La innovación se produce, el cambio ocurre. En términos generales, creo que es una hipótesis adecuada. La innovación precisa de nuestro esfuerzo, de constancia, de vigor, de energía. El cambio casi siempre nos sorprende. Es cierto, que siguiendo a Kuhn, el cambio de paradigma sería en gran medida una consecuencia de “rondar” alrededor del paradigma superado, mediante aproximaciones sucesivas, por medio de pruebas y errores constantes, pero el cambio, finalmente, nos acaba sorprendiendo, y por eso se suele ver como algo a lo que se teme, en parte tenebroso, y sin duda, oponemos mucha resistencia a esa sorpresa. Sinceramente, para mí el cambio es un dato, sobre el que no puedo actuar más que a largo plazo, y que probablemente no se produzca cuando yo quiera, por tanto, me importa poco, porque no depende de mi voluntad, de mi energía, de mi conocimiento, o al menos, no decisivamente. Sin embargo, me interesa la innovación y el conocimiento, porque ellos al final son los que mueven las cosas, las fuerzas productivas les llamaba Marx.

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