quiero llamar la atención una vez más con la “manía” -porque es un tic o una manía cultural, digamos más acentuado en el mundo latino- de plantear cambios, en lugar de practicar una política de mejora continua y de perfeccionamiento y prueba y error. Por eso pienso, que quizás pocas personas han podido percibir la importancia de esa expresión que contiene el artículo: cambiar, no, ….. innovar, si ….. y que es central, porque los tics y las manías culturales se pueden mejorar si uno al menos es consciente de los defectos y de las desviaciones y problemas que originan, pero si no quiere saber que son tics o manías …… malo, y nunca se corregirán.

Espero que los que lean esto, puedan corroborar/debatir no sólo la manía de cambiar y cambiar, en vez de innovar e innovar; y que también es un tic cultural que se puede superar. Bueno, todo se puede superar, menos ya saben ….. Y todo se puede aprender …. claro, lo que sea aprehendible, porque los dogmas sólo se pueden aceptar o rechazar, y como decía Buda si es cierto que el sufrimiento es algo que siempre se presenta y es preciso abordarlo, lo primero es conocer sus causas, y después de estudiarlas buscar las terapias adecuadas, y una vez encontrados los antídotos, lo más importante es aprender, para estar prevenidos ante nuevos sufrimientos, que vendrán, seguro, vendrán, no se preocupen, que en eso nunca nos faltan.

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2 comentarios en «No, por favor, cambios, no»

  1. Este es un artículo para reflexionar… He escrito algunos artículos sobre el cambio en mi propio blog, y sigo buscando información, ideas, hipotesis, porque me parece que hay mucho que decir, pero al llegar a este artículo debo reconocer que a veces queremos cambiarlo todo en lugar de mejorarlo. Estoy de acuerdo con que ha llegado a ser una manía eso de plantear cambios. Sin embargo, creo que el verdadero problema no está en plantear cambios en lugar de una política de mejora continua; en mi simple opinión, creo que el problema real estriba en la inconsciencia. Creo, y es solo mi opinión, que si somos conscientes de las causas de los problemas que enfrentamos, y estudiamos dichas causas y sus posibles soluciones, entonces llegaremos a decidir qué conviene más: si cambiar algo de tajo, o mejorar lo ya existente. Creo que ambas realidades pueden coexistir, si se trabaja más pensando en cómo mejorar, en lugar de centrarnos en lo que hay que quitar (cambiar). De hecho, esa mejora continua nos indicará qué debe dejar de hacerse, qué hay que comenzar a hacer, cómo podemos mejorar y en qué dirección… y cuándo hacer cada cosa. Hasta pronto. Sinceramente me ha refrescado la perspectiva.

  2. Estoy de acuerdo con lo que aportas y añadiría que tenemos que: a) analizar continuamente donde estamos, porque saber en sí mismo es empezar a cambiar; y b) saber leer el río que nos lleva, el río de la vida, y saber dialogar con él. No se trata de forzar, sino de saber acompañar o ser acompañado.

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