Tercero, un directivo tiene un objetivo que es la rentabilidad y supervivencia de su empresa, pero sabe que eso no lo puede conseguir a cuenta de los clientes, ni tampoco explotando a sus empleados

Es evidente que no se trata de una guerra, sino de un intercambio enriquecedor y complejo, intercambio que hace posible que la empresa haga efectivos sus complejos procesos productivos, y que reciba una cantidad a cambio de ese esfuerzo; y por otra parte que consiga que los trabajadores lo hagan lo mejor posible y a cambio, les retribuya adecuadamente su esfuerzo. Todos los movimientos hacia un desequilibrio en ambos frentes, significan un exceso de presión por una de las partes -normalmente la empresa y la dirección de la misma- que “obligan” -por falta de alternativas- a clientes y a empleados a adaptarse a las condiciones impuestas por la empresa. Una posición así es incoherente y desequilibrante a medio y largo plazo para los intereses de la propia empresa, que encontrará resistencias y dificultades cada vez mayores porque los clientes “aprenderán” su lenguaje y cuando encuentren una oportunidad se irán a la competencia; y los empleados se “resistirán pasivamente”, no sintiéndose identificados con la propia empresa y dejándose llevar, al pairo, sin esforzarse en conseguir algo mejor para su organización.

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La empresa y la dirección de la misma tienen la obligación de desarrollar el ambiente adecuado para que el grupo y el equipo de trabajo fluya y esté motivado , porque consiguiendo gente motivada hacia objetivos y horizontes es posible llegar a ellos. Y con personas distantes o enfadadas o regresivas sólo conseguimos disgustos para nosotros o para ellos. (Dijo el Maestro: “El hombre superior ayuda a otros a desarrollar lo mejor de sí mismos y no lo peor. El hombre vulgar hace lo contrario”. El Maestro es Confucio, nuevamente)

Y para conseguirlo ha de prepararse intensamente en dirigir personas, aunque sólo sea porque ya hace tiempo Porter centró el tema y confirió a la organización de las personas la posibilidad real y casi única de que una empresa obtenga ventaja competitiva.

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